Primeros Pasos
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Crónica de la Concesión de Mares

Primeros Pasos

Última actualización 23 sept. 2014

 

Desde el día siguiente de la reversión el futuro de la bisoña empresa se tornaba escabroso e incierto y se convertía en un reto, para la capacidad técnica de los colombianos, enderezar la proa del vetusto navío hacia mejores destinos.
Aquella ilusión y expectativa con que se recibió la Concesión De Mares sirvió de chispa propulsora a los numerosos programas de abajo y de beneficio al personal que se acometieron con fervor y empeño desde los primeros años.

En El Centro se intensificaron las operaciones para tratar de mantener e incrementar la producción, pues su tendencia a declinar se acentuaba cada día. Se construyó una nueva carretera a Barrancabermeja y se canceló el servicio del ferrocarril. Hubo renovación de equipos deficientes en su estado mecánico y se prospectó el desarrollo de nuevos campos con resultados que se vinieron a apreciar años más tarde.
La Refinería, como ya se ha dicho, quedó en manos de la Internacional Petroleum Company amparada por un contrato de administración delegada. Allí se iniciaron apartir de 1952 los trabajos de ensanche y modernización bajo responsabilidad de la Foster Wheeler. Los 21 técnicos extranjeros que quedaron de la Tropical, prestaban su asesoría en la explotación de la Concesión De Mares, a en manos de la Empresa Colombiana.

La tubería del oleoducto a Cantimplora es restaurada y se prolonga la línea hasta Puerto Salgar para abastecer más fácilmente los mercados de Bogotá. Mediante Decreto 2039 de 1956 que modifica el 030 de 1951 se fijan estatutos a la Empresa que le permiten funcionar como entidad oficial autónoma en el manejo de los bienes a ella confiados. En El Centro se construyen nuevas plantas eléctrica y de gas y nuevas oficinas de concreto para reemplazar el viejo edificio de madera que destruyó el fuego en 1957. Se inaugura un edificio de doce pisos para las dependencies centrales de Bogotá, que se hace acreedor a un premio nacional de arquitectura. Se levantan los barrios de El Parnaso en Barranca y Pueblo Regao en El Centro para familias de trabajadores; mejoran los sistemas asistenciales, educación y transporte y con ellos las condiciones de vida, recreación y trabajo. En fin, la empresa crece paso a paso venciendo los desafios y la incertidumbre y fortaleciendo la confianza y las aspiraciones que tanto el país como sus trabajadores van depositando en ella.

Así, con el paso de los años, el descubrimiento de nuevos y ricos yacimientos de petróleo, la reversión y adquisición de otros campos y el ensanche de las instalaciones refinadoras van consolidando la organización de una gran empresa nacional, abriendo mejores posibilidades al desarrollo del país y reafirmando la capacidad de los colombianos para administrar sus propios recursos.

Al igual que en la imaginación griega, Colombia tiene en su Empresa Colombiana de Petróleos su vellocino de oro, más deslumbrador que el conquistado por el mitológico Jasón, pues al igual que él, pudo el país capturarlo y atesorarlo porque el dragón del escepticismo que la protegía ya dejó de serlo.


El Centro, agosto de 1986.





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