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Carta Petrolera
EDICIÓN 119
Agosto - Septiembre 2008


Se dice que el 11 de noviembre de 1918, cuando se descubrió el pozo Infantas I, los vecinos se alarmaron al ver el chorro de aceite negro que brotaba de la tierra en todas las direcciones.

 

La Cira−Infantas, el campo más legendario del país sigue productivo

Mis primeros 42 barriles

En 1918 el país conoció la producción inicial del pozo Infantas II, que con el paso del tiempo daría vida a la historia petrolera de Colombia y sería la semilla de Ecopetrol. Crónica de un campo que, a sus 90 años, está vivito y produciendo.

Por Érika Contreras

Conocí a don Domingo Díaz un día miércoles. Estaba sentado en frente de su casa, como suele hacer todos los días a la hora en la que el inclemente sol de Barrancabermeja empieza a enrojecerse, como señal de la inminente pérdida de su batalla con la noche.

Don Domingo, extrabajador petrolero, curiosamente llegó a la vida en 1918, justo el mismo año en que dio frutos el pozo Infantas II, considerado el pozo descubridor de lo que años después se llamaría el campo La Cira-Infantas. Los trabajos iniciaron 2 años antes de la mano de la naciente empresa norteamericana Tropical Oil Company (Troco), labores que le fueron delegadas por el concesionario Roberto de Mares.

La empresa Troco, en unión con la poderosa Stanford Oil Company, arribó al puerto petrolero con sed de oro negro, que empezaba a padecer Estados Unidos ante el acelerado crecimiento de su industria automotriz.

Los equipos de taladro comenzaron a perforar dos pozos en 1917. El primero en terminarse fue el Infantas II, que tuvo una producción inicial de 42 barriles. Meses después nacieron los pozos Infantas I y III, el primero perforado a una profundidad de 2.285 pies y con una producción inicial de 2 mil barriles.

Se dice que ese día, el 11 de noviembre de 1918, cuando abrió los ojos el Infantas I, hubo alarma entre los vecinos del lugar, quienes no podían dar crédito a lo que veían: un chorro de aceite negro, pegajoso e incontenible, que salía disparado en todas las direcciones.

Meses antes, el 4 de agosto del mismo año, la población de Santodomingo (Antioquia) recibía a un Domingo más. Éste, aportado por la familia Díaz y quien años después, por azares del destino, terminaría trabajando en la Troco, la nueva petrolera que para esa época de comienzos de siglo se vislumbraba como la gran compañía extranjera con asentamiento en Colombia.

Y así como el 12 de octubre de 1941 llamado por la sed del dinero que se le atribuía al oro negro, arribó Domingo Díaz a Barrancabermeja. Llegó en un barco bautizado Pedro de Heredia que venía de La Dorada, Caldas, en un viaje alegre por el Río Magdalena.

Los andinos como Domingo no fueron la mayoría. Pese a la fuerte influencia santandereana y paisa, al Puerto llegaron grupos de sabaneros (lugareños de Córdoba, Sincelejo y Bolívar), quienes trajeron consigo la música de viento, las tamboras y los bailes cantados, tradiciones que se mantienen hoy en día.

En aquella época Barrancabermeja no era la ciudad pujante que es hoy en día con industrias cada vez más fortalecidas, una red hotelera más amplia, así como empresas prestadoras de servicios y hasta la construcción de modernos centros comerciales. El entonces poblado estaba conformado por unas cuantas casas en medio del verde espesor de las selvas del Magdalena Medio, ya que la mayor actividad comercial se daba en el corregimiento El Centro.

“El hecho que para la entonces Troco lo prioritario fuera la producción de petróleo determinó esas diferencias”, afirma el historiador Jorge Núñez. No importaba que desde el 18 de febrero de 1922 existiera una pequeña refinería que cargaba 1.500 barriles pues el recién creado municipio de Barrancabermeja, no despertaba mayor interés para los norteamericanos.

