Prólogo1
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Crónica de la Concesión de Mares

Prólogo1

Última actualización 23 sept. 2014

PRÓLOGO

Barrancabermeja, la capital petrolera de Colombia, a pesar de ser una ciudad tan nueva en la creación administrativa, se pierde en los comienzos del descubrimiento y la conquista de nuestro país.

Su devenir histórico se inicia con el arribo del Caballero de El Dorado, el licenciado y justicia mayor capitán don Gonzalo Jiménez De Quesada cuando acampó a su vera en 1536 y quedó su nombre estampado entre los descubridores. Por Latora de Barrancas pasaron las huestes españolas en busca del Templo del Sol enchapado en láminas de oro.

Mi ilustre colega el historiador socorrano doctor Horacio Rodriguez Plata en su libro La Inmigración Alemana al Estado Soberano de Santander en el Siglo XIX, trae una cita de don Gonzalo FernAndez de Oviedo y Valdés, de su Historia General V Natural de las Indias, Islas y Tierra Firme del Mar Océano, que dice: Dos de los compañieros de Quesada testificaron que una jornada delante del pueblo de Latora hay una fuente de betún que es un pozo y que hierve y corre fuera de la tierra, y esta entrando por la montaña, al pie de la sierra, y es grande cantidad y espeso licor. Y los indios tráenlo a sus casas y úntanse con ese betún porque le hallan bueno para quitar el cansancio y fortalecer las piernas: y de ese licor negro y de olor de pez y peor, sírvense de ello los cristianos para brear sus bergantines.

Posteriormente uno de los grandes precursores de nuestra independencia, el gallardo y un tanto enamorado don Pedro Fermín de Vargas, natural de Cepitá, advirtió la importancia y la necesidad de la explotación comercial de esta brea o chapote, para preservar los barcos de la broma.

Después, el consagrado en La Otra Raya del Tigre, Geo Von Lengerke, envíó a Berlín, Alemania, las primeras muestras de petróleo y de asfalto obtenidas en el sitio de Infantas.

Luego don José Joaquin Bohórquez, empleado en los caminos que construyó Lengerke, de Zapatoca a Puerto Santander, descubrió los yacimientos de Barrancabermeja, que se los apropió el señor De Mares y fueron el inicio de nuestra gran Empresa Colombiana de Petróleos, Ecopetrol.

Por Barranca salieron las quinas de Manuel Cortissoz y de Lengerke, el mismo que en 1878 no encontraba ni a peso de oro jornaleros ni arrieros que quisieran trabajar ni conducir arrias por aquel camino, de Bucaramanga a Puerto Santander, por temor a ser sacrificados por las flechas de los salvajes, descendientes del cacique Pipatón.

Barrancabermeja y su puerto son sitios que asientan a cuantos hasta ellos llegan. De diversos lugares de nuestra geografia y del exterior confluye gente como si allí estuviera la tierra prometida. El forastero se vuelve barranqueño, enamorado cual más de su río, de su calor, de sus ocres, de sus ciénagas y de sus leyendas ...

Hasta Barrancabermeja llegó en 1977 un joven profesional de la psicología, nacido en Convención, Norte de Santander, en 1947, a prestar sus servicios al Distrito de El Centro. Instalado como funcionario de la Empresa Colombiana de Petróleos, Ecopetrol, en el Departamento de Relaciones Industriales, al margen de sus ocupaciones habituales y dentro de esa ya tradicional atracción del terrufio, decidió acometer dos iniciativas, una personal y otra de equipo, para expresar en esta forma su querencia por Barranca.

Un buen día, después de una alegre tertulia en casa de Gerardo Beltrán, el gerente, y al amparo y efervescencia de unos Superiores, el psicólogo Miguel Angel Santiago Reyes expuso la idea de crear el Museo Nacional del Petróleo que recibió de inmediato su apoyo.

Esto que a los ojos de algunos pareció utópico, es en la actualidad una patriótica realización. Para ello integró Miguel Angel Santiago un equipo conformado por el ingeniero electricista Samuel Schneider, subgerente administrativo de El Centro; Samuel Galls, ingeniero electricista; Hernando Solano, ingeniero industrial; Martin Amaris, ingeniero civil; Fernando Becerra, ingeniero de petróleos y Gilberto Prada, ingeniero mecánico.

