¡Cójala Suave!
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¡Cójala Suave!

Por wpadmin, última actualización 18 sept. 2014

Día a día nos encontramos con personas que dedican la mayor parte de su tiempo al trabajo, viven agobiados  angustiados por buscar la perfección en el área laboral y con ello descuidan aspectos importantes de la vida como la familia y los amigos.

 
El estrés supone una reacción compleja a nivel biológico, psicológico y social. La mayor parte de los cambios biológicos que se producen en el organismo requieren de análisis médicos para determinar sus consecuencias; a nivel psicológico, aunque muchos síntomas producidos por el estrés pueden ser fácilmente identificados, la reacción más frecuente es la ansiedad.
 
El estrés laboral aparece cuando el trabajador comienza a experimentar vivencias negativas asociadas al trabajo, la mayoría de ellas generadas por la intensidad en las solicitudes laborales o por problemas de índole organizacional. La mayoría de estas situaciones tienen características comunes:
 
  • Se genera un cambio o una situación nueva.
  • No hay suficiente información de la situación que afrontamos.
  • Hay incertidumbre. No se puede predecir lo que va a ocurrir.
  • Existe ambigüedad: cuanto más ambigua sea la situación mayor poder estresante generará.
  • La inminencia del cambio puede generar todavía más estrés.
Del estrés a la enfermedad
 


Estar agobiado o estresado produce una serie de consecuencias y efectos negativos en nuestra salud. Aquí algunas de ellas:
 
  1. A nivel fisiológico: taquicardia, aumento de la presión arterial, sudoración, alteraciones del ritmo respiratorio, aumento de la tensión muscular, aumento de la glicemia en sangre, aumento del metabolismo basal, aumento del colesterol, inhibición del sistema inmunológico, sensación de nudo en la garganta, dilatación de pupilas, etc.
     
  2. A nivel del sistema cognitivo: sensación de preocupación, indecisión, bajo nivel de concentración, desorientación, mal humor, hipersensibilidad a la crítica, sentimientos de falta de control, etc.
     
  3. A nivel del sistema motor: hablar rápido, temblores, tartamudeo, voz entrecortada, imprecisión, explosiones emocionales, consumo de tabaco y alcohol, exceso de apetito o falta de apetito, conductas impulsivas, risas nerviosas, bostezos, etc.
Además, el estrés está asociado con trastornos respiratorios, cardiovasculares, imunológicos, endocrinos, dermatológicos, dolores crónicos y cefaleas continuas, trastornos sexuales y alteraciones de la libido, o incluso de tipo patológicos como: ansiedad, miedos, fobias, depresión, conductas adictivas, insomnio, alteraciones alimentarias, trastornos de la personalidad entre otras.
 
¿Qué hacer?
Para reducir el estrés los expertos recomiendan:
  • Coma bien: aliméntese de manera saludable y reserve el tiempo para comer.
     
  • Descanse: duerma lo suficiente (cerca de ocho horas), tome vacaciones, disfrute el tiempo de los fines de semana, fomente las relaciones sociales como alternativa al trabajo y deje el trabajo y las preocupaciones en la oficina.
     
  • Libere energía: la práctica moderada de algún deporte o actividad física ayuda a manejar el estrés; si lo prefiere puede hacer ejercicio al aire libre y así mejora la oxigenación y airea sus pensamientos.
     
  • Organícese: la organización del tiempo y de las actividades le permite descansar, evitar olvidos de compromisos importantes, o llegar tarde a las citas; priorizar le permite dedicar su atención a lo más importante.
     
  • Decida: la solución de los problemas y la toma de decisiones le permite liberarse de situaciones estresantes.
     
  • Reconozca lo bueno que hace: si hemos hecho bien una cosa, reconocer nuestra autoría y felicitarnos por ello, es fundamental para mejorar la autoestima.
     
  • Felicite a los demás: reforzar las conductas positivas de las personas de nuestro entorno, con aprobación, halagos, sonrisas o pequeños detalles, nos ayudan a sentirnos mejor.
     
  • Disfrute las cosas que le gustan: practicar la relajación con regularidad, leer un buen libro, aprender a decir no y practicar habilidades sociales (escuchar, iniciar una conversación, mantenerla,  formular preguntas, dar las gracias, presentarse, hacer un cumplido), ayudan a controlar el estrés y a recuperar el bienestar y la salud.