
Los sedimentos fluviales, depositados
en el mar durante millones de años, dieron lugar a la formación
de muchos reservorios en Colombia.

Psilastephanoporites hergreenii.

Paratipo,
R. caquetanus (4 poros).
Tras ocho años de investigación, los expertos
reconstruyeron la historia de la vegetación. |
 |
En el
ICP se reconstruye la vida desde hace 65 millones de años
Viaje al pasado
Como si echaran mano de un reloj geológico, investigadores
internacionales y expertos del ICP utilizan modelos y
estudios sobre la evolución de la Tierra y de
las especies para orientar la perforación de pozos
petroleros.
Por Leyla Tovar Aguirre y Vladimir Torres T.
Si se ha preguntado cómo llegaron los
delfines rosados
a navegar las aguas dulces del Amazonas, el Orinoco y
hasta el río Arauca, en lugar del amplio
y profundo océano, parte de la respuesta
la podría encontrar devolviéndose unos
cuantos millones de años en la historia
de la evolución de la Tierra.Estos seres inteligentes,
al igual que algunos tipos de rayas y una que otra especie
animal, eran habitantes de las saladas aguas del Atlántico
que hace 23 millones de años llegaron hasta lo
que hoy día se conoce como el centro del Amazonas.
Allí lograron adaptarse
a las aguas dulces y sobrevivieron al cambiante proceso
evolutivo; al contrario de lo que sucedió con
sus ancestros que se extinguieron.Las explicaciones a
este y otros tantos fenómenos que han ocurrido
en el norte de Suramérica desde hace 65 millones
de años, es decir un 1,4% de la historia de la
existencia de la Tierra, son posibles gracias
a los estudios paleoecológicos, que consisten
en analizar los procesos biológicos
de hace miles o millones de años a través
de sus restos fósiles.
Son cerca de 25 años
de estudio
acumulado de Carlos Jaramillo, Vladimir Torres y Carina
Hoorn, geólogos
con doctorados en Palinología y Paleontología,
y un grupo de expertos del Instituto Colombiano del Petróleo
(ICP), cuyas investigaciones han hecho importantes contribuciones
al entendimiento
de la biodiversidad del norte de Suramérica, en
especial Colombia, y que hoy día tienen aplicación
para la búsqueda
de los hidrocarburos.
Estos esfuerzos de distintos investigadores
que surgieron como preocupación
por entender los cambios climáticos, tienen hoy
en día aplicación en la industria del petróleo
y se han constituido en una fortaleza del ICP con resultados
concretos, al ayudar a orientar
la navegación de las brocas en los pozos
exploratorios para encontrar la ruta que lleva a los
hidrocarburos.
En ese sentido, el primer éxito
se reportó con el pozo Gibraltar y posteriormente
ese conocimiento se ha utilizado
en la perforación de pozos como Guariquíes,
González y Cristal.
Hoy, en el Instituto se trabaja sobre
la línea de investigación denominada
Cronología de las Secuencias Bioestratigráficas
del piedemonte llanero
que busca reducir la incertidumbre geológica para la exploración
de hidrocarburos
en una de las cuencas más prolíficas
del país.
La evolución de las plantas, incluidas
sus extinciones, ha ayudado a comprender
el orden en que las rocas fueron acumuladas. Esta sucesión
de eventos biológicos es la que permite descifrar cómo
y en qué momento del tiempo geológico se depositaron
las rocas que contienen los hidrocarburos. De hecho, funciona
como un reloj geológico para fechar las rocas en las que
se encuentran
los hidrocarburos de Colombia.
El pasado visto en microscopioEl polen (ese polvillo fecundante
de las flores y las esporas, órgano reproductor
de las plantas) se ha preservado
como fósiles en los sedimentos y las rocas a lo largo
de cientos de millones
de años y su estudio ha permitido a los científicos
descubrir y entender
la historia de los bosques tropicales
como la Amazonia, los bosques andinos de montañas y páramos,
así como la evolución de los ecosistemas de Colombia,
Venezuela, Perú y norte de Brasil, durante los últimos
65 millones
de años.
