Usted está en: inicio / Carta Petrolera 121


Carta petrolera

Nº 121 enero - marzo 2010


 


 

Un gigante sediento de crudo

Acompañamos el cargue de un millón de barriles de crudo a un buque tanque VLCC (Very Large Crude Carrier). La operación se realizó en Coveñas, el mayor puerto de exportación de petróleo en Colombia. Desde allí se enviaron en 2009 un promedio de ocho millones de barriles mensuales. La cifra continúa en aumento.

Por Érika Contreras Gutiérrez

Los primeros rayos del Sol despuntaban por el oriente cuando llegamos a Coveñas. Era 3 de diciembre y el reloj marcaba las 5:45 a.m. cuando descendimos del muelle a la lancha que nos llevaría mar adentro. Nos dirigíamos al Front Crown, un buque petrolero sediento de crudo colombiano.

Dentro de la lancha encontramos al personal de Oleoducto Central (Ocensa), encargado de adelantar la operación de carga de un millón de barriles. Un procedimiento que no es nuevo, pero que por tratarse de un gran cargamento y de un buque de grandes dimensiones, debe realizarse con cuidado.

Las aguas pacíficas del Golfo de Morrosquillo nos saludaban mientras avanzábamos mar adentro hacia el gigante de anclas de 334 metros de eslora, 58 metros de manga y 31 metros de profundidad de la cubierta al lecho marino. La lancha frenó justo donde iniciaban las escaleras del buque. Desde abajo, parecían no tener fin. A medida que subíamos nuestras dimensiones parecían modificarse. Éramos, como liliputienses buscando dominar un monstruo flotante.

De Bahamas viene un barco…

Luego de subir 19 metros desde la superficie del mar, es decir, un edificio de casi ocho pisos de alto, llegamos a la cubierta. Un hombre vestido de blanco inmaculado nos saludó en un inglés con acento ruso. Era un hecho, en pleno Golfo de Morrosquillo estábamos pisando territorio extranjero. Tan pronto estampamos nuestra firma por enésima vez, tuvimos el permiso para dirigirnos al puente de mando donde nos esperaba el capitán, la máxima autoridad del buque. Después de subir otros nueve pisos, nos encontramos con un salón inmenso, lleno de equipos de navegación y una gran vista panorámica.

Nuestra alegría tropical chocaba de frente con las frías maneras de la tripulación. El barco ondeaba la bandera bahameña pero su tripulación era de Europa oriental, o mejor, de Rusia, Ucrania y Georgia, para ser más exactos. No sería fácil interactuar con ellos, no solo porque su lengua era totalmente incomprensible, sino porque nos sentimos polizones en un lugar que era demasiado frío para los 40 grados de temperatura que entonces marcaba el termómetro.

  Ecopetrol exportador

» Este cargamento de un millón de barriles fue vendido a Reliance en India por US$67 millones.
» Esa compañía tiene la refinería más grande del mundo: carga 1,2 millones de barriles por día.
» De enero a noviembre de 2009 Ecopetrol exportó desde Coveñas 76 millones de barriles de crudo y 7,3 millones de barriles desde Tumaco.

Por fortuna la frialdad y la distancia pronto empezaron a derretirse y paso a paso nuestra expectativa de conocer todo sobre el buque y el procedimiento de cargue de crudo comenzó a ganar la partida.

Luces, cámara…

El Loading Master, representante en cubierta de las operaciones en tierra, comenzó a realizar las verificaciones de seguridad antes de proceder con el cargue. Un equipo de buzos se sumergió desde un bote de apoyo para garantizar que la boya estuviera en perfectas condiciones.

Una vez hecha la verificación por parte de los buzos, el equipo del Loading Master puso a funcionar sus medidores. Había que determinar que en los contenedores de los ocho pisos de alto dispuestos para almacenar el crudo bajo la primera cubierta, el volumen de oxígeno estuviera a menos del 8% y el de ácido sulfhídrico, a menos de diez partes por millón. Tan pronto las condiciones de seguridad fueron verificadas, todos en el puente de mando escuchamos la frase: “Rafa, puedes entrar”.

Rafael Lara es el piloto práctico encargado de “parquear” el buque a la zona de amarre en donde posteriormente se realizará el cargue. El cargue se realiza utilizando la boya que recibe el crudo bombeado desde la estación en puerto y que a su vez está sujeta a seis cadenas flexibles que le permiten flotar y moverse sin poner en riesgo la operación. Rafael es uno de los cinco pilotos prácticos maestros con que cuenta el país, los únicos acreditados para mover buques de estas dimensiones en Colombia. El sediento Front Crown es un buque VLCC, sigla en inglés que podría ser traducida como un “muy largo transportador de crudo”. El nivel de experticia que se requiere para asumir la tarea de ubicar un buque de este tipo en el sitio de amarre es tan alta que tal vez éste sea el gremio del país con el menor número de miembros.

