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Un gigante
sediento de crudo
Acompañamos el cargue de un millón
de barriles de crudo a un buque tanque
VLCC (Very Large Crude Carrier). La
operación se realizó en Coveñas, el mayor
puerto de exportación de petróleo en
Colombia. Desde allí se enviaron en 2009
un promedio de ocho millones de barriles
mensuales. La cifra continúa en aumento.
Por Érika Contreras Gutiérrez
Los primeros rayos del Sol despuntaban por el
oriente cuando llegamos a Coveñas. Era 3 de diciembre
y el reloj marcaba las 5:45 a.m. cuando
descendimos del muelle a la lancha que nos
llevaría mar adentro. Nos dirigíamos al Front
Crown, un buque petrolero sediento de crudo
colombiano.
Dentro de la lancha encontramos al personal de
Oleoducto Central (Ocensa), encargado de adelantar la operación
de carga de un millón de barriles. Un procedimiento
que no es nuevo, pero que por tratarse de un gran cargamento
y de un buque de grandes dimensiones, debe realizarse
con cuidado.
Las aguas pacíficas del Golfo de Morrosquillo nos saludaban
mientras avanzábamos mar adentro hacia el gigante
de anclas de 334 metros de eslora, 58 metros de manga y 31
metros de profundidad de la cubierta al lecho marino.
La lancha frenó justo donde iniciaban las escaleras del
buque. Desde abajo, parecían no tener fin. A medida que
subíamos nuestras dimensiones parecían modificarse. Éramos, como liliputienses buscando dominar un monstruo
flotante.
De Bahamas viene un barco…
Luego de subir 19 metros desde la superficie del mar, es decir,
un edificio de casi ocho pisos de alto, llegamos a la cubierta.
Un hombre vestido de blanco inmaculado nos saludó en un inglés con acento ruso. Era un hecho, en pleno Golfo
de Morrosquillo estábamos pisando territorio extranjero.
Tan pronto estampamos nuestra firma por enésima vez,
tuvimos el permiso para dirigirnos al puente de mando donde
nos esperaba el capitán, la máxima autoridad del buque.
Después de subir otros nueve pisos, nos encontramos con
un salón inmenso, lleno de equipos de navegación y una
gran vista panorámica.
Nuestra alegría tropical chocaba de frente con las frías
maneras de la tripulación. El barco ondeaba la bandera bahameña
pero su tripulación era de Europa oriental, o mejor,
de Rusia, Ucrania y Georgia, para ser más exactos. No sería
fácil interactuar con ellos, no solo porque su lengua era totalmente
incomprensible, sino porque nos sentimos polizones
en un lugar que era demasiado frío para los 40 grados
de temperatura que entonces marcaba el termómetro.
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Ecopetrol exportador
» Este cargamento de un millón de barriles fue vendido
a Reliance en India por US$67 millones.
» Esa compañía tiene la refinería más grande del mundo:
carga 1,2 millones de barriles por día.
» De enero a noviembre de 2009 Ecopetrol exportó desde
Coveñas 76 millones de barriles de crudo y 7,3 millones
de barriles desde Tumaco. |
Por fortuna la frialdad y la distancia pronto empezaron a derretirse
y paso a paso nuestra expectativa de conocer todo
sobre el buque y el procedimiento de cargue de crudo comenzó a ganar la partida.
Luces, cámara…
El Loading Master, representante en cubierta de las operaciones
en tierra, comenzó a realizar las verificaciones de seguridad
antes de proceder con el cargue. Un equipo de buzos
se sumergió desde un bote de apoyo para garantizar que la
boya estuviera en perfectas condiciones.
Una vez hecha la verificación por parte de los buzos, el
equipo del Loading Master puso a funcionar sus medidores.
Había que determinar que en los contenedores de los ocho
pisos de alto dispuestos para almacenar el crudo bajo la primera
cubierta, el volumen de oxígeno estuviera a menos del
8% y el de ácido sulfhídrico, a menos de diez partes por millón.
Tan pronto las condiciones de seguridad fueron verificadas,
todos en el puente de mando escuchamos la frase: “Rafa, puedes entrar”.
Rafael Lara es el piloto práctico encargado de “parquear” el buque a la zona de amarre en donde posteriormente se realizará el cargue. El cargue se realiza utilizando la boya que
recibe el crudo bombeado desde la estación en puerto y que
a su vez está sujeta a seis cadenas flexibles que le permiten
flotar y moverse sin poner en riesgo la operación. Rafael es uno de los cinco pilotos prácticos maestros con
que cuenta el país, los únicos acreditados para mover buques
de estas dimensiones en Colombia. El sediento Front Crown es
un buque VLCC, sigla en inglés que podría ser traducida como
un “muy largo transportador de crudo”. El nivel de experticia
que se requiere para asumir la tarea de ubicar un buque de
este tipo en el sitio de amarre es tan alta que tal vez éste sea
el gremio del país con el menor número de miembros.
