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LA HORA DE LOS MADUROS
El negocio ya no está en apostar todas las
cartas a la búsqueda de grandes yacimientos. Atrás
quedaron los tiempos en los que las petroleras dedicaban la mayor
tajada de su presupuesto a nueva exploración, como en los
años 70, cuando su éxito era medido en gran medida
por los campos gigantes que descubrieran en ambiciosas campañas
exploratorias alrededor del mundo. El mercado cambió: las
mayores empresas del mundo gastan cada vez menos en nueva exploración
y han empezado a dirigir sus miradas y sus bolsillos a proyectos
y áreas que antes no les interesaban.
El cambio tiene justificaciones geológicas, económicas
y estratégicas, y todas ellas surgen de un hecho irrefutable:
cada vez es más difícil, arriesgado y costoso encontrar
grandes yacimientos de petróleo. En cuatro décadas,
el número de descubrimientos de campos gigantes, con más
de mil millones de barriles, se redujo cuatro veces. Aunque en menor
proporción, también se ha reducido el hallazgo de
campos con más de 200 millones de barriles.
En opinión de los expertos, los gigantes fáciles de
encontrar se están acabando o se encuentran en países
que no han liberado sus mercados y tienen restricciones al ingreso
de capitales extranjeros en exploración.
Según cifras de The Scotia Group, el único grupo de
campos en los que se ha incrementado el ritmo de crecimiento desde
los años 60 es el de los que tienen entre 50 y 100 millones
de barriles, los cuales no son suficientes para satisfacer las necesidades
de reemplazar reservas que tienen las grandes compañías
y los países.
Con menos gigantes en la mira y la declinación natural de
los descubiertos hace cuatro décadas, el mercado ha obligado
a los diferentes actores a jugar otras tres cartas: oportunidades
en exploración que exigen mayor inversión y tecnología
—como plays en aguas profundas—, adquisición
de reservas ya descubiertas y desarrollo de campos en producción.
La última opción es la que se está llevando
la mayor tajada de la inversión en la actualidad. Según
cifras de IHS, de los US$161 billones que se invirtieron en exploración
y producción en el mundo durante el año 2002, 53%
(es decir, US$86 billones) se dirigió a desarrollo y producción,
mientras que para la adquisición de reservas se destinó
24% y a nuevas aventuras en exploración 23%. “Con excepción
de los plays en aguas profundas, las grandes compañías
no están creando nuevas áreas rentables a través
de la exploración, sino a través de oportunidades
de producción”, señala PFC Energy, empresa consultora
que hace énfasis en que los principales jugadores están
reduciendo sus inversiones en exploración.
GRAN POTENCIAL
La nueva tendencia parece responder a una situación sencilla:
si no es posible encontrar grandes yacimientos, o son muy costosos
y el riesgo es muy alto, la mejor opción es diversificar
el portafolio y destinar una buena porción a incrementar
las reservas y la rentabilidad de los campos que ya están
en producción. Es allí donde aparecen aquellos campos
maduros que, a pesar de encontrarse en su etapa de declinación,
tienen un gran potencial si se optimiza su operación y se
les incorporan algunas tecnologías que hace tres o cuatro
décadas no existían o resultaban onerosas.
El desarrollo de campos viejos está tomando tanta fuerza
que hoy en día la mayor parte del reemplazo de reservas en
el mundo sale de dichos campos y cada vez menos de nuevos descubrimientos.
Como lo muestran las cifras de IHS, 75% de la incorporación
de nuevas reservas durante los últimos diez años ha
sido generada en campos en producción, mientras que los nuevos
descubrimientos sólo han aportado 25%. En otras palabras,
de cada diez barriles de nuevas reservas, 7,5 han venido de campos
ya descubiertos.
VETERANOS CON HISTORIA
Ecopetrol
S.A. no ha sido ajena a esa tendencia mundial, especialmente porque
cuenta hoy con activos que se encuentran en su etapa de declinación,
marginales dentro de la producción total del país,
pero cuyo potencial es apreciable.
Al igual que sucede en el contexto internacional, Ecopetrol tiene
varias razones para dirigir sus miradas a algunos proyectos en campos
maduros.
La primera es que al optimizar la operación de estos campos
se está prolongando su vida útil e, incluso, se les
está dando una opción a algunos de ellos que, de otra
forma, serían candidatos al abandono en el corto plazo.
En términos sencillos, lo que buscan estos proyectos es “revivir”
algunos activos que hoy no representan mayores utilidades para la
empresa, con el objetivo de hacerlos rentables y regresar parte
de la producción que tuvieron en décadas pasadas.
La segunda razón tiene que ver con la infraestructura disponible
en dichos activos para la producción, almacenamiento y transporte.
Esto representa beneficios para la empresa en la medida en que puede
aprovechar su capacidad instalada.
La tercera razón tiene que ver con la posibilidad de incrementar
reservas, producción y rentabilidad de los activos maduros.
Estos proyectos, a diferencia de la tarea de emprender una nueva
exploración, permiten obtener beneficios en un menor plazo
de tiempo.
Aunque no es un objetivo que sea responsabilidad de Ecopetrol, esta
razón cobra importancia a la luz de la necesidad del país
de incrementar sus reservas y producción, e incluso mantener
la autosuficiencia petrolera. En el mismo Plan de Desarrollo se
contempla la política de dar importancia y celeridad a los
proyectos que buscan incrementar la producción de campos
actuales.
Así que, junto a las labores que se han emprendido para la
búsqueda de nuevas reservas, Ecopetrol incorporó proyectos
para optimizar su producción en los campos maduros. La intención
es aumentar su factor de recobro, lo que significa extraer un mayor
volumen de las reservas del que inicialmente se tenía previsto.
Los dos proyectos para hacer realidad esta estrategia en Ecopetrol
son La Cira-Infantas y Casabe, dos campos que hoy representan una
producción cercana a los 10 mil barriles por día entre
los dos (cerca de 2% de la producción nacional), pero que
tienen el potencial de recobrar buena parte del auge que los caracterizó
en épocas pasadas.

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