“Las tripulaciones internacionales siempre se llevan una buena impresión de la calidad de las operaciones de cargue de Colombia, porque son operaciones limpias. Salen felices y felicitando a todo el mundo porque consideran que el proceso se hace profesionalmente. Es decir, aquí en los muelles estamos representando al país y nos llena de orgullo saber el buen concepto que los extranjeros tienen de nuestras operaciones”, sostiene Rafael, bogotano de nacimiento, cartagenero por adopción y coveñero unos tres días a la semana.


El buque y la boya son conectados por dos mangueras que hacen las veces de cordón umbilical.

El inglés con acento ruso del capitán Aleksey Petrov dialogó con el inglés cartagenero del piloto práctico Lara. Una vez el colombiano le explicó al ruso las condiciones del mar de Coveñas y le indicó cuál debía ser la ruta para acercarse a la boya, el buque comenzó a desplazarse hasta el lugar convenido para el amarre. Debido a que el cargue se realiza en altamar, el buque nunca atraca en puerto, por eso la operación incluye sólo el amarre del buque a la boya, para luego proceder con la conexión de dos mangueras a través de las cuales el crudo llegará al buque.

Con Tacto

Cuando terminó el amarre, todos nos desplazamos a la cubierta para observar sin necesidad de binóculos la operación de conexión de las mangueras. Por unos momentos dejamos de oír ruso y nos concentramos en el acento costeño de los “conectores”, un grupo de hombres encargados de acoplar las mangueras de aproximadamente un metro de diámetro a las válvulas de entrada de los contenedores del buque.

“La manguera se sube con una grúa porque es muy pesada. Son tres o cuatro toneladas. Cuando el coordinador hace la seña nosotros nos distribuimos para realizar la maniobra, que no es difícil, pero sí riesgosa debido al peso de la manguera”, asegura Mario López, un coveñero que lleva 22 años conectando y desconectando mangueras a buque-tanques.

Después de unos treinta minutos el buque y la boya quedan conectados por dos mangueras que hacen las veces de cordón umbilical. La nodriza, o mejor la que provee el crudo es la boya, mientras el buque es el encargado de alimentarse del preciado oro negro colombiano.

El VLCC Front Crown tiene capacidad para dos millones de barriles. En esta primera parada en Coveñas recibirá el primer millón y posteriormente cargará otro millón más en el puerto de Curazao. De allí, a su destino final: India. “Aquí vamos a cargar un millón de barriles de crudo Castilla Blend y posteriormente el buque deberá dirigirse a Curazao para completar su carga”, explicó Ricardo José Escalante, Loading Master de la operación. “La idea es optimizar el costo de transporte, aprovechando plenamente la capacidad de carga del buque para que llegue tanqueado al puerto de destino”.

El ‘Kremlin’ en Coveñas

A pesar de acoger en el mismo lugar a rusos, ucranianos y georgianos, el Front Crown está por encima de los conflictos políticos que puedan atravesar las naciones de origen de los miembros de la tripulación. Lo que les interesa a todos es cumplir con la tarea encomendada de cargar petróleo de una manera ambientalmente responsable y además llegar a tiempo, sanos y salvos, a cada uno de los destinos del buque y a sus hogares cuando acaba su turno de trabajo.

Algunos miembros de la tripulación trabajan seis meses seguidos, mientras otros lo hacen en turnos de 4 o 5 meses. Luego descansan un lapso de tiempo similar al que estuvieron en altamar.

Las provisiones son adquiridas cada dos meses, principalmente en Houston, Arabia o India, que son los lugares donde normalmente atracan en muelle y la tripulación puede tocar tierra. En Coveñas por ejemplo, la tripulación nunca toca tierra, ya que el cargue se realiza en altamar. Aunque la comida se compra en el extranjero, el menú siempre es ruso. En la carta del cocinero jamás faltan el borsh (sopa de vegetales rojos y carnes) o el Okroshka (otra sopa de vegetales con carne). La prueba de la importancia de los vegetales en el menú la tuvimos a la hora del desayuno: nos sirvieron huevos con tajadas de tomate, pepino y pimentón crudos. Los rusos no dejaron nada en el plato mientras los colombianos escogimos cuidadosamente los huevos y el pan.

Luego de desayunar, mientras esperábamos las treinta horas que dura cargar un millón de barriles de petróleo, nos dirigimos al cuarto de máquinas. En este espacio cuidado celosamente por Vladimir Kleymenov, ingeniero en jefe del buque, el ruido ensordecedor de los equipos contrastaba con la apariencia lustrada y brillante de las máquinas.

