
Se dice que el 11 de noviembre de 1918,
cuando se descubrió el pozo Infantas I,
los vecinos se alarmaron al ver el chorro
de aceite negro que brotaba de la tierra
en todas las direcciones.
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La Cira−Infantas, el campo más legendario del país sigue productivo
Mis primeros
42 barriles
En 1918 el país conoció la producción inicial del pozo Infantas II,
que con el paso del tiempo daría vida a la historia petrolera de
Colombia y sería la semilla de Ecopetrol. Crónica de un campo
que, a sus 90 años, está vivito y produciendo.
Por Érika Contreras
Conocí a don Domingo Díaz un día miércoles.
Estaba sentado en frente de su casa, como
suele hacer todos los días a la hora en la que
el inclemente sol de Barrancabermeja empieza
a enrojecerse, como señal de la inminente
pérdida de su batalla con la noche.
Don Domingo, extrabajador petrolero, curiosamente llegó a la vida en 1918, justo el mismo año en que dio frutos
el pozo Infantas II, considerado el pozo descubridor de lo
que años después se llamaría el campo La Cira-Infantas. Los
trabajos iniciaron 2 años antes de la mano de la naciente
empresa norteamericana Tropical Oil Company (Troco), labores
que le fueron delegadas por el concesionario Roberto
de Mares.
La empresa Troco, en unión con la poderosa Stanford Oil
Company, arribó al puerto petrolero con sed de oro negro,
que empezaba a padecer Estados Unidos ante el acelerado
crecimiento de su industria
automotriz.
Los equipos de taladro comenzaron a perforar dos pozos
en 1917. El primero en terminarse fue el Infantas II,
que tuvo una producción inicial de 42 barriles.
Meses después nacieron los pozos Infantas I y III, el
primero perforado a una profundidad de 2.285 pies y con
una producción inicial de 2 mil barriles.
Se dice que ese día, el 11 de noviembre de 1918, cuando
abrió los ojos el Infantas I, hubo alarma entre los vecinos
del lugar, quienes no podían dar crédito a lo que
veían: un chorro de aceite negro, pegajoso e incontenible,
que salía disparado en todas las direcciones.
Meses antes, el 4 de agosto del mismo año, la población
de Santodomingo (Antioquia) recibía a un Domingo más. Éste, aportado por la familia Díaz y quien años después,
por azares del destino, terminaría trabajando en la Troco,
la nueva petrolera que para esa época de comienzos de siglo
se vislumbraba como la gran compañía extranjera con
asentamiento en Colombia.
Y así como el 12 de octubre de 1941 llamado por la sed
del dinero que se le atribuía al oro negro, arribó Domingo
Díaz a Barrancabermeja. Llegó en un barco bautizado Pedro
de Heredia que venía de La Dorada, Caldas, en un viaje alegre
por el Río Magdalena.
Los andinos como Domingo no fueron la mayoría. Pese
a la fuerte influencia santandereana y paisa, al Puerto llegaron
grupos de sabaneros (lugareños de Córdoba, Sincelejo
y Bolívar), quienes trajeron consigo la música de viento, las
tamboras y los bailes cantados, tradiciones que se mantienen
hoy en día.
En aquella época Barrancabermeja no era la ciudad pujante
que es hoy en día con industrias cada vez más fortalecidas,
una red hotelera más amplia, así como empresas
prestadoras de servicios y hasta la construcción de modernos
centros comerciales. El entonces poblado estaba conformado
por unas cuantas casas en medio del verde espesor de
las selvas del Magdalena Medio, ya que la mayor actividad
comercial se daba en el corregimiento El Centro.
“El hecho que para la entonces Troco lo prioritario fuera
la producción de petróleo determinó esas diferencias”, afirma el historiador Jorge Núñez. No importaba que desde
el 18 de febrero de 1922 existiera una pequeña refinería
que cargaba 1.500 barriles pues el recién creado municipio
de Barrancabermeja, no despertaba mayor interés para los
norteamericanos.