“Barranca no era nada. Nos metíamos en el Café Libertad que era lo único que había, allí jugábamos billar y nos tomábamos unas cuantas cervezas”, sostiene Díaz mientras observa la calle del barrio Palmira donde vive desde hace 50 años y donde otrora no tenía vecinos. “Por aquí sólo habían fincas, todo era monte”, asegura con los ojos puestos en el ayer.

El Café Libertad no le duró mucho a Domingo Díaz. Luego de 43 años de servicio, cerró sus puertas en 1944 y jamás volvió a abrir.

El esplendor de los 40

El 3 de enero de 1942 la Troco recibió a un nuevo albañil, quien todos los días, en compañía de los demás trabajadores, tomaba el tren que lo conduciría de Barrancabermeja al corregimiento El Centro. En su morral llevaba la ropa de dotación para trabajar y el infaltable lonche.

Los trabajadores partían a las 4:30 de la mañana, llegaban al casino a desayunar sobre las 5 a.m. para iniciar a laborar a las 6 en punto. Sesenta y seis años después, la costumbre sigue intacta y todavía es común ver buses que parten a la misma hora desde la ciudad hasta el Corregimiento El Centro. A las 2 de la mañana el casino comienza a trabajar para abrir las puertas a sus comensales a las 5 de la mañana, en un ritual que sigue vigente salvo porque ahora es administrado por un operador de alimentación externo.


En la década de los años 20 este era el hidroavión utilizado por las compañías
petroleras en Barrancabermeja.

Domingo Díaz no recuerda cuántos trabajadores tenía la Troco por los años 40. “Sólo me acuerdo que yo trabajaba en el grupo 59, ahí teníamos de jefe a Mister Fred, quien era el jefe grande y a Mister Keneth, quien era el supervisor”, complementa.

Hoy en el campo La Cira-Infantas las cifras de empleo han superado todos los imaginarios. En 2007 se generaron 1.394 ocupaciones y en lo corrido del año 2008 van en promedio de 3.100 ocupaciones por mes.

Se trata de un renacer que comenzó desde el año 2005, cuando se firmó un contrato de colaboración empresarial con la Occidental Andina a fin de recuperar 150 millones de barriles de reservas adicionales, para ayudar a frenar la caída de la producción de petróleo en el país y extender la fecha de la pérdida de la autosuficiencia petrolera.

En los años 40, durante la época dorada del campo, se producían unos 60 mil barriles diarios. Ahora, gracias a los trabajos de producción incremental, el campo produce 20 mil barriles por día, la misma cifra que hace 30 años. El resultado es muy exitoso teniendo en cuenta que en 2005 se estaban produciendo 5 mil barriles por día, la cifra más baja de la historia, debido al proceso de declinación que estaba sufriendo el campo.

De acuerdo a lo planeado, este año se esperan perforar 144 pozos y realizar 287 trabajos de workover. Una actividad que no sólo impulsa significativamente la producción de petróleo, sino que adicionalmente impacta de manera positiva en la economía local y regional, al existir una mayor demanda de bienes y servicios, mayor nivel de ocupación y más dinero circulante.

El día a día

Como ahora, hace 70 años la jornada se iniciaba puntual. Cada uno revisaba las tareas que debía adelantar en el día, muchos de ellos organizados en grupos y otros como Domingo en solitario, pues no comulgaban con el trabajo grupal.

“Trabajaba mejor así, porque en grupo uno terminaba haciéndole el trabajo a los demás y a mí no me gustaba ganarle el sueldo a otros”, dice Domingo con tono firme, como si tuviera como interlocutor a uno de sus ex jefes. Algo muy parecido al spanglish comenzó a crearse en El Centro por los años 40, en un intento por facilitar la comunicación entre norteamericanos y colombianos. “Los gringos nos hablaban en un español ‘chapoteado’ y nos tocaba entendernos a señas. Los obreros hacíamos de todo lo que nos tocara y sabíamos que estaba bien cuando nos decían ‘All right’”, dice Domingo en un inglés primitivo.

Hoy en día la producción de La Cira-Infantas se acerca a los 20 mil barriles diarios.

