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EL ‘AVIÓN’ DE GUANDO
No es un pájaro, pero cuando está trabajando parece
desplegar alas. No es Superman, pero tiene compuestos de acero.
Lo cierto es que fue concebido y desarrollado para trabajar en las
profundidades de la tierra y pese a ello le dicen “el avión”.
Lo cual, también es una paradoja, porque no hace el ruido
de estos.
Se trata del taladro G-102, de fabricación italiana, que
llegó a Melgar (Tolima) hace más de un año
para darle impulso a la perforación del campo Guando y que,
hoy por hoy, es una de las aplicaciones tecnológicas más
revolucionarias en Colombia y en el mundo.
Fue traído en diciembre de 2002, tras varios estudios técnicos
que lo mostraban como la mejor alternativa para optimizar la perforación
en Guando, campo que estaba a punto de pasar de un desarrollo precomercial
a una etapa de producción incremental fuerte, en la que se
iba a requerir un programa de explotación intenso.
El taladro utilizado hasta ese momento en el campo era del tipo
convencional, que tardaba aproximadamente tres semanas en la perforación
de cada pozo de 3.600 pies de profundidad. Por eso, desde un comienzo
el G-102 superó todas las expectativas.
Además del ahorro en costos, representado en la operación
automática y la flexibilidad de movilización y eficiencia,
también demostró reducción de los índices
de accidentalidad, dado que este tipo de tecnología no requiere
personal trabajando en la mesa de perforación, como cuñeros
y encuelladores.
Así, a un mes de su llegada comenzó a perforar a razón
de un pozo direccional por semana, lo que le valió el que
se comenzará a conocer como “el avión”.
Los ingenieros encargados por parte de Ecopetrol del seguimiento
al desarrollo del campo recuerdan que el equipo convencional perforaba
cada pozo a un costo promedio de US$1,3 millones. El avión
bajó esos gastos a US$500 mil por pozo; en gran medida por
el equipo en sí, por el ahorro en costos de servicios, por
su manejo semiautomatizado y por la optimización en otros
servicios necesarios para la perforación.
La velocidad a la que se perforaron los pozos coincidió con
la entrada en operación, luego de una construcción
en tiempo récord, del oleoducto Guando Chicoral, lo que permitió
empezar a evacuar el flujo de petróleo explotado a tasas
cada vez mayores de las inicialmente programadas. Todo lo anterior
redundó en economías para el proyecto y dio garantías
sobre su viabilidad económica.
Hoy, Guando tiene una producción promedio de 23 mil barriles
por día, que lo convierte en el quinto campo productor de
Colombia, superado principalmente por los grandes del piedemonte
llanero y de Arauca: Cusiana, Cupiagua y Caño Limón,
cuyas ratas de extracción se acercan a los 100 mil barriles
por día.
Esos niveles de producción en el campo tolimense se deben,
en gran medida, a esta tecnología de punta. No en vano, el
avión es el orgullo de todos los que trabajan en Guando:
tanto de quienes suscribieron el contrato de Asociación Boquerón
(Ecopetrol, la brasilera Petrobras y la canadiense Nexen) como de
su operador (Petreven, de Italia).
EL VIEJITO Y EL NUEVO
Durante el año y cuatro meses de operación, el taladro
G-102 ha hecho que los costos en que se incurrió para traerlo,
así como cada día de alquiler —entre 15% y 20%
mayor que el de un equipo convencional— se hayan justificado
con creces, pues son muchos los ahorros que ha generado en todos
los aspectos.
(Ver infografía) Y es que sus ventajas han permitido elevar
significativamente los niveles de rapidez y eficiencia de la perforación
en el campo Guando.
Los ingenieros de Petrobras recuerdan que en los programas iniciales
se tenía previsto perforar 12 pozos por año con el
equipo convencional. Una vez llegó el avión, no sólo
perforó esos pozos en apenas cinco meses sino que durante
todo el año pasado hizo 31 pozos; es decir, la cantidad que
el taladro estándar hubiera logrado en más de dos
años.
