
En los dos primeros
años del
proyecto
se han invertido más
de 260 millones
de dólares.
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Otro ejemplo de relaciones con la comunidad
LA ALDEA GLOBAL
La reactivación de la producción en el campo de
La Cira-Infantas convirtió de nuevo al corregimiento
de El Centro, cerca de Barrancabermeja, en polo
de desarrollo del Magdalena Medio.
Por Erika Contreras
Las comidas rápidas, célebres
en las grandes ciudades por
el agite propio de las metrópolis,
ahora hacen su agosto
en el campo. Basta con dar
un paseo por Pinchote (que
es, guardando las proporciones, un centro
comercial para el corregimiento el
Centro) para evidenciar el apogeo de las
comidas hechas en cinco minutos.
Sin embargo, este no es el único sector
que demuestra un inusitado crecimiento.
Almacenes de ropa y calzado,
micromercados, y un buen número de
contratistas especializados en bienes y
servicios, hacen parte de la oferta que
se incrementa cada día, como una demostración
del impulso económico que
ha dado el desarrollo del proyecto La
Cira-Infantas.
Rafael Enoc Ospino, superintendente
de este campo petrolero, lo confirma con
cifras. “En 2006 se generaron 1.234 nuevas
ocupaciones y en 2007 otras 1.394, así como un promedio de 2 mil millones de
pesos en contratos de bienes y servicios,
sólo en el corregimiento. Adicionalmente,
durante la vida del proyecto se han suscrito
30 contratos que suman 3 mil millones
de pesos y se han generado 350 empleos en el programa Producción Limpia, que
consiste en adecuar los pozos existentes
en el campo a los estándares de orden y
aseo de la empresa”, asegura Ospino.
El proyecto La Cira-Infantas tuvo su nacimiento
en septiembre de 2005, cuando
Ecopetrol y Occidental Andina firmaron
un contrato de colaboración empresarial
con la idea de recuperar 150 millones de
barriles de reservas adicionales, para ayudar
a frenar la caída de la producción de
petróleo en el país y extender la fecha de la
pérdida de la autosuficiencia petrolera.
Sin embargo, los inicios del campo
datan de 1918, cuando se conocieron los
primeros frutos de los pozos Infantas I y
II. Ocho años después el campo La Cira
fortaleció la fiebre del oro negro.
En los años 40, época dorada del campo,
la producción alcanzó los 60 mil barriles
por día. Pero la dicha no fue eterna
y con el paso del tiempo comenzó a declinar.
Tanto que en 2005 su actividad llegó a 5 mil 500 barriles diarios.
Hoy, el campo produce 11.400 barriles
por día, casi 6 mil más que dos años
atrás y tiene como meta a diciembre de
2007, alcanzar los 14 mil diarios. Esta
cifra que hace algunos años era improbable,
hoy es una realidad gracias a la
implementación de nuevas tecnologías,
desarrolladas a partir del proyecto la
Cira-Infantas.
En las tres fases del proyecto se han
perforado 57 pozos y se han realizado
174 trabajos de work over; para el año
entrante se espera perforar 144 pozos
y ejecutar 288 work over. Una actividad
sin precedentes en el campo y que
ratifica la importancia del mismo en la
economía regional y, a futuro, en la del
país, “pues la meta es producir, en el
punto más alto, el 10% del petróleo en
Colombia”, sostiene Ospino.
De acuerdo con lo planeado, Ecopetrol
asumió la operación directa del campo
y Occidental la inversión de 80 millones
de dólares en las tres primeras fases. Sin
embargo, como el proyecto ya superó exitosamente
las dos primeras fases y avanza
en la tercera, es decir, las empresas ya
se unieron hasta el final productivo del
campo, las inversiones ahora provienen
de ambos socios. A la fecha se han invertido
más de 260 millones de dólares.
El proyecto ha demostrado ser un
acierto y el panorama a futuro es cada
día más alentador. Por eso cobra tanta
importancia la relación con las comunidades
aledañas.