A través de una escalera desde el cuarto de máquinas, cinco pisos abajo, se llega a las calderas. No hacía falta visitarla: las temperaturas allí dejan de ser medidas por nuestro termostato.

Pese a estar en altamar, la tripulación no extraña mucho su lugar de origen. O por lo menos, esa es la situación de varios de ellos como Kleymenov, que aceptan, quizá con algo de resignación, su destino de vivir la vida navegando aguas arriba o aguas abajo, según el cronograma. Y no lo extrañan porque creen que así viven mejor que con los salarios que actualmente maneja el mercado ruso.

“¿Es cierto ese dicho popular de que los marineros tienen un amor en cada puerto?”, pregunté entre risas. Kleymenov dio un rotundo no, el mismo que minutos antes había dado el capitán Petrov. Pese a su tajante respuesta, luego aceptó que parte de ese dicho era verdad, o por lo menos, que conocía ciertas historias de marineros que habían perdido su corazón en algún puerto.

 
Las mono-boyas
No siempre el país estuvo en capacidad de cargar un millón de barriles y recibir buques tipo VLC . El Front Crown es el cuarto buque VLCC que recibe esa cantidad de crudo en aguas nacionales. Para poder cargar estos volúmenes la mono-boya tuvo que ser reacondicionada técnicamente.

Colombia podría entregar un mayor volumen pero la operación se limita al millón de barriles, debido a que deben respetarse los protocolos de seguridad de boya. Esta es una mono-boya TL U2 que prohíbe superar las 185.000 toneladas equivalentes de desplazamiento máximo de agua. Las leyes de la física indican que si la carga es mayor, el peso del agua y la corriente en la operación podrían hacer que el buque arrancara la boya del suelo marino.

En la actualidad, Ecopetrol está realizando inversiones para adecuar la mono-boya TL U-1, una de las tres mono-boyas del terminal. Gracias a ellas, en Coveñas será posible cargar buques VLC con dos millones de barriles de crudo.

El adiós

Una vez entregado el millón de barriles de crudo Castilla en los contenedores del Front Crown, se procedió con la desconexión. Un grupo distinto a los que habían conectado el buque tuvo a su cargo soltar las mangueras. Y luego también los amarres.

Lara subió nuevamente al puente de mando y una vez recibió la señal del Loading Master sacó el buque de la zona de amarre para entregarlo de nuevo al capitán Petrov, quien alistaba las cartas de navegación para llegar lo antes posible a Curazao, su próxima parada.

Los colombianos bajamos de nuevo las escaleras hacia la lancha que nos conduciría al puerto de Coveñas no sin antes estrecharse las manos con la tripulación rusa como reconocimiento de un trabajo bien hecho. Al final también hubo tiempo para compartir una que otra sonrisa, el único lenguaje común para todos.

El Front Crown dejó las aguas colombianas. Una despedida sin lágrimas ni sinsabores. Y un millón de barriles de crudo Castilla Blend se hicieron a la mar en las arcas de ese gigante siempre sediento de petróleo.

 

Puerto en expansión
Cuando de puertos se trata, los colombianos traemos a la memoria a Buenaventura, Cartagena y Santa Marta, pero no siempre incluimos en nuestra lista a Coveñas y este puerto es, –desde 1985, cuando se iniciaron las exportaciones de Caño Limón– el de mayor exportación petrolera del país.

Año Número de cargues de exportación desde Coveñas Volumen exportado por cargue Volumen promedio mensual exportado
2006 7 buques 500 mil barriles 3,5 millones de barriles
2009 (hasta noviembre, antes del cargue del buque de esta crónica) 13 buques Entre 500 mil y un millón de barriles 8 millones de barriles

En 3 años Coveñas duplicó sus volúmenes de exportación y los proyectos de expansión continúan.


 
De los ductos a las boyas

Al terminal de Coveñas llegan tres oleoductos llenos de crudo procedente de los campos petroleros del país: el Oleoducto Caño Limón-Coveñas, el Oleoducto de Colombia (ODC ) y Ocensa.

La línea de Ocensa tiene 790 kilómetros que arrancan en Cusiana y Cupiagua y alimentan la boya TL U-2, desde la cual se realizó la carga del Front Crown.

“Hasta mayo de este año transportábamos 288 mil barriles diarios, ahora vamos en 400 mil barriles y estamos acondicionando el terminal para poder transportar diariamente 560 mil barriles. La idea es dejarlo con una
puerta operativa para que en el mediano plazo podamos transportar 700 mil barriles diarios. Esas adecuaciones implican más unidades de bombeo y tanques de almacenamiento, entre otras facilidades y en eso estamos trabajando”, sostiene Miller González, coordinador de gestión de Ocensa en el terminal de Coveñas.