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PRÓLOGO

Barrancabermeja, la capital petrolera de Colombia, a pesar de ser una ciudad tan nueva en la creación administrativa, se pierde en los comienzos del descubrimiento y la conquista de nuestro país.

Su devenir histórico se inicia con el arribo del Caballero de El Dorado, el licenciado y justicia mayor capitán don Gonzalo Jiménez De Quesada cuando acampó a su vera en 1536 y quedó su nombre estampado entre los descubridores. Por Latora de Barrancas pasaron las huestes españolas en busca del Templo del Sol enchapado en láminas de oro.

Mi ilustre colega el historiador socorrano doctor Horacio Rodriguez Plata en su libro La Inmigración Alemana al Estado Soberano de Santander en el Siglo XIX, trae una cita de don Gonzalo FernAndez de Oviedo y Valdés, de su Historia General V Natural de las Indias, Islas y Tierra Firme del Mar Océano, que dice: Dos de los compañieros de Quesada testificaron que una jornada delante del pueblo de Latora hay una fuente de betún que es un pozo y que hierve y corre fuera de la tierra, y esta entrando por la montaña, al pie de la sierra, y es grande cantidad y espeso licor. Y los indios tráenlo a sus casas y úntanse con ese betún porque le hallan bueno para quitar el cansancio y fortalecer las piernas: y de ese licor negro y de olor de pez y peor, sírvense de ello los cristianos para brear sus bergantines.

Posteriormente uno de los grandes precursores de nuestra independencia, el gallardo y un tanto enamorado don Pedro Fermín de Vargas, natural de Cepitá, advirtió la importancia y la necesidad de la explotación comercial de esta brea o chapote, para preservar los barcos de la broma.

Después, el consagrado en La Otra Raya del Tigre, Geo Von Lengerke, envíó a Berlín, Alemania, las primeras muestras de petróleo y de asfalto obtenidas en el sitio de Infantas.

Luego don José Joaquin Bohórquez, empleado en los caminos que construyó Lengerke, de Zapatoca a Puerto Santander, descubrió los yacimientos de Barrancabermeja, que se los apropió el señor De Mares y fueron el inicio de nuestra gran Empresa Colombiana de Petróleos, Ecopetrol.

Por Barranca salieron las quinas de Manuel Cortissoz y de Lengerke, el mismo que en 1878 no encontraba ni a peso de oro jornaleros ni arrieros que quisieran trabajar ni conducir arrias por aquel camino, de Bucaramanga a Puerto Santander, por temor a ser sacrificados por las flechas de los salvajes, descendientes del cacique Pipatón.

Barrancabermeja y su puerto son sitios que asientan a cuantos hasta ellos llegan. De diversos lugares de nuestra geografia y del exterior confluye gente como si allí estuviera la tierra prometida. El forastero se vuelve barranqueño, enamorado cual más de su río, de su calor, de sus ocres, de sus ciénagas y de sus leyendas ...

Hasta Barrancabermeja llegó en 1977 un joven profesional de la psicología, nacido en Convención, Norte de Santander, en 1947, a prestar sus servicios al Distrito de El Centro. Instalado como funcionario de la Empresa Colombiana de Petróleos, Ecopetrol, en el Departamento de Relaciones Industriales, al margen de sus ocupaciones habituales y dentro de esa ya tradicional atracción del terrufio, decidió acometer dos iniciativas, una personal y otra de equipo, para expresar en esta forma su querencia por Barranca.

Un buen día, después de una alegre tertulia en casa de Gerardo Beltrán, el gerente, y al amparo y efervescencia de unos Superiores, el psicólogo Miguel Angel Santiago Reyes expuso la idea de crear el Museo Nacional del Petróleo que recibió de inmediato su apoyo.

Esto que a los ojos de algunos pareció utópico, es en la actualidad una patriótica realización. Para ello integró Miguel Angel Santiago un equipo conformado por el ingeniero electricista Samuel Schneider, subgerente administrativo de El Centro; Samuel Galls, ingeniero electricista; Hernando Solano, ingeniero industrial; Martin Amaris, ingeniero civil; Fernando Becerra, ingeniero de petróleos y Gilberto Prada, ingeniero mecánico.

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