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Carta Petrolera
EDICIÓN 108 abril - mayo


 


EL ‘AVIÓN’ DE GUANDO

No es un pájaro, pero cuando está trabajando parece desplegar alas. No es Superman, pero tiene compuestos de acero. Lo cierto es que fue concebido y desarrollado para trabajar en las profundidades de la tierra y pese a ello le dicen “el avión”. Lo cual, también es una paradoja, porque no hace el ruido de estos.
Se trata del taladro G-102, de fabricación italiana, que llegó a Melgar (Tolima) hace más de un año para darle impulso a la perforación del campo Guando y que, hoy por hoy, es una de las aplicaciones tecnológicas más revolucionarias en Colombia y en el mundo.
Fue traído en diciembre de 2002, tras varios estudios técnicos que lo mostraban como la mejor alternativa para optimizar la perforación en Guando, campo que estaba a punto de pasar de un desarrollo precomercial a una etapa de producción incremental fuerte, en la que se iba a requerir un programa de explotación intenso.
El taladro utilizado hasta ese momento en el campo era del tipo convencional, que tardaba aproximadamente tres semanas en la perforación de cada pozo de 3.600 pies de profundidad. Por eso, desde un comienzo el G-102 superó todas las expectativas.
Además del ahorro en costos, representado en la operación automática y la flexibilidad de movilización y eficiencia, también demostró reducción de los índices de accidentalidad, dado que este tipo de tecnología no requiere personal trabajando en la mesa de perforación, como cuñeros y encuelladores.
Así, a un mes de su llegada comenzó a perforar a razón de un pozo direccional por semana, lo que le valió el que se comenzará a conocer como “el avión”.
Los ingenieros encargados por parte de Ecopetrol del seguimiento al desarrollo del campo recuerdan que el equipo convencional perforaba cada pozo a un costo promedio de US$1,3 millones. El avión bajó esos gastos a US$500 mil por pozo; en gran medida por el equipo en sí, por el ahorro en costos de servicios, por su manejo semiautomatizado y por la optimización en otros servicios necesarios para la perforación.
La velocidad a la que se perforaron los pozos coincidió con la entrada en operación, luego de una construcción en tiempo récord, del oleoducto Guando Chicoral, lo que permitió empezar a evacuar el flujo de petróleo explotado a tasas cada vez mayores de las inicialmente programadas. Todo lo anterior redundó en economías para el proyecto y dio garantías sobre su viabilidad económica.
Hoy, Guando tiene una producción promedio de 23 mil barriles por día, que lo convierte en el quinto campo productor de Colombia, superado principalmente por los grandes del piedemonte llanero y de Arauca: Cusiana, Cupiagua y Caño Limón, cuyas ratas de extracción se acercan a los 100 mil barriles por día.
Esos niveles de producción en el campo tolimense se deben, en gran medida, a esta tecnología de punta. No en vano, el avión es el orgullo de todos los que trabajan en Guando: tanto de quienes suscribieron el contrato de Asociación Boquerón (Ecopetrol, la brasilera Petrobras y la canadiense Nexen) como de su operador (Petreven, de Italia).

