Movimientos Obreros
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Crónica de la Concesión de Mares

Movimientos Obreros

Por wpadmin, última actualización 23 sept. 2014

 

La historia de la Concesión De Mares no fue ajena al nacimiento y evolución de los movimientos de masas que en Barrancabermeja llegaron a tener tal resonancia que le dejaron a la ciudad reputación de revoltosa. Turbulenta aureola de la cual hasta nuestros días no ha podido resarcirse. 

En Colombia, los movimientos obreros comenzaron a tener su gestación en las organizaciones mutualistas de mediados del siglo XIX, que no eran más que heterogéneas agrupaciones de artesanos. Una de ellas, la Sociedad de Mutuo Auxilio de Bucaramanga, fue liquidada en 1890 porque el gobierno consideró que se había convertido en un club político. En 1906, por primera vez una organización gremial, el Sindicato de Tipógrafos de Bogotá, logra la personería jurídica en Colombia. Empieza así la admisión legal por el Estado de las organizaciones de masas, con base en los artículos 47 y 49 de la Constitución Nacional. Hasta 1930 el número de sindicatos reconocidos era de noventa y nueve. Un año más tarde, el Congreso expidió la Ley 83 que abrió paso a una serie de conquistas reales como las del reconocimiento a los sindicatos del derecho a ejercer su actividad y a firmar contratos colectivos. Posteriormente se reconoció el derecho a vacaciones remuneradas y a la jornada de trabajo de 8 horas.

Hacia 1935 el sindicalismo comenzó a sentir un franco apoyo del gobierno pues en ese sólo año se concedió personería a 84 sindicatos y se aumentó este número en 159 para 1937.

Muchas huelgas resultaron victoriosas y otras como la que realizaron los obreros de la Tropical en 1938, fue duramente controlada. En los congresos obreros se perfila un ambiente de unidad y de agrupación de las diversas corrientes bajo una dirección central. Nace así la Confederación de Trabajadores de Colombia, CTC, en octubre de 1935 bajo la presidencia de Luis A. Rozo.

 

El gobierno de López Pumarejo dictó en 1944 varios decretos por medio de los cuales se establece para los trabajadores y campesinos la remuneración del descanso dominical, el reconocimiento del auxilio de cesantía aún en los casos de mala conducta, el pago de indemnizaciones por accidentes de trabajo o de enfermedad profesional, algunas prestaciones para los trabajadores agrícolas y el fuero sindical, por medio del cual se establecía que ningún dirigente sindical podía ser despedido de su puesto sin la previa autorización del Ministerio del Trabajo. La Ley 6a. de 1945 recogió y rubricó estos avances de carácter laboral y social.

Bajo este marco referencial se dieron los diversos movimientos obreros que tuvieron por escenario a Barrancabermeja y que fueron moldeando la figura de una organización cuyo advenimiento quedó profundamente arraigada en las ideas y sentimientos de los obreros de la Tropical.

A los pocos años de iniciadas las operaciones en Infantas los trabajadores empezaron a quejarse y a denunciar el mal trato que recibían de los capataces colombianos y americanos y de las condiciones insalubres en las que les correspondía desarrollar su labor.

Estos reclamos encuentran eco y se convierten en bandera de las arengas y campañas proselitistas con que se agitaba la inconformidad en los trabajadores.

Las huelgas realizadas en octubre de 1924 y en enero de 1927 coincidían en las peticiones y en el tipo de organización y promoción dados desde fuera de la compañía. En ambas tuvo descollante intervención Raúl Eduardo Mahecha, un abogado socialista proveniente del Tolima que se radicó en Barranca en 1922 tomando como tribuna de sus actividades la plaza pública, los coloquios nocturnales y las páginas de Vanguardia Obrera que editaba en su propia imprenta.

Los obreros recorrían las calles de Barranca en actitud pacífica bajo la atenta mirada de la Policía y se concentraban, a escuchar sus dirigentes y corear sus reclamaciones en el parque Bolívar, el centro de mayor actividad de la población. Allí se escucharon sus aspiraciones de aumentos de jornales, reducción de horas de trabajo, retiro de los empleados que daban mal trato a los obreros, mejoramiento de la alimentación y campamentos, eficaz hospitalización, techado de los carros del ferrocarril y la cancelación de represalias por el paro. En la segunda huelga se exigía además que se permitiera a un miembro del sindicato visitar los campos y talleres para oir los reclamos de los trabajadores.

En el desarrollo de estos movimientos ejerció especial influencia toda la ideología que ante disímiles auditorios promulgaban fogosamente María Cano e Ignacio Torres Giraldo a lo largo y ancho del país. Con la llegada a Barranca de aquella mujer menudita y ágil, en la antesala de la segunda huelga, se despertó un general entusiasmo en la ciudad y en los campamentos obreros y todos, como hechizados, concentraron su atención en su combativa arenga.   

María de los Angeles Cano, proclamada por un congreso obrero como la Flor del Trabajo en Colombia, había nacido en Medellín el 12 de agosto de 1887 y recibido una preparación secundaria en el colegio de su padre, don Rodolfo Cano. Era prima de los Cano, los de El Espectador. Cuatro días después de partir María Cano de Barranca, estalló la segunda huelga que movilizó los 4.500 trabajadores de la Troco y Andian.

Hubo concentración de fuerzas militares movilizadas desde Medellín y un infortunado enfrentamiento entre huelguistas y Policía, en el parque Bolívar, dejó como saldo un muerto y varios heridos, que obligó a las autoridades a decretar el estado de sitio.

Cuando la huelga terminó, sin arreglos de ninguna clase, pues la compañía había aumentado los salarios y reducido la jornada de trabajo, antes de que la huelga comenzara, Barranca mostraba un aspecto desolador y el número de obreros se había disminuído notablemente, al abandonar sus puestos de trabajo. La compañía desplazó enganchadores a diversos sitios para contratar el personal que requería en sus operaciones.

Mahecha, el bronceado dirigente y promotor de estas primeras dos huelgas, sin que fuera empleado de la Tropical, estuvo preso en Medellín por 18 meses después de la primera y desapareció de Barranca tras culminar la huelga de 1927. Un año después, en noviembre de 1928 lo vemos figurar en la tristemente recordada huelga de las plantaciones bananeras de la United Fruit Company en el Magdalena, de donde huyó más tarde a Panamá y México.

Bajo el amparo de la Ley 83 de 1931 se crea, en 1934, la Unión Sindical Obrera que obtiene personería jurídica del Gobierno, llegando a prosperar rápidamente en número de afiliados.