
|
“ESTAMOS ATACANDO LA
CADENA DEL HURTO”
General, ¿cuál es el
parte oficial en el tema de hurto?
Al cierre de marzo estábamos en 3.278 barriles diarios, sin
hurto de nafta, y en 3.727 con hurto de nafta, lo que siginifica
una reducción de 49%; es decir, estamos por la meta establecida
para el presente año de bajar el hurto a 3.000 barriles/día.
¿A qué atribuye la reducción
tan notable en las cifras de hurto?
El éxito se debe fundamentalmente a un programa bien concebido
y bien concertado entre los organismos de fiscalización del
Estado y la Fuerza Pública, especialmente con la Policía
Nacional. Ese acercamiento permitió detectar todas las implicaciones
del fenómeno.
¿Cuáles son las ramificaciones
del hurto?
La cadena delictiva que gira alrededor del tema del hurto de hidrocarburos
tiene una serie de eslabones que se inicia con la instalación
de la válvula ilícita en cualquier tramo del poliducto,
luego prosigue con los centros de acopio que se ubican en fincas,
en estaciones de servicio, en caletas, en tanques, en conexiones
clandestinas de tuberías que van a barrios marginales; continúa
con el tema de la distribución y comercialización,
y prosigue con la recolección de los dineros que hacen las
organizaciones al margen de la ley.
Con tantos tentáculos, ¿cómo
han abordado el control de este delito?
Debemos atacar toda la cadena. Por eso, inicialmente en la Dijín
se creó un grupo especial que se ha venido consolidando y
lo último fue el grupo antihidrocarburos, que creamos el
18 de marzo. Ese grupo está compuesto por 348 efectivos de
Policía para trabajar en las siete zonas que hemos definido
las más críticas, especialmente en el Magdalena Medio
santandereano y en Cundinamarca.
¿Se trata de una organización
con similitudes a las de un cartel de la droga?
Yo no le daría la misma denominación, pero ha sucedido
algo muy parecido al fenómeno de los narcóticos en
Colombia, pues el hurto de hidrocarburos empezó muy incipiente,
no se le prestó atención y cuando nos dimos cuenta
había crecido demasiado. Si miramos las estadísticas,
en 1992 las pérdidas de combustibles eran mínimas,
pero en el 2002 estaban en 7.270 barriles diarios. Por fortuna con
estas medidas y operaciones evitamos que crezca como lo hizo el
narcotráfico en Colombia.
¿Quién está detrás
del hurto?
El 90% del hurto está dirigido por las AUC y el otro 10%
esta constituido por delincuencia común, es decir gente del
común. Pero lo principal son las AUC porque tienen la infraestructura.
Ya tenemos identificadas las estructuras de este negocio por regiones.
Estamos dedicando todos nuestros esfuerzos al desmembramiento de
las estructuras y en ello ha sido muy importante la participación
de la Fiscalía.
¿Qué papel juegan las delaciones?
Alrededor de este tema gira un problema de tipo social, especialmente
en Barranca, pues se dice que alrededor de 60 mil personas dependen
del hurto de combustibles.
Ellos se encargan de la comercialización y distribución,
ya que habitan los sectores marginales por donde atraviesa el poliducto
y han encontrado en la ejecución de este delito una especie
de modus vivendi. Estas personas —conocidas como pimpineros—
son explotadas por las estructuras de las AUC dedicadas a este delito.
Les pagan unas sumas ínfimas y la gente humilde extrae el
combustible, lo vende y le entrega el dinero a la organización.
La gente, por la necesidad, lo acepta.
¿Qué es lo más aberrante
que usted ha visto alrededor de este delito?
En la ciénaga de San Esteban, en Barranca, había una
tubería de más de cinco kilómetros por debajo
del agua y se pudo observar la gran contaminación de una
ciénaga que utilizan los pescadores para su sustento.
¿Cree que la gente no dimensiona los riesgos?
La gente no ha medido el riesgo. Se ve en los barrios marginales
cómo las válvulas están en las habitaciones.
En cualquier momento puede haber un incendio.
 |
|