Escarbar entre las rocas depositadas hace millones
de años para encontrar el polen y las esporas ha sido
la tarea de un grupo de estudiosos que miran bajo el microscopio
estas minúsculas partículas (del tamaño
de 0,001 milímetros),
las identifican, describen, clasifican,
ordenan estratigráficamente y las comparan con las mismas
especies encontradas en el norte de Suramérica y del mundo.
Fue
Jaramillo quien inició la línea de investigación
en el ICP al indagar sobre el Eoceno y profundizó posteriormente
sobre el Paleógeno, es decir la edad geológica
comprendida entre los 65 y los 23 millones de años, periodo
en el cual se presentaron importantes
cambios en la biodiversidad y uno de los máximos florísticos
que han hecho de Colombia uno de los países
más diversos del mundo en términos
de vegetación.
Fue en esta época en la cual se “enterraron” las formaciones Barco y Cuervos −entre los 65 y los 55
millones de años− y Mirador −entre los 55
y los 35 millones de años−, un conjunto de arenas
que lograron entrampar gran cantidad
de hidrocarburos y que a finales de los 80 dieron vida a los
campos Cusiana y Cupiagua.Muchos procesos geológicos y
evolutivos
así como cambios climáticos ocurrieron
en este periodo, caracterizado por ser la época en que
vieron la luz las primeras selvas del Amazonas, y las ceibas
y palmas, por ejemplo, comenzaron a formar parte del paisaje
del norte de Suramérica. Fue durante los 55 y los 35 millones
de años cuando gran parte de lo que era el paisaje colombiano
estaba dominado por ríos y estuarios (desembocaduras
de ríos) rodeados de bosque
tropical.
Nacen formaciones productoras
Hacia los 65 millones de
años, la Pangea ya se había dividido y los
continentes comenzaban
su lento desplazamiento al lugar donde están ubicados
hoy en día en un viaje ininterrumpido que aún
se mantiene.
Sin embargo, para esa fecha aún no se
habían
erigido los Himalayas, en tanto que cadenas montañosas
como los Andes y los Alpes apenas empezaban
a asomarse. A esas alturas de la historia los dinosaurios
ya se habían extinguido y los mamíferos seguían
su carrera evolutiva con uno de sus ramales hacia el hombre,
mientras Bogotá no era más que un complejo de ciénagas
interconectadas que dieron origen a lo que hoy se conoce
como la formación Guaduas.
Sobre los 50 millones de años
la Tierra presenció uno de los periodos más
cálidos
de los últimos tiempos, que favoreció la diversificación
de las especies
vegetales. Posteriormente se presentó un deterioro
en el clima, con un descenso global de la temperatura, que
tuvo un impacto fuerte en los ecosistemas tropicales.
Varias de las especies de plantas se extinguieron y aquellas
que continuaron
su camino hacia el presente tuvieron
que esperar hasta más o menos los 20 millones de años,
cuando nuevos calentamientos
globales hicieron del trópico
un ambiente nuevamente propicio para la diversificación
de la vida.
Este periodo coincide con la acumulación
de las arenas que hoy conforman la formación Carbonera,
el sello por excelencia
de la formación Mirador, que impidió que los
hidrocarburos migraran
hacia otros lugares y facilitara su entrampamiento, entre
los 34 y los 23 millones de años.
La Tierra, más
activa que nunca, mantenía su constante choque de
placas
tectónicas, cuya violencia expansiva
daba lugar a la formación de nuevos territorios que
emergían abruptamente del lecho marino. El aporte
al conocimiento de esta parte de la historia lo hace Carina
Hoorn, investigadora de la Universidad de Ámsterdam,
que entre 1988 y 1994 hizo un inventario de los afloramientos
en la selva del Amazonas y tomó una serie de muestras
para polen y esporas, para determinar qué sucedió entre
los 23 y los 10 millones de años en el tiempo
geológico de la Tierra.