La disminución en la producción del campo se hizo incontenible hasta el año 2005, cuando Ecopetrol y la Occidental se aliaron estratégicamente para revivir el yacimiento mediante la inversión de 300 millones de dólares.


La “segunda” independencia


Con la llegada de los 50 se vivieron en Colombia aires de segunda independencia, esta vez por cuenta del crudo. El nacimiento en 1951 de la entonces Empresa Colombiana de Petróleos, hoy Ecopetrol S.A., fue recibido por los barramejos en medio de sirenas, pólvora y algarabía. Diciembre se anticipó ese año y llegó el 25 de agosto con el regalo de la reversión de la Concesión de Mares.

Domingo recuerda ese día perfectamente, “las sirenas sonando, los fuegos artificiales y la algarabía propios de una fiesta”, asegura.

Ese hecho partió en dos la historia del petróleo en Colombia. A partir de entonces se adelantaron esfuerzos para mantener la operación de la naciente Ecopetrol; para ello se construyó una carretera a Barrancabermeja, se renovaron equipos y se sostuvieron las inversiones.

Con la finalización de la Troco y el comienzo de Ecopetrol muchos de los ‘gringos’ se fueron y otros se quedaron, algunos para siempre, prueba de ello es el cementerio de los norteamericanos, que aún existe como una atracción turística.

El nacimiento de Ecopetrol también impulsó la refinación en Colombia. Un proceso necesario ante el continuo aumento de población de las ciudades que demandaban un mayor número de barriles de combustible.

Las ampliaciones de la Refinería de Barrancabermeja en la década de los 60 trajo consigo la segunda gran migración, esta vez no desde barcos a vapor, sino a través del ferrocarril.

Por los años 80, en el corregimiento El Centro se empezaron a adelantar proyectos de inyección de agua para mantener la producción, pues se avecinaba la caída del otrora gigante. La disminución del número de barriles se hizo incontenible en los 90 hasta llegar a su menor expresión en 2005, cuando el campo La Cira Infantas sólo aportaba el 1% de la producción del país. Fue precisamente ese mismo año cuando se le dio un nuevo aire al campo.

Desde entonces se han invertido más de 300 millones de dólares al campo, lo que le ha devuelto 30 años de juventud. Miles de trabajadores continúan esforzándose por lograr el sueño de volver a producir los 60 mil barriles de petróleo que se extraían en los años 40, la época dorada de La Cira Infantas y de Domingo Díaz, el antioqueño que se enamoró de las tierras bermejas y que se quedó para siempre.

   

El resurgimiento de la región

Hoy por hoy, el Magdalena Medio es uno de los pilares geográficos más importantes en la inversión de Ecopetrol en las áreas de exploración y producción. Campos como Casabe, Cantagallo, Llanito y, por supuesto, La Cira-Infantas son objeto de inversiones que en 2008 se acercan a los 600 millones de dólares.

El gerente Regional del Magdalena Medio de Ecopetrol, Rafael Enoc Ospino, indica que este año en esa región se van a perforar 383 pozos que corresponden al 74% de las operaciones en el país.

“Esta región se ha convertido en una oportunidad para crecer”, señala, al indicar que la gran mayoría de campos productores ha mostrado un resurgimiento significativo en los últimos años. En el caso de la Cira-Infantas a finales del primer semestre se tenía una producción aproximada de 16.000 barriles por día, pero el objetivo es terminar el año con niveles cercanos a los 25.000 barriles por día.

“Con el esfuerzo técnico y la inversión que vienen haciendo de Occidental y Ecopetrol, se tiene el firme propósito de llegar en 2011 al potencial máximo de producción, 50.000 ó 60.000 barriles por día, es decir los mismos niveles que tuvo el campo en sus mejores épocas”, concluye Ospino.


La imagen corresponde a una de las primeras estaciones de servicio
de Colombia, localizada en la región del Magdalena Medio.



































































































































De las gigantescas máquinas que se utilizaban hace 90 años en el campo, hoy solo queda el recuerdo.

 
   
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