“Las tripulaciones internacionales siempre se llevan una
buena impresión de la calidad de las operaciones de cargue
de Colombia, porque son operaciones limpias. Salen felices
y felicitando a todo el mundo porque consideran que
el proceso se hace profesionalmente. Es decir, aquí en los
muelles estamos representando al país y nos llena de orgullo
saber el buen concepto que los extranjeros tienen de
nuestras operaciones”, sostiene Rafael, bogotano de nacimiento,
cartagenero por adopción y coveñero unos tres
días a la semana.

El buque y la boya son conectados por dos mangueras que hacen las veces de cordón umbilical.
El inglés con acento ruso del capitán Aleksey Petrov dialogó con el inglés cartagenero del piloto práctico Lara. Una vez
el colombiano le explicó al ruso las condiciones del mar de
Coveñas y le indicó cuál debía ser la ruta para acercarse a
la boya, el buque comenzó a desplazarse hasta el lugar convenido
para el amarre. Debido a que el cargue se realiza en
altamar, el buque nunca atraca en puerto, por eso la operación
incluye sólo el amarre del buque a la boya, para luego
proceder con la conexión de dos mangueras a través de las
cuales el crudo llegará al buque.
Con Tacto
Cuando terminó el amarre, todos nos desplazamos a la cubierta
para observar sin necesidad de binóculos la operación
de conexión de las mangueras. Por unos momentos dejamos
de oír ruso y nos concentramos en el acento costeño de los “conectores”, un grupo de hombres encargados de acoplar
las mangueras de aproximadamente un metro de diámetro
a las válvulas de entrada de los contenedores del buque.
“La manguera se sube con una grúa porque es muy pesada.
Son tres o cuatro toneladas. Cuando el coordinador
hace la seña nosotros nos distribuimos para realizar la maniobra,
que no es difícil, pero sí riesgosa debido al peso de
la manguera”, asegura Mario López, un coveñero que lleva
22 años conectando y desconectando mangueras a buque-tanques.
Después de unos treinta minutos el buque y la boya quedan
conectados por dos mangueras que hacen las veces de
cordón umbilical. La nodriza, o mejor la que provee el crudo
es la boya, mientras el buque es el encargado de alimentarse
del preciado oro negro colombiano.
El VLCC Front Crown tiene capacidad para dos millones
de barriles. En esta primera parada en Coveñas recibirá el
primer millón y posteriormente cargará otro millón más en
el puerto de Curazao. De allí, a su destino final: India. “Aquí vamos a cargar un millón de barriles de crudo
Castilla Blend y posteriormente el buque deberá dirigirse
a Curazao para completar su carga”, explicó Ricardo José Escalante, Loading Master de la operación. “La idea es optimizar
el costo de transporte, aprovechando plenamente la
capacidad de carga del buque para que llegue tanqueado al
puerto de destino”.
El ‘Kremlin’ en Coveñas
A pesar de acoger en el mismo lugar a rusos, ucranianos y
georgianos, el Front Crown está por encima de los conflictos
políticos que puedan atravesar las naciones de origen de
los miembros de la tripulación. Lo que les interesa a todos es cumplir con la tarea encomendada de cargar petróleo de
una manera ambientalmente responsable y además llegar a
tiempo, sanos y salvos, a cada uno de los destinos del buque
y a sus hogares cuando acaba su turno de trabajo.
Algunos miembros de la tripulación trabajan seis meses
seguidos, mientras otros lo hacen en turnos de 4 o 5 meses.
Luego descansan un lapso de tiempo similar al que estuvieron
en altamar.
Las provisiones son adquiridas cada dos meses, principalmente
en Houston, Arabia o India, que son los lugares donde
normalmente atracan en muelle y la tripulación puede
tocar tierra. En Coveñas por ejemplo, la tripulación nunca
toca tierra, ya que el cargue se realiza en altamar.
Aunque la comida se compra en el extranjero, el menú siempre es ruso. En la carta del cocinero jamás faltan el
borsh (sopa de vegetales rojos y carnes) o el Okroshka (otra
sopa de vegetales con carne). La prueba de la importancia
de los vegetales en el menú la tuvimos a la hora del desayuno:
nos sirvieron huevos con tajadas de tomate, pepino
y pimentón crudos. Los rusos no dejaron nada en el plato
mientras los colombianos escogimos cuidadosamente los
huevos y el pan.
Luego de desayunar, mientras esperábamos las treinta horas
que dura cargar un millón de barriles de petróleo, nos
dirigimos al cuarto de máquinas. En este espacio cuidado
celosamente por Vladimir Kleymenov, ingeniero en jefe del
buque, el ruido ensordecedor de los equipos contrastaba con
la apariencia lustrada y brillante de las máquinas.
