
El momento crítico llegaba cuando se lanzaba al mar el tubo de acero que debía recuperar parte de la historia geológica del fondo.
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Rumbo al centro del mundo
Los primeros nueve días el barco se movió
en línea recta hasta llegar al punto
donde se iniciaba el reconocimiento, es decir a unos 4.000 kilómetros al noreste
de Tahití, muy cerca a la línea del Ecuador donde los sedimentos marinos son más ricos en fósiles calcáreos, los cuales son, entre otros, la base de estudios
oceanográficos, geológicos y climatológicos.
Finalmente, llego el día de comenzar el reconocimiento. Por primera el barco vez disminuyó su velocidad, dio vuelta y comenzamos a preparar el equipo de adquisición sísmica bajo la supervisión de Lee Ellet, experto en el campo.
Simultáneamente, llevamos a cabo adquisición de magnetometría, gravimetría,
ecosonda y multibeam, técnicas de última tecnología para prospección del suelo marino.
Sin embargo, de toda esta travesía y experiencia lo más trascendental era el proceso de toma de muestra del lecho marino, mediante un tubo de acero de 15 metros que es lanzado al agua para recuperar parte de la historia geológica registrada en los sedimentos que yacen en el subsuelo marino.
Todo estaba preparado y su lanzamiento
se llevó a cabo a las ocho de la noche del día 12 del crucero. Era necesario esperar tres horas para que atravesara
5.000 metros de columna de agua y llegara al fondo oceánico.
Todos teníamos los ojos puestos en el monitor, esperando que la ecosonda y el medidor de tensión del cable señalaran
el momento en que el mecanismo tocara fondo. Cuando esto sucedió era hora de traer de vuelta la herramienta al barco, pero nadie sospechaba que la naturaleza nos jugaría una mala pasada.
Infortunadamente el equipo quedó incrustado en la tierra y, pese a los esfuerzos
de dos días de trabajo, fue necesario
cortar el cable que lo ligaba al barco y abandonar una herramienta que tiene un costo de 100 mil dólares.
Tras el infortunio, las caras de preocupación
invadieron a los expedicionarios,
pues sólo quedaba una herramienta más y el siguiente lanzamiento
no podía fallar o, de lo contrario,
habría que abortar la misión. Llevábamos un retraso de dos días y con esta incertidumbre navegamos hasta
el segundo punto de muestreo, localizado
a dos días de desplazamiento.
Buscando el corazón del mar
A las dos de la mañana se fijó el segundo
lanzamiento; a esa hora nadie dormía
en el barco. John Christian Moser fue el encargado de dirigir la tarea. Las tres horas de travesía de la herramienta
hacia el fondo marino se hicieron mucho más largas. El medidor de tensión
señaló que había alcanzado el objetivo
y era tiempo de traerla de vuelta. Fueron segundos memorables, pues la herramienta respondió positivamente y cuatro horas después teníamos el registro
histórico de la roca en la cubierta del barco. Los siete lanzamientos posteriores
resultaron exitosos y, con ellos, la expedición.
Luego de extraer cada uno de los corazones,
venía la tarea de describir los sedimentos recogidos y hacerlos pasar
por la herramienta de Multi Track System Analysis, a cargo de Steve Hovan y con la colaboración de todo el equipo de científicos, entre los cuales se resaltan
los análisis bioestratigráficos encabezados
por Jan Backman y Theodore Moore. Allí estuve colaborando gracias a mi experiencia en bioestratigrafía de foraminíferos adquirida en el ICP.
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Las campañas oceanográficas sirven para que Ecopetrol realice muestreos en el fondo marino como en este caso en la bahía de Santa Marta. |
LA IMPORTANCIA PARA ECOPETROL
El área de Bioestratigrafía del Instituto Colombiano del Petróleo (ICP) ha venido impulsando una campaña oceanográfica para la toma de muestra de sedimentos marinos en el mar Caribe colombiano.