“Barranca no era nada. Nos metíamos en el Café Libertad
que era lo único que había, allí jugábamos billar y nos tomábamos
unas cuantas cervezas”, sostiene Díaz mientras
observa la calle del barrio Palmira donde vive desde hace
50 años y donde otrora no tenía vecinos. “Por aquí sólo habían
fincas, todo era monte”, asegura con los ojos puestos
en el ayer.
El Café Libertad no le duró mucho a Domingo Díaz.
Luego de 43 años de servicio, cerró sus puertas en 1944 y
jamás volvió a abrir.
El esplendor de los 40
El 3 de enero de 1942 la Troco recibió a un nuevo albañil,
quien todos los días, en compañía de los demás trabajadores,
tomaba el tren que lo conduciría de Barrancabermeja
al corregimiento El Centro. En su morral llevaba la ropa de
dotación para trabajar y el infaltable lonche.
Los trabajadores partían a las 4:30 de la mañana, llegaban
al casino a desayunar sobre las 5 a.m. para iniciar a laborar
a las 6 en punto. Sesenta y seis años después, la costumbre
sigue intacta y todavía es común ver buses que parten
a la misma hora desde la ciudad hasta el Corregimiento El
Centro. A las 2 de la mañana el casino comienza a trabajar
para abrir las puertas a sus comensales a las 5 de la mañana,
en un ritual que sigue vigente salvo porque ahora es administrado
por un operador de alimentación externo.

En la década de los
años 20 este era el
hidroavión utilizado
por las compañías
petroleras en
Barrancabermeja.
Domingo Díaz no recuerda cuántos trabajadores tenía la
Troco por los años 40. “Sólo me acuerdo que yo trabajaba
en el grupo 59, ahí teníamos de jefe a Mister Fred, quien
era el jefe grande y a Mister Keneth, quien era el supervisor”,
complementa.
Hoy en el campo La Cira-Infantas las cifras de empleo
han superado todos los imaginarios. En 2007 se generaron
1.394 ocupaciones y en lo corrido del año 2008 van en promedio
de 3.100 ocupaciones por mes.
Se trata de un renacer que comenzó desde el año 2005,
cuando se firmó un contrato de colaboración empresarial con
la Occidental Andina a fin de recuperar 150 millones de barriles
de reservas adicionales, para ayudar a frenar la caída
de la producción de petróleo en el país y extender la fecha
de la pérdida de la autosuficiencia petrolera.
En los años 40, durante la época dorada del campo, se
producían unos 60 mil barriles diarios. Ahora, gracias a los
trabajos de producción incremental, el campo produce 20
mil barriles por día, la misma cifra que hace 30 años. El resultado
es muy exitoso teniendo en cuenta que en 2005 se
estaban produciendo 5 mil barriles por día, la cifra más baja
de la historia, debido al proceso de declinación que estaba
sufriendo el campo.
De acuerdo a lo planeado, este año se esperan perforar
144 pozos y realizar 287 trabajos de workover. Una actividad
que no sólo impulsa significativamente la producción de
petróleo, sino que adicionalmente impacta de manera positiva
en la economía local y regional, al existir una mayor
demanda de bienes y servicios, mayor nivel de ocupación y
más dinero circulante.
El día a día
Como ahora, hace 70 años la jornada se iniciaba puntual.
Cada uno revisaba las tareas que debía adelantar en el día, muchos de ellos organizados en grupos y otros como
Domingo en solitario, pues no comulgaban con el trabajo
grupal.
“Trabajaba mejor así, porque en grupo uno terminaba haciéndole
el trabajo a los demás y a mí no me gustaba ganarle
el sueldo a otros”, dice Domingo con tono firme, como si
tuviera como interlocutor a uno de sus ex jefes.
Algo muy parecido al spanglish comenzó a crearse en El
Centro por los años 40, en un intento por facilitar la comunicación
entre norteamericanos y colombianos. “Los gringos
nos hablaban en un español ‘chapoteado’ y nos tocaba
entendernos a señas. Los obreros hacíamos de todo lo que
nos tocara y sabíamos que estaba bien cuando nos decían ‘All right’”, dice Domingo en un inglés primitivo.