A través de una escalera desde el cuarto de máquinas, cinco
pisos abajo, se llega a las calderas. No hacía falta visitarla:
las temperaturas allí dejan de ser medidas por nuestro
termostato.
Pese a estar en altamar, la tripulación no extraña mucho
su lugar de origen. O por lo menos, esa es la situación de varios
de ellos como Kleymenov, que aceptan, quizá con algo
de resignación, su destino de vivir la vida navegando aguas
arriba o aguas abajo, según el cronograma. Y no lo extrañan
porque creen que así viven mejor que con los salarios
que actualmente maneja el mercado ruso.
“¿Es cierto ese dicho popular de que los marineros tienen
un amor en cada puerto?”, pregunté entre risas. Kleymenov
dio un rotundo no, el mismo que minutos antes había dado
el capitán Petrov. Pese a su tajante respuesta, luego aceptó que parte de ese dicho era verdad, o por lo menos, que conocía
ciertas historias de marineros que habían perdido su
corazón en algún puerto.
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Las mono-boyas
No siempre el país estuvo en capacidad de cargar un millón de barriles y recibir
buques tipo VLC . El Front Crown es el cuarto buque VLCC que recibe
esa cantidad de crudo en aguas nacionales. Para poder cargar estos volúmenes
la mono-boya tuvo que ser reacondicionada técnicamente.
Colombia podría entregar un mayor volumen pero la operación se limita al
millón de barriles, debido a que deben respetarse los protocolos de seguridad
de boya. Esta es una mono-boya TL U2 que prohíbe superar las 185.000
toneladas equivalentes de desplazamiento máximo de agua. Las leyes de la
física indican que si la carga es mayor, el peso del agua y la corriente en la
operación podrían hacer que el buque arrancara la boya del suelo marino.
En la actualidad, Ecopetrol está realizando inversiones para adecuar la
mono-boya TL U-1, una de las tres mono-boyas del terminal. Gracias a ellas,
en Coveñas será posible cargar buques VLC con dos millones de barriles
de crudo. |
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El adiós
Una vez entregado el millón de barriles de crudo Castilla
en los contenedores del Front Crown, se procedió con la desconexión.
Un grupo distinto a los que habían conectado el
buque tuvo a su cargo soltar las mangueras. Y luego también
los amarres.
Lara subió nuevamente al puente de mando y una vez recibió la señal del Loading Master sacó el buque de la zona de
amarre para entregarlo de nuevo al capitán Petrov, quien
alistaba las cartas de navegación para llegar lo antes posible
a Curazao, su próxima parada.
Los colombianos bajamos de nuevo las escaleras hacia la
lancha que nos conduciría al puerto de Coveñas no sin antes
estrecharse las manos con la tripulación rusa como reconocimiento
de un trabajo bien hecho. Al final también
hubo tiempo para compartir una que otra sonrisa, el único
lenguaje común para todos.
El Front Crown dejó las aguas colombianas. Una despedida
sin lágrimas ni sinsabores. Y un millón de barriles de
crudo Castilla Blend se hicieron a la mar en las arcas de ese
gigante siempre sediento de petróleo.
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Puerto en expansión
Cuando de puertos se trata, los colombianos traemos a la memoria a Buenaventura, Cartagena y Santa Marta, pero no siempre incluimos
en nuestra lista a Coveñas y este puerto es, –desde 1985, cuando se iniciaron las exportaciones de Caño Limón– el de mayor
exportación petrolera del país.
| Año |
Número de cargues de
exportación desde Coveñas |
Volumen exportado
por cargue |
Volumen promedio
mensual exportado |
| 2006 |
7 buques |
500 mil barriles |
3,5 millones de barriles |
| 2009 (hasta noviembre, antes
del
cargue del buque de esta crónica) |
13 buques |
Entre 500 mil y
un millón de barriles |
8 millones de barriles |
En 3 años Coveñas duplicó sus volúmenes de exportación y los proyectos de expansión continúan. |

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De los ductos a las boyas
Al terminal de Coveñas llegan tres oleoductos llenos de
crudo procedente de los campos petroleros del país:
el Oleoducto Caño Limón-Coveñas, el Oleoducto de
Colombia (ODC ) y Ocensa.
La línea de Ocensa tiene 790 kilómetros que arrancan
en Cusiana y Cupiagua y alimentan la boya TL U-2, desde
la cual se realizó la carga del Front Crown.
“Hasta mayo de este año transportábamos 288 mil
barriles diarios, ahora vamos en 400 mil barriles y estamos
acondicionando el terminal para poder transportar
diariamente 560 mil barriles. La idea es dejarlo con una
puerta operativa para que en el mediano plazo podamos
transportar 700 mil barriles diarios. Esas adecuaciones
implican más unidades de bombeo y tanques de almacenamiento,
entre otras facilidades y en eso estamos
trabajando”, sostiene Miller González, coordinador de
gestión de Ocensa en el terminal de Coveñas. |
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