De acuerdo con los estudios,
en ese tiempo el paisaje colombiano y del norte de Suramérica
se inundó de mar, dando lugar a un inmenso complejo
de ciénagas
y pantanos donde la vida acuática proveniente del
Atlántico hizo festín y hasta se instaló para
quedarse.
“El levantamiento de la cordillera hizo que
la báscula se volteara y que las incursiones marinas
formaran un sistema de lagunas y pantanos, debido a que el
mar era unos cien metros más alto.

Foveotriletes margaritae, una especie vegetal vista desde
el microscopio.
Posteriormente,
hace unos diez millones de años, cuando el levantamiento
se hizo más fuerte, se produjo la conexión
de este complejo pantanoso
con el Atlántico, dando así origen al Amazonas,
cuya desembocadura comenzó a formar
los abanicos de sedimentos que actualmente se encuentran
muy cerca de Belém,
en Brasil, y que hoy son el objetivo de exploración,
especialmente
para gas”, explica Hoorn.
Testigos vivos de esta historia
son los delfines rosados y las rayas, que fueron arrastrados
hasta territorio continental y se adaptaron al medio dulce. “Los
estudios
moleculares dicen que parte de la fauna de peces amazónicos
se relaciona
con la del Caribe, en donde los biogeógrafos
estudiaron la evolución de las especies para entender
la evolución de la fauna y de la flora”, añade.
“Los
estudios detallados de geología,
palinología y paleontología en la Amazonia
nos han provisto de un modelo
geológico de su evolución y, además,
nos indican que ésta fue una cuna para la diversificación
de fauna acuática
y el bosque húmedo tropical”, señala
la investigadora.
El curso de estas grandes masas de agua,
incluida la del Magdalena, en Colombia, estuvo determinado
por estos
levantamientos orogénicos. Y son precisamente los
sedimentos fluviales, depositados en el mar durante millones
de años, los que dieron lugar a la formación
de reservorios.
Últimos dos millones de años
El proceso evolutivo
siguió sin parar y ya sobre los dos millones de años
se habían erigido, casi en su totalidad, los Andes de
Suramérica con su bifurcación en Colombia de las
tres cordilleras y la de Mérida, en Venezuela.
La mayoría
de estos cambios climáticos
está registrada en sedimentos, principalmente
lacustres de la Sabana de Bogotá y fue a través
de la palinología que una vez más se descifró la
dinámica
de la vegetación de montaña durante
estos cambios.
Vladimir Torres Torres estudió esta época,
al revisar 3,3 millones de años en 2.100 muestras de roca
depositadas en 586 metros de sedimentos enterrados
en Funza, Cundinamarca.Bogotá fue el fonfo de un gran
lago, el cual se fue desecando hasta convertirse
en el complejo de humedales, de cuya existencia aún quedan
vestigios
en algunos lugares del norte de la ciudad.
Y es justamente la
combinación de los fenómenos tectónicos
y climáticos lo que hizo que en la Sabana de Bogotá,
más precisamente en Funza, se localizara
uno de los pocos lugares en el mundo que logró depositar,
sin fragmentaciones,
los registros de los últimos
tres millones de años; en otras palabras, el registro
más detallado y completo del mundo.
Fueron ocho años
continuos de investigación
de Vladimir Torres y Henry Hooghiemstra, de la Universidad de Ámsterdam,
que permitieron reconstruir
la historia de la vegetación.
Así que la próxima
vez que viaje por cualquier ruta de Colombia, imagínese
los millones de años que ha necesitado la naturaleza para
erigir las montañas, definir el curso de los ríos,
instalar cada roca y cada especie animal o vegetal en el lugar
que hoy están y que su existencia
dependerá de lo benévolos que seamos
con el planeta azul.
|