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Carta Petrolera
EDICIÓN 118
febrero de 2008


En los dos primeros años del
proyecto se han invertido más
de 260 millones de dólares.

 

Otro ejemplo de relaciones con la comunidad

LA ALDEA GLOBAL

La reactivación de la producción en el campo de La Cira-Infantas convirtió de nuevo al corregimiento de El Centro, cerca de Barrancabermeja, en polo de desarrollo del Magdalena Medio.


Por Erika Contreras

Las comidas rápidas, célebres en las grandes ciudades por el agite propio de las metrópolis, ahora hacen su agosto en el campo. Basta con dar un paseo por Pinchote (que es, guardando las proporciones, un centro comercial para el corregimiento el Centro) para evidenciar el apogeo de las comidas hechas en cinco minutos.

Sin embargo, este no es el único sector que demuestra un inusitado crecimiento. Almacenes de ropa y calzado, micromercados, y un buen número de contratistas especializados en bienes y servicios, hacen parte de la oferta que se incrementa cada día, como una demostración del impulso económico que ha dado el desarrollo del proyecto La Cira-Infantas.

Rafael Enoc Ospino, superintendente de este campo petrolero, lo confirma con cifras. “En 2006 se generaron 1.234 nuevas ocupaciones y en 2007 otras 1.394, así como un promedio de 2 mil millones de pesos en contratos de bienes y servicios, sólo en el corregimiento. Adicionalmente, durante la vida del proyecto se han suscrito 30 contratos que suman 3 mil millones de pesos y se han generado 350 empleos
en el programa Producción Limpia, que consiste en adecuar los pozos existentes en el campo a los estándares de orden y aseo de la empresa”, asegura Ospino.

El proyecto La Cira-Infantas tuvo su nacimiento en septiembre de 2005, cuando Ecopetrol y Occidental Andina firmaron un contrato de colaboración empresarial con la idea de recuperar 150 millones de barriles de reservas adicionales, para ayudar a frenar la caída de la producción de petróleo en el país y extender la fecha de la pérdida de la autosuficiencia petrolera.

Sin embargo, los inicios del campo datan de 1918, cuando se conocieron los primeros frutos de los pozos Infantas I y II. Ocho años después el campo La Cira fortaleció la fiebre del oro negro. En los años 40, época dorada del campo, la producción alcanzó los 60 mil barriles por día. Pero la dicha no fue eterna y con el paso del tiempo comenzó a declinar.

Tanto que en 2005 su actividad llegó a 5 mil 500 barriles diarios. Hoy, el campo produce 11.400 barriles por día, casi 6 mil más que dos años atrás y tiene como meta a diciembre de 2007, alcanzar los 14 mil diarios. Esta cifra que hace algunos años era improbable, hoy es una realidad gracias a la implementación de nuevas tecnologías, desarrolladas a partir del proyecto la Cira-Infantas.

En las tres fases del proyecto se han perforado 57 pozos y se han realizado 174 trabajos de work over; para el año entrante se espera perforar 144 pozos y ejecutar 288 work over. Una actividad sin precedentes en el campo y que ratifica la importancia del mismo en la economía regional y, a futuro, en la del país, “pues la meta es producir, en el punto más alto, el 10% del petróleo en Colombia”, sostiene Ospino.

De acuerdo con lo planeado, Ecopetrol asumió la operación directa del campo y Occidental la inversión de 80 millones de dólares en las tres primeras fases. Sin embargo, como el proyecto ya superó exitosamente las dos primeras fases y avanza en la tercera, es decir, las empresas ya se unieron hasta el final productivo del campo, las inversiones ahora provienen de ambos socios. A la fecha se han invertido más de 260 millones de dólares. El proyecto ha demostrado ser un acierto y el panorama a futuro es cada día más alentador. Por eso cobra tanta importancia la relación con las comunidades aledañas.


El campo que le dio vida a Ecopetrol, en agosto de 1951, hoy ofrece
gran potencial petrolero.

Actualmente 49 familias han sido reasentadas, en un esfuerzo del proyecto por impactar la menor cantidad de casas posibles. Para ello se utilizan técnicas de perforación direccionada, que, pese a ser de mayor costo, favorecen la convivencia de la comunidad y la actividad petrolera.

De igual manera, desde el inicio del mismo se han realizado más de 600 acuerdos para indemnizar afectaciones o comprar parte de algunos terrenos, que en ningún caso compromete las viviendas de los núcleos familiares.

Por su parte, la experiencia con los reasentamientos ha sido exitosa, especialmente para los beneficiados. Casos como el de doña María Calixta Mateus, quien ahora vive en Barrancabermeja en una casa grande y dotada de muebles nuevos, producto de los recursos que recibió por su reasentamiento, llenan de orgullo al equipo de trabajo del proyecto La Cira-Infantas.

Según su hija, Flor María Mateus, la otrora dueña de una modesta y casi desvencijada casa rural, ahora tiene dos propiedades. Las dos son el resultado de la venta de su antigua morada incluyendo sus tierras aledañas.

“Con la asesoría del proyecto compramos dos casas. En la más grande vive mi mamá y en la parte de atrás le construimos un pequeño apartamento independiente con cocina, sala, baño, patio y dos cuartos. La segunda casa la dividimos en dos completamente independientes”, cuenta.

Ahora doña María Calixta, una mujer de 70 años, tiene su sustento económico
en el arriendo de los tres apartamentos que adaptó. “Ella está feliz y nosotros también, pues ahora todos estamos más cerca. En la nueva casa ella está más central, puede ir con más facilidad al médico, a la plaza de mercado y puede moverse mejor, antes estaba muy retirada”, concluye Flor María.

Este ejemplo se repite con diferentes características en las otras 48 familias reasentadas. Las personas reciben por cuenta del proyecto asesoría jurídica, económica, social y psicológica, para facilitar su proceso de adaptación a un nuevo entorno y para enseñarles a administrar bien los nuevos recursos. Es así como todos los beneficiarios, incluso los que anteriormente no eran dueños legales de sus viviendas, ahora tienen casa propia y, algunos, hasta su negocio.

Pero el compromiso social de La Cira-Infantas no termina allí. Desde el inicio del proyecto petrolero se han adelantado diferentes acciones encaminadas a incentivar el desarrollo del corregimiento el Centro. Programas de alfabetización, establecimiento de proyectos productivos, capacitaciones en actividades distintas a la industria del petróleo, mejoramiento de la infraestructura vial y recreativa, brigadas de salud por veredas, jornadas lúdicas y culturales, así como un sinnúmero de campañas de sensibilización, hacen parte de la propuesta social que en 2006 implicó la inversión de 10.800 millones de pesos y en lo que va del 2007 cerca de 9.400 millones de pesos.

Los programas de gestión social, el fortalecimiento a la mano de obra local y las acciones adelantadas para el desarrollo de los proveedores del corregimiento y de su ciudad, Barrancabermeja, evidencian que algo bueno está pasando por el Centro.

“No se puede negar que el proyecto ha impulsado los negocios del Centro, porque las ventas se han mejorado. La gente tiene con qué comprar, especialmente los trabajadores de empresas contratistas que han reactivado el comercio del corregimiento”, asegura Johanna Gómez, una de las comerciantes que laboran en Pinchote, la zona mercantil del corregimiento.

Los habitantes del Centro todavía recuerdan con nostalgia la época del ferrocarril. Ahora el paisaje luce distinto. En el entorno se observan locales para navegar en internet, droguerías, misceláneas, almacenes de ropa y calzado, micromercados y muchos otros de comidas rápidas. La globalización llegó a El Centro para quedarse.

   
   
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