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Carta Petrolera
EDICIÓN 115
octubre - noviembre 2006




























Los sedimentos fluviales, depositados en el mar durante millones de años, dieron lugar a la formación de muchos reservorios en Colombia.

Psilastephanoporites hergreenii.

Paratipo, R. caquetanus (4 poros).


























Tras ocho años de investigación, los expertos reconstruyeron la historia de la vegetación.

En el ICP se reconstruye la vida desde hace 65 millones de años

Viaje al pasado


Como si echaran mano de un reloj geológico, investigadores internacionales y expertos del ICP utilizan modelos y estudios sobre la evolución de la Tierra y de las especies para orientar la perforación de pozos petroleros.

Por Leyla Tovar Aguirre y Vladimir Torres T.

Si se ha preguntado cómo llegaron los delfines rosados a navegar las aguas dulces del Amazonas, el Orinoco y hasta el río Arauca, en lugar del amplio y profundo océano, parte de la respuesta la podría encontrar devolviéndose unos cuantos millones de años en la historia de la evolución de la Tierra.Estos seres inteligentes, al igual que algunos tipos de rayas y una que otra especie animal, eran habitantes de las saladas aguas del Atlántico que hace 23 millones de años llegaron hasta lo que hoy día se conoce como el centro del Amazonas.

Allí lograron adaptarse a las aguas dulces y sobrevivieron al cambiante proceso evolutivo; al contrario de lo que sucedió con sus ancestros que se extinguieron.Las explicaciones a este y otros tantos fenómenos que han ocurrido en el norte de Suramérica desde hace 65 millones de años, es decir un 1,4% de la historia de la existencia de la Tierra, son posibles gracias a los estudios paleoecológicos, que consisten en analizar los procesos biológicos de hace miles o millones de años a través de sus restos fósiles.

Son cerca de 25 años de estudio acumulado de Carlos Jaramillo, Vladimir Torres y Carina Hoorn, geólogos con doctorados en Palinología y Paleontología, y un grupo de expertos del Instituto Colombiano del Petróleo (ICP), cuyas investigaciones han hecho importantes contribuciones al entendimiento de la biodiversidad del norte de Suramérica, en especial Colombia, y que hoy día tienen aplicación para la búsqueda de los hidrocarburos.

Estos esfuerzos de distintos investigadores que surgieron como preocupación por entender los cambios climáticos, tienen hoy en día aplicación en la industria del petróleo y se han constituido en una fortaleza del ICP con resultados concretos, al ayudar a orientar la navegación de las brocas en los pozos exploratorios para encontrar la ruta que lleva a los hidrocarburos.

En ese sentido, el primer éxito se reportó con el pozo Gibraltar y posteriormente ese conocimiento se ha utilizado en la perforación de pozos como Guariquíes, González y Cristal.

Hoy, en el Instituto se trabaja sobre la línea de investigación denominada Cronología de las Secuencias Bioestratigráficas del piedemonte llanero que busca reducir la incertidumbre geológica para la exploración de hidrocarburos en una de las cuencas más prolíficas del país.

La evolución de las plantas, incluidas sus extinciones, ha ayudado a comprender el orden en que las rocas fueron acumuladas. Esta sucesión de eventos biológicos es la que permite descifrar cómo y en qué momento del tiempo geológico se depositaron las rocas que contienen los hidrocarburos. De hecho, funciona como un reloj geológico para fechar las rocas en las que se encuentran los hidrocarburos de Colombia.

El pasado visto en microscopioEl polen (ese polvillo fecundante de las flores y las esporas, órgano reproductor de las plantas) se ha preservado como fósiles en los sedimentos y las rocas a lo largo de cientos de millones de años y su estudio ha permitido a los científicos descubrir y entender la historia de los bosques tropicales como la Amazonia, los bosques andinos de montañas y páramos, así como la evolución de los ecosistemas de Colombia, Venezuela, Perú y norte de Brasil, durante los últimos 65 millones de años.

Escarbar entre las rocas depositadas hace millones de años para encontrar el polen y las esporas ha sido la tarea de un grupo de estudiosos que miran bajo el microscopio estas minúsculas partículas (del tamaño de 0,001 milímetros), las identifican, describen, clasifican, ordenan estratigráficamente y las comparan con las mismas especies encontradas en el norte de Suramérica y del mundo.

Fue Jaramillo quien inició la línea de investigación en el ICP al indagar sobre el Eoceno y profundizó posteriormente sobre el Paleógeno, es decir la edad geológica comprendida entre los 65 y los 23 millones de años, periodo en el cual se presentaron importantes cambios en la biodiversidad y uno de los máximos florísticos que han hecho de Colombia uno de los países más diversos del mundo en términos de vegetación.

Fue en esta época en la cual se “enterraron” las formaciones Barco y Cuervos −entre los 65 y los 55 millones de años− y Mirador −entre los 55 y los 35 millones de años−, un conjunto de arenas que lograron entrampar gran cantidad de hidrocarburos y que a finales de los 80 dieron vida a los campos Cusiana y Cupiagua.Muchos procesos geológicos y evolutivos así como cambios climáticos ocurrieron en este periodo, caracterizado por ser la época en que vieron la luz las primeras selvas del Amazonas, y las ceibas y palmas, por ejemplo, comenzaron a formar parte del paisaje del norte de Suramérica. Fue durante los 55 y los 35 millones de años cuando gran parte de lo que era el paisaje colombiano estaba dominado por ríos y estuarios (desembocaduras de ríos) rodeados de bosque tropical.