El campo que le dio vida a Ecopetrol, en agosto de 1951, hoy ofrece
gran potencial petrolero.
Actualmente 49 familias han sido reasentadas,
en un esfuerzo del proyecto
por impactar la menor cantidad de casas
posibles. Para ello se utilizan técnicas
de perforación direccionada, que,
pese a ser de mayor costo, favorecen la
convivencia de la comunidad y la actividad
petrolera.
De igual manera, desde el inicio del
mismo se han realizado más de 600
acuerdos para indemnizar afectaciones
o comprar parte de algunos terrenos,
que en ningún caso compromete las viviendas
de los núcleos familiares.
Por su parte, la experiencia con los
reasentamientos ha sido exitosa, especialmente
para los beneficiados. Casos
como el de doña María Calixta Mateus,
quien ahora vive en Barrancabermeja
en una casa grande y dotada de muebles
nuevos, producto de los recursos
que recibió por su reasentamiento, llenan
de orgullo al equipo de trabajo del
proyecto La Cira-Infantas.
Según su hija, Flor María Mateus,
la otrora dueña de una modesta y casi
desvencijada casa rural, ahora tiene dos
propiedades. Las dos son el resultado de
la venta de su antigua morada incluyendo
sus tierras aledañas.
“Con la asesoría del proyecto compramos
dos casas. En la más grande vive
mi mamá y en la parte de atrás le construimos
un pequeño apartamento independiente
con cocina, sala, baño, patio
y dos cuartos. La segunda casa la dividimos
en dos completamente independientes”,
cuenta.
Ahora doña María Calixta, una mujer
de 70 años, tiene su sustento económico en el arriendo de los tres apartamentos
que adaptó. “Ella está feliz y nosotros
también, pues ahora todos estamos más
cerca. En la nueva casa ella está más
central, puede ir con más facilidad al
médico, a la plaza de mercado y puede
moverse mejor, antes estaba muy retirada”,
concluye Flor María.
Este ejemplo se repite con diferentes
características en las otras 48 familias
reasentadas. Las personas reciben
por cuenta del proyecto asesoría jurídica,
económica, social y psicológica, para
facilitar su proceso de adaptación a un
nuevo entorno y para enseñarles a administrar
bien los nuevos recursos. Es así como todos los beneficiarios, incluso los
que anteriormente no eran dueños legales
de sus viviendas, ahora tienen casa
propia y, algunos, hasta su negocio.
Pero el compromiso social de La
Cira-Infantas no termina allí. Desde
el inicio del proyecto petrolero se han
adelantado diferentes acciones encaminadas
a incentivar el desarrollo del corregimiento
el Centro.
Programas de alfabetización, establecimiento
de proyectos productivos, capacitaciones
en actividades distintas a la
industria del petróleo, mejoramiento de
la infraestructura vial y recreativa, brigadas
de salud por veredas, jornadas lúdicas
y culturales, así como un sinnúmero
de campañas de sensibilización, hacen
parte de la propuesta social que en 2006
implicó la inversión de 10.800 millones
de pesos y en lo que va del 2007 cerca
de 9.400 millones de pesos.
Los programas de gestión social, el
fortalecimiento a la mano de obra local y
las acciones adelantadas para el desarrollo
de los proveedores del corregimiento
y de su ciudad, Barrancabermeja, evidencian
que algo bueno está pasando
por el Centro.
“No se puede negar que el proyecto
ha impulsado los negocios del Centro,
porque las ventas se han mejorado. La
gente tiene con qué comprar, especialmente
los trabajadores de empresas contratistas
que han reactivado el comercio
del corregimiento”, asegura Johanna
Gómez, una de las comerciantes que
laboran en Pinchote, la zona mercantil
del corregimiento.
Los habitantes del Centro todavía recuerdan
con nostalgia la época del ferrocarril.
Ahora el paisaje luce distinto.
En el entorno se observan locales para
navegar en internet, droguerías, misceláneas,
almacenes de ropa y calzado,
micromercados y muchos otros de comidas
rápidas. La globalización llegó a
El Centro para quedarse. |