
Los arrecifes, que simulan unas
arquitecturas vivas en el fondo
del mar, se han sumergido a
profundidades de 15 a 20 metros.
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Arrecifes en el Golfo de Morrosquillo
Pesca petrolera
Con el aporte de Ecopetrol se construyeron 22 arrecifes y el ecosistema del
Golfo empieza a revivir. Las especies nativas de peces están regresando, vuelve
la seguridad a la operación petrolera y los pescadores mejoraron sus faenas.
Por Natalia Vega de Flórez
Dicen quienes conocen los ecosistemas marinos
que si los manglares son las sala-cunas
de miles de especies de la tierra, de los aires
y de los mares, los arrecifes bien pueden ser
los más maravillosos y exóticos parques de
diversiones en el lecho marino.
Si eso es cierto, el Golfo de Morrosquillo se está convirtiendo
en todo un conglomerado de parques de diversiones
para especies de mar: un Disneylandia submarino, gracias
a la intervención de un conjunto de 11 entidades públicas y
privadas entre las que se cuenta Ecopetrol, que tiene allí su
principal terminal de exportaciones.
El Golfo es compartido por los municipios de San Antero
(Córdoba), Tolú y Coveñas (Sucre). Este segundo chance de
vida se está posibilitando con el proyecto de construcción de
arrecifes, una de las 13 iniciativas para valorar, preservar y
conservar la biodiversidad en las cuales Ecopetrol está participando
actualmente en todo el país.
En todas estas iniciativas la empresa ha invertido más de
1.300 millones de pesos.
La meta es crear un centenar de arrecifes en 5 años. El proyecto
tuvo un piloto en 2000, arrancó en firme en 2005 y ya van 22 arrecifes sembrados. A finales de 2008 serán 30 más
y el proyecto avanza para conjurar un conjunto de problemas
que aquejaron al Golfo durante más de 20 años.
Érase una vez…
Alfonso Julio tiene 45 años de vida, casi todos capoteando
las olas con su bote frente a esa playa. Señala con su mano
larga y morena puntos específicos en el horizonte donde los
no entendidos sólo ven agua y gaviotas.
Es pescador, padre de 5 hijos y uno de los líderes de las
asociaciones que se han organizado para sacar adelante el
proyecto de convertir su pesca en un oficio mucho más rentable
y aprender a cuidar el Golfo para que cada día les entregue
más y mejor pescado.
Durante dos décadas Alfonso Julio y otros 1.200 pescadores
artesanales que viven del Golfo de Morrosquillo tuvieron
que enfrentar una dura realidad. Se estaban quedando
sin su medio de sustento y la razón principal era la ausencia
de conciencia ecológica en la zona: por un lado, la destrucción
de los manglares y, por el otro, la devastación forestal
de las riberas de los caños, los arroyos y los ríos, principalmente
del Sinú.

La segunda fase del programa consiste en el montaje de 2 acuarios
con especies marinas
de fauna y flora nativas, que podrán ser admiradas
por niños y jóvenes.
Fernando Delgado, líder HSE de Ecopetrol en Coveñas, recuerda
que al acabar con los manglares y talar indiscriminadamente
los bosques protectores de las riberas de los ríos y
arroyos, el ecosistema se desvertebró y prácticamente se vino
a pique. “Si no hay arbustos, árboles y plantas, nada puede
detener la tierra en su sitio ante las fuertes lluvias. El agua
lluvia y la tierra se convierten en un alud de lodo que corre
sin control al mar. Columnas de hasta tres metros de lodo
terminaron rodeando la desembocadura del Sinú”, dice.
¿La consecuencia inmediata? Ausencia total de oxígeno,
mortandad de peces y migración de los que quedan a
un lugar donde respirar y alimentarse. Y el lugar más cercano
que encontraron para reacomodarse fue el oleoducto
submarino y las boyas que hacen parte del terminal marítimo
de exportación de Ecopetrol, en el mismo Golfo frente
a Coveñas. De tiempo atrás se desarrollaron en ese lugar
arrecifes artificiales que con la situación del momento se sobrepoblaron
de peces.
“Pesca ya no quedaba, o quedaba muy poca. Todos nos
amontonábamos en los pocos espacios donde podíamos trabajar,
teníamos que emprender la faena muy temprano y estar
bajo este sol muchas horas”, –explica Julio−. Ahora ya
podemos salir los pescadores a repartirnos por ahí, la pesca
ha mejorado y ya no son tantas horas entre el mar”.