EL VIEJITO Y EL NUEVO


Durante el año y cuatro meses de operación, el taladro G-102 ha hecho que los costos en que se incurrió para traerlo, así como cada día de alquiler —entre 15% y 20% mayor que el de un equipo convencional— se hayan justificado con creces, pues son muchos los ahorros que ha generado en todos los aspectos.
(Ver infografía) Y es que sus ventajas han permitido elevar significativamente los niveles de rapidez y eficiencia de la perforación en el campo Guando.
Los ingenieros de Petrobras recuerdan que en los programas iniciales se tenía previsto perforar 12 pozos por año con el equipo convencional. Una vez llegó el avión, no sólo perforó esos pozos en apenas cinco meses sino que durante todo el año pasado hizo 31 pozos; es decir, la cantidad que el taladro estándar hubiera logrado en más de dos años.
Los factores más notorios, en los que saltan a la vista sus ventajas respecto a los taladros tradicionales, son la disminución en tiempos de movilización y el hecho de que sea un equipo semiautomático.
El desarme de todo el taladro se toma cerca de un día y su montaje es relativamente sencillo, pues no ocupa más que la cuarta parte de una cancha de fútbol.
Su transporte es moderno, toda vez que la mayoría de las cargas están adaptadas con ruedas que agilizan este proceso. De ahí que al ser movilizado se vea como un gran trailer o una especie de carro de bomberos.
Además, la flexibilidad de sus componentes y el poco espacio que requiere para maniobrar permiten que en una misma isla o plataforma se puedan perforar varios pozos. En la visita de Carta Petrolera de mediados de marzo, el taladro G-102 se encontraba perforando el sexto pozo (el Guando 73) en una isla de 4 mil metros cuadrados, la cual inicialmente había sido construida para perforar apenas dos pozos.
“Cuando lo presentamos a Petrobras se dieron cuenta que era pequeño y se adaptaba bien al campo Guando para trabajar en islas que tienen un tamaño limitado”, señala el gerente de operaciones para Latinoamérica de Petreven, la firma que se encarga de operarlo.
El avión ya había perforado 35 pozos en Venezuela antes de ser traído a Colombia, y en Guando se quedará hasta completar el programa aprobado por los socios. Este es el más pequeño de los que dispone Petreven, ya que hay taladros de mayor capacidad y mayor automatización que están trabajando en otros países latinoamericanos.
El taladro ha permitido conocer nuevas aplicaciones, pero también su aporte debe medirse en transferencia tecnológica. “Nos ha enseñado a optimizar la perforación de Guando. Con este taladro hemos dado en el punto justo en el uso de brocas y otros servicios para llevar la perforación a niveles de cinco días por pozo, que es el tiempo más rápido de perforación impuesto por el avión”, dicen los técnicos en el campo.
De igual forma, los lodos utilizados han sido mejorados en aras de lograr una mejor penetración en las rocas. Otra de sus grandes ventajas es que prácticamente no se siente cuando está en plena operación. “Uno se puede hacer al lado del generador y habla con tranquilidad; eso no ocurre con los taladros estándar”, relata el supervisor del Departamento de Seguridad, Medio Ambiente y Salud de Petreven en el campo.
El equipo es insonorizado, lo cual trae muchos beneficios pues, como se sabe, el municipio de Melgar es uno de los principales destinos turísticos en el centro del país.
Y es que más allá de las expectativas normales que pueden rodear un proyecto petrolero, en Melgar se han adoptado medidas excepcionales para blindar los recursos provenientes de la explotación de Guando. “Hacemos consejos comunales cada 15 días con la mayor presencia de los líderes de la población, tanto del área rural como urbana, y con la participación activa de la veeduría”, explica el alcalde Moisés Carreño.


EL ‘AVIÓN’ POR DENTRO

El G-102, la referencia técnica de este taladro, se ha convertido en la novedad tecnológica del último año en la industria petrolera colombiana, acostumbrada, desde su nacimiento, a ver, escuchar y trabajar con taladros convencionales operados mecánicamente y apoyados por personal cerca de la mesa rotaria.
El hecho de no necesitar los cuñeros, que tradicionalmente manipulan la tubería, ha hecho que la operación sea altamente segura y que los accidentes en la mesa rotaria no se presenten.
Provisto de una torre telescópica, el taladro se controla desde una caseta aledaña donde se ubica un operador, que maneja cada una de las 50 palancas a su disposición y monitorea el proceso a través de un sistema computarizado, el MWV, que indica dónde va el pozo y hace la lectura pie a pie de la perforación. Además este tipo de taladros, de los cuales Petreven tiene cinco alquilados en diferentes campos venezolanos, se adapta por igual a todo tipo de proyectos de perforación. “Se trata de una magnífica alternativa para aquellos campos marginales y someros porque reduce costos y tiempos”, señala el gerente para Colombia de la firma venezolana dueña del taladro.

 

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