
Tomar medicamentos parece algo cotidiano, pero hacerlo bien marca una diferencia real en la salud. No se trata solo de aliviar síntomas, sino de usar cada tratamiento de forma adecuada para obtener el mayor beneficio posible, con el menor riesgo.
Y aquí hay un dato clave: la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más del 50 % de los medicamentos se prescriben, dispensan o utilizan de forma inapropiada, y que hasta el 50 % de las personas no los toman correctamente. El resultado: fallas terapéuticas, eventos adversos y un uso ineficiente de los recursos en salud.

Incluso cuando un medicamento está bien formulado e indicado, puede generar efectos secundarios. Por eso, el seguimiento no es opcional: es parte del tratamiento.
A nivel global, los eventos adversos a medicamentos (EAM) representan entre el 5 % y el 10 % de las hospitalizaciones. Lo más relevante: una parte importante de estos eventos se puede prevenir. Es decir, hay margen real para hacerlo mejor.
El uso adecuado de medicamentos se sostiene en tres pilares fundamentales que permiten maximizar sus beneficios y reducir los riesgos:
Esto implica no solo una prescripción basada en evidencia, sino algo esencial: que cada persona entienda su tratamiento. Dosis, horarios, duración, posibles interacciones y señales de alerta, no deberían generar dudas.

Acceder fácilmente a medicamentos puede dar una falsa sensación de seguridad. Sin embargo, la automedicación sigue siendo uno de los principales factores de riesgo.
Se estima que entre el 30 % y el 80 % de la población ha recurrido a esta práctica, con una prevalencia global cercana al 60-70 %. Esto aumenta el riesgo de interacciones peligrosas, uso inadecuado y, en el caso de los antibióticos, contribuye al desarrollo de resistencias.
Cada organismo es distinto. Por eso, los medicamentos pueden actuar de manera diferente según la edad, las condiciones de salud o la combinación con otros fármacos.
En personas mayores, por ejemplo, el riesgo de eventos adversos aumenta debido a la polifarmacia y a la complejidad de los tratamientos. Aquí, el seguimiento y el ajuste son fundamentales.
Un uso más seguro no depende de una sola acción, sino de varias prácticas que se refuerzan entre sí:

La OMS insiste en un enfoque claro: avanzar hacia un uso racional de medicamentos, donde cada decisión priorice la eficacia sin incrementar el riesgo innecesario.
La buena noticia es que esto sí se puede lograr. Requiere fortalecer la información, la comunicación y el seguimiento, pero, sobre todo, entender que el uso seguro de medicamentos es una responsabilidad compartida.
Porque, al final, usar bien un medicamento no solo trata una enfermedad: protege la salud en el camino.