Con la ayuda de un Gravity Corer fabricado por Ingenieros de la Universidad EAFIT de Medellín y las facilidades del buque Ancon, propiedad del Invemar, se realizó un test de la herramienta en la bahía de Santa Marta aplicando las metodologías aprendidas en la campaña del ODP (Ver crónica ‘40 días a bordo de un barco explorador’).
Este test resultó ser un éxito, pues la cantidad de muestra recuperada
a profundidades que oscilan entre 20 y 400 metros fue óptima.
El objetivo de este tipo de muestreos es realizar estudios bioestratigráficos
basados en la distribución de foraminíferos recientes, para generar un modelo que permita predecir paleoambientes y paleobatimetrías y por ende la identificación clara de la geometría de los reservorios en cuencas
marinas.
Adicional a ello, las muestras extraídas serán usadas también para estudios
geoquímicos y sedimentológicos, los cuales serán trascendentales con miras a lo que será la exploración del offshore colombiano y cualquier otra cuenca marina del mundo donde Ecopetrol S.A. decida participar. |
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Luego de ser descritas, las muestras
son cuidadosamente empacadas en grandes tubos de plástico. La mitad del material es enviado a la Universidad de Oxford y la otra mitad es enviada a los grandes repositorios de corazones, la mayoría de ellos en Bremen (Alemania), donde se guardan como “tesoros”.
Cada muestra de roca que se saque de cualquier lugar del océano o de la tierra
es única. Por ello la severidad en la preservación y el manejo del material que con el tiempo ha venido y seguirá dando respuesta a los grandes interrogantes
sobre el pasado de nuestro planeta.
Allí reposan para la libre consulta de cualquier entidad que quiera hacer nuevas investigaciones.
El cierre de nuestra labor investigativa junto a los mejores no fue como me lo esperaba.
La inauguración fue la sorpresa que nos tenían guardada estos hombres detrás de los científicos: la tripulación del barco. A las cinco de la mañana, dos días antes de llegar a Honolulú comenzó el “ritual” por haber cruzado la línea ecuatorial a bordo del barco.

La adquisición sísmica se hace mediante herramientas como streamers e hidrófonos.
A gritos, nos hicieron bajar a la cubierta
a todo el equipo de primíparos, nos bañaron
con agua fría y harina, nos hicieron caminar de espalda todo el día con la ropa puesta al revés, nos tocó lavar platos, pisos
y rendirle pleitesía a los de la tripulación.
Sin duda es una forma extraña de divertirse, pero por lo que me comentaban
algo muy normal en la costumbres de los marinos de todo el mundo.
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45 AÑOS HACIENDO POZOS EN LOS OCÉANOS
Las operaciones de perforación llevadas a cabo en el fondo
del mar en los últimos 40 años condujeron a interesantes
descubrimientos científicos. Por ejemplo, en 1968 se comprobó la teoría de tectónica de placas, observando
que los sedimentos se hacían más antiguos entre más lejos estaban de la dorsal (zona donde emerge corteza oceánica nueva)
En 1975, se hicieron perforaciones a más de 5.000 metros
de profundidad de masa de agua y tres años después se perforaron pozos a más de 7.000 metros en las mayores fosas del océano Pacífico. En 1982, se recuperaron hidratos
de gas, los cuales son muy importantes debido a que representan un potencial recurso energético para el futuro y actualmente un riesgo durante la perforación.
El primer programa de investigación de esta naturaleza comenzó con el proyecto Mohole (1961–1966) seguido por el DSDP (Deep Sea Drilling Program 1966–1983) y el ODP (Ocean Drilling Program 1983–2004) y finalmente el IODP (Integrated Ocean Drilling Program 2004–2006).
A la fecha se ha perforado en más de 1.500 lugares en todos los océanos del mundo, a profundidades mayores a las que han llegado las operadoras petroleras. |
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