Primeros Escareos
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Crónica de la Concesión de Mares

Primeros Escareos

Última actualización 23 sept. 2014

 


En el Diario Oficial del 7 de marzo de 1906 (número 12589) apareció publicado el contrato de concesión para la explotación de petróleos (que figura al final de este libro) celebrado entre el Gobierno del general Rafael Reyes y don Roberto De Mares el 28 de noviembre de 1905 y aprobado por el Consejo de Ministros dos días después. Un mes atrás, el general Virgilio Barco había obtenido del Gobierno igual privilegio para explotar la zona petrolífera del Catatumbo.

Con gran sentido comercial don Roberto De Mares trató de buscar la financiación suficiente para poner en marcha lo estipulado en dicho convenio y bajo el visto bueno oficial, con escritura pública No 285 del 2 de mayo de 1906 de la Notaría del Circuito de Cartagena, cedió buena parte de sus derechos a Justo M. De la Espriella y Compañía, residentes en dicha ciudad con quienes se asoció y continuó luego representando.

En el Contrato de Concesión se fijaba un plazo de dieciocho meses para comenzar los trabajos, que se cumplía el 6 de junio de 1907. A solicitud de De Mares el Ministerio de Obras Públicas concedió varias prórrogas pero no habiéndose iniciado las labores de explotación al término de las mismas, el Ministerio procedió a declarar su caducidad por resolución del 22 de octubre de 1909.

Sin cejar en sus propósitos Roberto De Mares solicitó durante tres ocasiones la revocatoria de la resolución de caducidad aduciendo y allegando pruebas de sus razones de fuerza mayor y caso fortuito para demostrar la imposibilidad de iniciar las operaciones acordadas.

El Ministerio acreditó las causas alegadas por De Mares y dictó, hacia el 17 de mayo de 1915 una nueva resolución para declarar infundada la del 22 de octubre de 1909. Así mismo, fijó el plazo de 12 meses, y no de 18, a partir del 25 de junio del mismo año, para dar comienzo a los trabajos de explotación. 

 

La perseverancia de don Roberto De Mares no cesó en ningún instante y después de varios viajes a los Estados Unidos logró interesar a los capitalistas americanos dedicados por ese entonces a la industria del petróleo, quienes le ofrecieron financiar la empresa. Entre ellos se contaba Michael L. Benedum, presidente de Benedum Trees Bil Company y Joe C. Trees, presidente de Penn Mex Fuel Co.
De cómo se estableció el contacto entre De Mares y los capitalistas americanos que se aprestaban a financiera la explotación, da cuenta el mismo señor Benedum en el siguiente relato que apareció publicado en la edición del Petroleum Engineer de febrero de 1958: 

He aqui cómo se realizó la aventura colombiana: acababamos de tener un buen éxito en el campo mexicano de Tuxpam, vendidas nuestras acciones y nos hallábamos más o menos libres de problemas inmediatos, cuando uno de los asociados en los trabajos mexicanos, John Leonard, nos puso en movimiento de nuevo. John se hallaba tomando unas vacaciones, navegando por las costas de Suramérica. El petróleo era la idea más remota que pudiera cruzar su mente, y fue por extraña coincidencia que se encontró con un geólogo amigo a bordo del navío. Un tercer pasajero inadvertido, de nombre Roberto De Mares, escuchaba su conversación sobre petróleo, y decidió tomar parte. De Mares explicó que tenía una concesión petrolera del gobierno colombiano de unos tres millones de acres.

Tal conversación entusiasmó a John Leonard. El y su geólogo amigo acompañaron a De Mares a las selvas colombianas para investigar la concesión, que se llamaba Infantas. Una vez allí, John se entusiasmó aún más: la tierra olía a petróleo, que resumía por todas partes.





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