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40 días a bordo de un
barco explorador
Junto a varios de los mejores científicos del mundo, un investigador del ICP navegó en las aguas del Pacífico ecuatorial como parte de un programa oceanográfico para localizar ocho pozos estratigráficos que se van a perforar en 2007.
Por Mauricio Alejandro Pulido Taborda
Área de Bioestratigrafía del Instituto Colombiano del Petróleo
Estaba ante la misión personal
y profesional más retadora de mi vida. Me bajé del avión que nos había conducido de Los Ángeles (Estados Unidos) a Papeete (Tahití) consciente de ser el único latino incluido dentro de una travesía
científica con los más importantes
investigadores oceanográficos del mundo. Me preparaba para abordar un enorme barco que surcaría 12.000 kilómetros
del Océano Pacífico muy cerca de la línea ecuatorial.
Bautizado como Roger Revelle en honor a uno de los primeros científicos que alertó sobre el calentamiento global y el movimiento
de las placas tectónicas, el barco es operado por el Instituto Oceanográfico SCRIPPS de California y cuenta en su interior
con los más modernos sistemas e instrumentos de medición para la investigación
marina del mundo.
Teníamos un denominador común: nos encanta la historia marina. Desde nuestros diferentes campos de acción, sentimos una pasión especial por investigar
todo sobre las rocas y los fósiles
que se encuentran depositados en el subsuelo marino desde hace millones
de años.
La misión consistía en ubicar el área óptima para perforar ocho pozos estratigráficos,
cuyo objetivo es el de incrementar
el conocimiento de la historia de nuestro planeta.
Estos pozos serán perforados a una profundidad de más de cinco mil metros de columna de agua y recuperarán sedimentos
que servirán de base para estudios
en todo el mundo sobre el cambio climático, paleoproductividad, bioestratigrafía,
calibraciones astronómicas de eventos geológicos, perfiles de temperatura,
evolución geológica, modelos de circulación oceánica y sedimentación.
De Tahití a Honolulú
Se escogió como isla de embarque a la Polinesia francesa Tahití no precisamente
por ser uno de los destinos turísticos favoritos en el Pacífico, sino porque es uno de los puntos estratégicos para investigaciones
oceanográficas.
El Integrated Ocean Drilling Program es financiado
por un consorcio de 22 países y ha perforado más pozos en el océano que cualquier petrolera en el mundo. Por ende, la cantidad de conocimiento
que una compañía puede adquirir de esta institución es muy grande.

Las secciones o cortes de corazones de rocas se pasan por el Multi System Track, una herramienta que mide características como temperatura y susceptibilidad magnética.
La campaña oceanográfica tuvo la participación de científicos de todo el mundo provenientes del Instituto SCRIPPS y de las universidades de Cardiff, Estocolmo, Bristol, Indiana, Boise, Michigan y Southampton, entre
otras. Hombres como Mitchell Lyle, Hëiko Palike, Jan Backman, Theodore Moore y Steven Hovan tenían la responsabilidad
de dirigir dicha campaña.
Llegué justo a la hora del desayuno en el restaurante del Roger Revelle. Allí me estaban esperando los participantes
de esta gran aventura, personas que sólo había conocido en los encabezados de los artículos científicos más reconocidos
del mundo.
Un camarote a escasos 80 centímetros del techo sería mi lugar de descanso durante
40 días en que no tendría tierra a la vista. Las primeras 24 horas a bordo fueron de reconocimiento del barco y de explicaciones sobre el papel que desempeñaría cada uno, los objetivos de la misión, las normas de seguridad y uno que otro simulacro.
Mi primera tarea, después de una pequeña capacitación, era prestar turnos
de cuatro horas al día y verificar que herramientas como magnetometría, multibeam, ecosonda y el sistema de coordenadas
funcionaran perfectamente. Mi lugar de trabajo estaba ubicado en la sala de cómputo, desde donde se monitoreaban
todos y cada uno de los equipos que tenía el barco. Era el lugar de mando. Mi turno era desde las doce del mediodía hasta las cuatro de la tarde. Al terminar, me encantaba ir a la cubierta superior a observar la inmensidad del mar y la majestuosidad
de sus atardeceres.
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