Los factores más notorios, en los que saltan a la vista sus
ventajas respecto a los taladros tradicionales, son la disminución
en tiempos de movilización y el hecho de que sea un equipo
semiautomático.
El desarme de todo el taladro se toma cerca de un día y su
montaje es relativamente sencillo, pues no ocupa más que
la cuarta parte de una cancha de fútbol.
Su transporte es moderno, toda vez que la mayoría de las
cargas están adaptadas con ruedas que agilizan este proceso.
De ahí que al ser movilizado se vea como un gran trailer
o una especie de carro de bomberos.
Además, la flexibilidad de sus componentes y el poco espacio
que requiere para maniobrar permiten que en una misma isla o plataforma
se puedan perforar varios pozos. En la visita de Carta Petrolera
de mediados de marzo, el taladro G-102 se encontraba perforando
el sexto pozo (el Guando 73) en una isla de 4 mil metros cuadrados,
la cual inicialmente había sido construida para perforar
apenas dos pozos.
“Cuando lo presentamos a Petrobras se dieron cuenta que era
pequeño y se adaptaba bien al campo Guando para trabajar
en islas que tienen un tamaño limitado”, señala
el gerente de operaciones para Latinoamérica de Petreven,
la firma que se encarga de operarlo.
El avión ya había perforado 35 pozos en Venezuela
antes de ser traído a Colombia, y en Guando se quedará
hasta completar el programa aprobado por los socios. Este es el
más pequeño de los que dispone Petreven, ya que hay
taladros de mayor capacidad y mayor automatización que están
trabajando en otros países latinoamericanos.
El taladro ha permitido conocer nuevas aplicaciones, pero también
su aporte debe medirse en transferencia tecnológica. “Nos
ha enseñado a optimizar la perforación de Guando.
Con este taladro hemos dado en el punto justo en el uso de brocas
y otros servicios para llevar la perforación a niveles de
cinco días por pozo, que es el tiempo más rápido
de perforación impuesto por el avión”, dicen
los técnicos en el campo.
De igual forma, los lodos utilizados han sido mejorados en aras
de lograr una mejor penetración en las rocas. Otra de sus
grandes ventajas es que prácticamente no se siente cuando
está en plena operación. “Uno se puede hacer
al lado del generador y habla con tranquilidad; eso no ocurre con
los taladros estándar”, relata el supervisor del Departamento
de Seguridad, Medio Ambiente y Salud de Petreven en el campo.
El equipo es insonorizado, lo cual trae muchos beneficios pues,
como se sabe, el municipio de Melgar es uno de los principales destinos
turísticos en el centro del país.
Y es que más allá de las expectativas normales que
pueden rodear un proyecto petrolero, en Melgar se han adoptado medidas
excepcionales para blindar los recursos provenientes de la explotación
de Guando. “Hacemos consejos comunales cada 15 días
con la mayor presencia de los líderes de la población,
tanto del área rural como urbana, y con la participación
activa de la veeduría”, explica el alcalde Moisés
Carreño.

EL ‘AVIÓN’ POR DENTRO
El G-102, la referencia técnica de este taladro, se ha convertido
en la novedad tecnológica del último año en
la industria petrolera colombiana, acostumbrada, desde su nacimiento,
a ver, escuchar y trabajar con taladros convencionales operados
mecánicamente y apoyados por personal cerca de la mesa rotaria.
El hecho de no necesitar los cuñeros, que tradicionalmente
manipulan la tubería, ha hecho que la operación sea
altamente segura y que los accidentes en la mesa rotaria no se presenten.
Provisto de una torre telescópica, el taladro se controla
desde una caseta aledaña donde se ubica un operador, que
maneja cada una de las 50 palancas a su disposición y monitorea
el proceso a través de un sistema computarizado, el MWV,
que indica dónde va el pozo y hace la lectura pie a pie de
la perforación. Además este tipo de taladros, de los
cuales Petreven tiene cinco alquilados en diferentes campos venezolanos,
se adapta por igual a todo tipo de proyectos de perforación.
“Se trata de una magnífica alternativa para aquellos
campos marginales y someros porque reduce costos y tiempos”,
señala el gerente para Colombia de la firma venezolana dueña
del taladro.
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