Los pescadores del golfo beneficiados por los arrecifes se organizaron en trece
asociaciones y han participado activamente en la mejora ambiental de la región.
Los pescadores descubrieron pronto que sólo allí podían
continuar trabajando de un modo relativamente productivo.
El problema era que ponían en alto riesgo su seguridad, pues
los buquetanques, que entran al terminal para cargar crudo,
llegan a pesar 20 mil toneladas y medir 240 metros de largo
por 42 de ancho, lo que les hace imposible ver y mucho menos
esquivar una pequeña embarcación pesquera.
Además, las operaciones de cargue están rodeadas de un
conjunto de rigurosos dispositivos contraincendios, de control
a otras posibles contingencias y de medidas tomadas en
torno a la responsabilidad ambiental. El acceso al terminal
está prohibido para personas ajenas a la operación petrolera,
así que los pescadores, para colmo, se encontraban infringiendo
permanentemente la ley al amarrar sus lanchas a las
monoboyas de amarre de los tanques y pescar allí.
Arquitecturas vivas
Pero en el problema mismo estaba la solución. Los arrecifes
artificiales eran la respuesta a la ausencia de peces, pero
no ubicados en el terminal marítimo en la zona de Coveñas,
sino fuera de él y a lo largo de todo el Golfo.
Los primeros dos arrecifes fueron sumergidos a manera
de prueba en el año 2000 y los resultados se empezaron a
dar en múltiples frentes. “Lo más valioso de este proyecto es
que es una iniciativa de responsabilidad integral con el entorno,
explica Rose Mary Henríquez, líder social de Ecopetrol
en el Golfo de Morrosquillo. Nos permite ganar a todos los
involucrados en muchos aspectos al mismo tiempo”.
En lo ambiental también se vieron resultados, porque
los peces empezaron a regresar masivamente. En seguridad
también, porque los pescadores abandonaron definitivamente
las áreas prohibidas. Y en lo socio-económico, porque las
faenas de pesca se hicieron más cortas y productivas y los
pescadores se sintieron motivados para involucrarse directamente
en el proyecto.
Esos primeros arrecifes sirvieron además para ajustar las
dimensiones inicialmente propuestas y para que las estructuras
se anclaran firmemente para hacerlas más altas.
Las estructuras actuales son tipo “erizo”, miden 6 metros de
alto por 6 de ancho, con cuatro patas de 3 metros de longitud
que se sumergen en el lodo. Cada una pesa 7 toneladas y está compuesta por 16 piezas de tubería unidas por 24 pasadores Están construidas con tubería y chatarra que se da de baja
cuando se hacen los mantenimientos a los oleoductos que
llegan al terminal. Esto constituye un beneficio ambiental y
económico, pues se construye con material reciclado.

La zona de Coveñas, donde se realiza la exportación de petróleo, se ha
convertido en un ejemplo de convivencia entre lo ambiental y lo operacional.
De esas arquitecturas vivas ya se han sumergido 20 desde
2005, a profundidades de 15 a 20 metros, y los pescadores
están recogiendo entre 18 y 20 kilos de pescado por faena.
La idea es iniciar en breve monitoreos regulares para alcanzar
y mantener el máximo nivel de pesca sostenible.
En 2008 se sumergirán 30 arrecifes, para lo cual Ecopetrol
entregará 3 mil metros de tubería.
Contando esos tubos, la mano de obra y la maquinaria
necesaria para sumergir cada estructura, esta nueva etapa
tiene un costo aproximado de 460 millones de pesos.
Atando cabos
Aunque todos los 1.200 pescadores que se calcula viven del
Golfo son beneficiarios del proyecto de una u otra manera,
los más involucrados son 300 que están organizados en 13
asociaciones y participan activamente en todo el proceso.
Con las corporaciones autónomas regionales del área
y la autoridad marítima Dimar se ha definido la distribución
ideal de los arrecifes en las aguas de los tres municipios que comparten el Golfo: Tolú, San Antero y Coveñas.
Además, los pescadores están permanentemente recibiendo
capacitación.
Para educar a los niños y jóvenes sobre la importancia de
cuidar ese maravilloso complejo submarino, la segunda fase
incluye el montaje de dos acuarios, uno en el Sena de Tolú y otro en el Centro de Investigaciones Oceanográficas de
Coveñas, con especies marinas de fauna y flora nativas.
Por lo pronto, para Alfonso Julio, el regreso de sábalos y
bonitos a esas aguas y el tamaño de los meros, las palometas
y las picudas (barracudas) son el mejor indicio de que
este Disney submarino se está enriqueciendo de visitantes
que no desean volver a irse. |