
Dormir no es solo cerrar los ojos, es seguir el ritmo natural del cuerpo.
Cuando ese ritmo se rompe por pantallas, horarios o hábitos el descanso deja de ser reparador. Y ahí aparecen el cansancio, la irritabilidad y la falta de concentración.
El cuerpo sabe cuándo activarse y cuándo descansar… pero no siempre lo dejamos hacerlo.
A veces no necesitas dormir más, necesitas sincronizarte mejor.