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Hoy en día la
producción de La
Cira-Infantas se
acerca a los 20 mil
barriles diarios. |
La disminución en la producción del campo se hizo incontenible hasta el
año 2005, cuando Ecopetrol y la Occidental se aliaron estratégicamente
para revivir el yacimiento mediante la inversión de 300 millones de dólares. |
La “segunda” independencia
Con la llegada de los 50 se vivieron en Colombia aires de
segunda independencia, esta vez por cuenta del crudo. El
nacimiento en 1951 de la entonces Empresa Colombiana de
Petróleos, hoy Ecopetrol S.A., fue recibido por los barramejos
en medio de sirenas, pólvora y algarabía. Diciembre se
anticipó ese año y llegó el 25 de agosto con el regalo de la
reversión de la Concesión de Mares.
Domingo recuerda ese día perfectamente, “las sirenas sonando,
los fuegos artificiales y la algarabía propios de una
fiesta”, asegura.
Ese hecho partió en dos la historia del petróleo en
Colombia. A partir de entonces se adelantaron esfuerzos
para mantener la operación de la naciente Ecopetrol; para
ello se construyó una carretera a Barrancabermeja, se renovaron
equipos y se sostuvieron las inversiones.
Con la finalización de la Troco y el comienzo de Ecopetrol
muchos de los ‘gringos’ se fueron y otros se quedaron, algunos
para siempre, prueba de ello es el cementerio de los norteamericanos,
que aún existe como una atracción turística.
El nacimiento de Ecopetrol también impulsó la refinación
en Colombia. Un proceso necesario ante el continuo aumento
de población de las ciudades que demandaban un mayor
número de barriles de combustible.
Las ampliaciones de la Refinería de Barrancabermeja
en la década de los 60 trajo consigo la segunda gran migración,
esta vez no desde barcos a vapor, sino a través
del ferrocarril.
Por los años 80, en el corregimiento El Centro se empezaron
a adelantar proyectos de inyección de agua para mantener
la producción, pues se avecinaba la caída del otrora
gigante. La disminución del número de barriles se hizo incontenible
en los 90 hasta llegar a su menor expresión en
2005, cuando el campo La Cira Infantas sólo aportaba el 1%
de la producción del país. Fue precisamente ese mismo año
cuando se le dio un nuevo aire al campo.
Desde entonces se han invertido más de 300 millones
de dólares al campo, lo que le ha devuelto 30 años de juventud.
Miles de trabajadores continúan esforzándose por
lograr el sueño de volver a producir los 60 mil barriles de
petróleo que se extraían en los años 40, la época dorada
de La Cira Infantas y de Domingo Díaz, el antioqueño
que se enamoró de las tierras bermejas y que se quedó para siempre.
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El resurgimiento de la región
Hoy por hoy, el Magdalena Medio es uno de los pilares geográficos
más importantes en la inversión de Ecopetrol en las áreas
de exploración y producción. Campos como Casabe, Cantagallo,
Llanito y, por supuesto, La Cira-Infantas son objeto de inversiones
que en 2008 se acercan a los 600 millones de dólares.
El gerente Regional del Magdalena Medio de Ecopetrol, Rafael
Enoc Ospino, indica que este año en esa región se van a perforar
383 pozos que corresponden al 74% de las operaciones en
el país.
“Esta región se ha convertido en una oportunidad para crecer”,
señala, al indicar que la gran mayoría de campos productores ha
mostrado un resurgimiento significativo en los últimos años.
En el caso de la Cira-Infantas a finales del primer semestre se
tenía una producción aproximada de 16.000 barriles por día, pero
el objetivo es terminar el año con niveles cercanos a los 25.000
barriles por día.
“Con el esfuerzo técnico y la inversión que vienen haciendo
de Occidental y Ecopetrol, se tiene el firme propósito de llegar en
2011 al potencial máximo de producción, 50.000 ó 60.000 barriles
por día, es decir los mismos niveles que tuvo el campo en sus
mejores épocas”, concluye Ospino. |

La imagen corresponde a una de las primeras estaciones de servicio
de Colombia, localizada en la región del Magdalena Medio.
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