Nacen formaciones productoras

Hacia los 65 millones de años, la Pangea ya se había dividido y los continentes comenzaban su lento desplazamiento al lugar donde están ubicados hoy en día en un viaje ininterrumpido que aún se mantiene.

Sin embargo, para esa fecha aún no se habían erigido los Himalayas, en tanto que cadenas montañosas como los Andes y los Alpes apenas empezaban a asomarse. A esas alturas de la historia los dinosaurios ya se habían extinguido y los mamíferos seguían su carrera evolutiva con uno de sus ramales hacia el hombre, mientras Bogotá no era más que un complejo de ciénagas interconectadas que dieron origen a lo que hoy se conoce como la formación Guaduas.

Sobre los 50 millones de años la Tierra presenció uno de los periodos más cálidos de los últimos tiempos, que favoreció la diversificación de las especies vegetales. Posteriormente se presentó un deterioro en el clima, con un descenso global de la temperatura, que tuvo un impacto fuerte en los ecosistemas tropicales.

Varias de las especies de plantas se extinguieron y aquellas que continuaron su camino hacia el presente tuvieron que esperar hasta más o menos los 20 millones de años, cuando nuevos calentamientos globales hicieron del trópico un ambiente nuevamente propicio para la diversificación de la vida.

Este periodo coincide con la acumulación de las arenas que hoy conforman la formación Carbonera, el sello por excelencia de la formación Mirador, que impidió que los hidrocarburos migraran hacia otros lugares y facilitara su entrampamiento, entre los 34 y los 23 millones de años.

La Tierra, más activa que nunca, mantenía su constante choque de placas tectónicas, cuya violencia expansiva daba lugar a la formación de nuevos territorios que emergían abruptamente del lecho marino. El aporte al conocimiento de esta parte de la historia lo hace Carina Hoorn, investigadora de la Universidad de Ámsterdam, que entre 1988 y 1994 hizo un inventario de los afloramientos en la selva del Amazonas y tomó una serie de muestras para polen y esporas, para determinar qué sucedió entre los 23 y los 10 millones de años en el tiempo geológico de la Tierra.

De acuerdo con los estudios, en ese tiempo el paisaje colombiano y del norte de Suramérica se inundó de mar, dando lugar a un inmenso complejo de ciénagas y pantanos donde la vida acuática proveniente del Atlántico hizo festín y hasta se instaló para quedarse.

“El levantamiento de la cordillera hizo que la báscula se volteara y que las incursiones marinas formaran un sistema de lagunas y pantanos, debido a que el mar era unos cien metros más alto.





Foveotriletes margaritae, una especie vegetal vista desde el microscopio.




Posteriormente, hace unos diez millones de años, cuando el levantamiento se hizo más fuerte, se produjo la conexión de este complejo pantanoso con el Atlántico, dando así origen al Amazonas, cuya desembocadura comenzó a formar los abanicos de sedimentos que actualmente se encuentran muy cerca de Belém, en Brasil, y que hoy son el objetivo de exploración, especialmente para gas”, explica Hoorn.

Testigos vivos de esta historia son los delfines rosados y las rayas, que fueron arrastrados hasta territorio continental y se adaptaron al medio dulce. “Los estudios moleculares dicen que parte de la fauna de peces amazónicos se relaciona con la del Caribe, en donde los biogeógrafos estudiaron la evolución de las especies para entender la evolución de la fauna y de la flora”, añade.

“Los estudios detallados de geología, palinología y paleontología en la Amazonia nos han provisto de un modelo geológico de su evolución y, además, nos indican que ésta fue una cuna para la diversificación de fauna acuática y el bosque húmedo tropical”, señala la investigadora.

El curso de estas grandes masas de agua, incluida la del Magdalena, en Colombia, estuvo determinado por estos levantamientos orogénicos. Y son precisamente los sedimentos fluviales, depositados en el mar durante millones de años, los que dieron lugar a la formación de reservorios.

Últimos dos millones de años

El proceso evolutivo siguió sin parar y ya sobre los dos millones de años se habían erigido, casi en su totalidad, los Andes de Suramérica con su bifurcación en Colombia de las tres cordilleras y la de Mérida, en Venezuela.

La mayoría de estos cambios climáticos está registrada en sedimentos, principalmente lacustres de la Sabana de Bogotá y fue a través de la palinología que una vez más se descifró la dinámica de la vegetación de montaña durante estos cambios.

Vladimir Torres Torres estudió esta época, al revisar 3,3 millones de años en 2.100 muestras de roca depositadas en 586 metros de sedimentos enterrados en Funza, Cundinamarca.Bogotá fue el fonfo de un gran lago, el cual se fue desecando hasta convertirse en el complejo de humedales, de cuya existencia aún quedan vestigios en algunos lugares del norte de la ciudad.

Y es justamente la combinación de los fenómenos tectónicos y climáticos lo que hizo que en la Sabana de Bogotá, más precisamente en Funza, se localizara uno de los pocos lugares en el mundo que logró depositar, sin fragmentaciones, los registros de los últimos tres millones de años; en otras palabras, el registro más detallado y completo del mundo.

Fueron ocho años continuos de investigación de Vladimir Torres y Henry Hooghiemstra, de la Universidad de Ámsterdam, que permitieron reconstruir la historia de la vegetación.

Así que la próxima vez que viaje por cualquier ruta de Colombia, imagínese los millones de años que ha necesitado la naturaleza para erigir las montañas, definir el curso de los ríos, instalar cada roca y cada especie animal o vegetal en el lugar que hoy están y que su existencia dependerá de lo benévolos que seamos con el planeta azul.

   
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