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Carta Petrolera
EDICIÓN 108 abril - mayo


 


PEQUEÑOS GIGANTES

Fabio Alberto González Parales es uno de esos colombianos a quien las ganas de hacer patria lo llevaron a retirar los ahorros que tenía depositados en un fondo de pensiones voluntarias en Estados Unidos, vender su apartamento de Bogotá y hasta pedir prestado dinero entre familiares y amigos, con tal de invertir en negocios de petróleo en su propio país.
Estaba en Houston, en agosto pasado, al frente de la Gerencia de Monitoreo de Comportamiento de Pozos y Yacimientos en el Golfo de México, para la compañía BP, cuando a través de una emisora de habla hispana se enteró de la oferta de trece campos menores en Colombia. Y decidió participar.
“Me pareció una excelente oportunidad para empresas pequeñas, por el sencillo principio de economía de que lo que no es comercialmente viable para una compañía grande, lo puede ser para una pequeña”, contó a Carta Petrolera.
Durante los tres meses que duró el proceso trabajó 20 horas diarias, incluyendo sábados y festivos, en la evaluación de la viabilidad de ocho de los 13 proyectos.
Interpretó información geológica, de registros eléctricos y de pruebas de producción.
“Todo esto en preparación para la elaboración de modelos de simulación de yacimientos y de comportamiento de pozos como datos de entrada para la evaluación económica”, precisa. Mientras esto ocurría con González en Estados Unidos, cruzando la frontera colombo- venezolana, un grupo de ex funcionarios de la estatal PDVSA reunió su experticia en el manejo de crudos pesados del vecino país y decidió asociarse con una compañía colombiana para participar en la oferta.
Así prepararon sus propuestas y compitieron con otras 30 compañías pequeñas, consorcios y uniones temporales que, igualmente atraídas por la oferta de pequeños campos, participaron en la ronda de 13 campos inactivos y descubiertos no desarrollados que sacó a la luz pública Ecopetrol a finales de 2003 y que tuvo resultados halagüeños (Ver recuadro)

ASÍ FUE LA OFERTA

Cuatro campos en los Llanos, tres en el Valle medio del Magdalena, tres en Catatumbo, dos en el valle superior del Magdalena y uno más en Putumayo, volverán a ser el blanco de la actividad petrolera, luego de que estuvieran cerrados por más de diez años.
Las inversiones para su puesta en producción, según estimaciones de Ecopetrol, pueden oscilar entre US$300 mil, como el caso de Pavas, en el valle medio del Magdalena, hasta US$3 millones, como los campos Río de Oro, en el Catatumbo; Chenche, en el valle superior del Magdalena; y Entrerríos, Camoa y La Punta, en la cuenca Llanos.
En algunos se trata de poner en producción crudos livianos, como el caso de Chenche; crudos pesados, como La Rompida, en el valle medio del Magdalena; o gas, con El Difícil, en cercanías a Mompós.
Un total de 78 propuestas se presentaron, siendo el campo Chenche el que mayor número de ofertas recibió, con un total de 71; La Punta, con 14; Entrerríos, con ocho; y Burdine- Maxine-Nancy, con ocho, entre otros.
Así mismo, es la primera vez que Ecopetrol recibe propuestas de porcentajes de participación en la producción tan altas como las ofrecidas por los campos La Punta, adjudicados con un porcentaje de 70% para Ecopetrol; Entrerríos, con 61%; y Nancy-Burdine-Maxine, con 41%, entre los más altos.

DEMOCRATIZAR EL PETRÓLEO

Por más de diez años, en el mapa petrolero de Colombia figuró una multitud de campos que no tenía grandes expectativas de reservas de hidrocarburos y que, por tanto, su explotación no resultaba rentable ni para Ecopetrol ni para las compañías asociadas que los descubrieron en su momento.
Eran más de 100 puntos rojos que se visualizaban en el mapa de tierras, con un reducido potencial inicial, pero que comenzaron a ser atractivos para compañías pequeñas, dados diferentes factores como los altos precios internacionales del crudo.
La necesidad de recuperar estos pequeños volúmenes de petróleo, y de paso permitirle a un grupo de compañías colombianas de diferentes sectores involucrarse en la industria petrolera, llevó a Ecopetrol a trazar una estrategia que facilitara el ingreso de nuevas empresas al negocio del oro negro e iniciar un proceso de “democratización” de esos recursos.
Se requerían compañías pequeñas con bajos costos de administración y operación, para las que estos bajos volúmenes de producción pudieran ser rentables, recuerda un ingeniero de la Vicepresidencia de Producción de Ecopetrol que estuvo al frente de la oferta.
El mercado también movió a Ecopetrol a delinear esta oferta, dado que contaba con más de 60 cartas sobre la mesa en donde compañías colombianas y extranjeras manifestaban su interés de poner a producir estos campos que, si bien aparecían en los activos del país, no le estaban aportando ni barriles ni ganancias.

DOS CHICOS EJEMPLARES

El éxito alcanzado por los operadores de los campos Rancho Hermoso y Valdivia Almagro, en los Llanos Orientales de Colombia, fue vox pópuli en los últimos cuatro años en todos los sectores del país, gracias a los buenos precios que ha alcanzado el crudo en este lapso.
En el año 2000 estos dos campos fueron reabiertos a partir de cero barriles por las compañías Petrotesting y el consorcio Rancho Hermoso S.A. y hoy producen 4.600 barriles por día (bpd) para el caso de Rancho Hermoso y 3.150 bpd para Valdivia Almagro, convirtiéndose en un modelo de rentabilidad, tanto que sus operadores decidieron involucrarse en terrenos a donde sólo llegaban los grandes o medianos de la industria petrolera internacional.
La gestión de estas dos compañías demostró que en Colombia hay profesionales de alta calidad que pueden sacar adelante un negocio hecho para ligas mayores.
“En esta oportunidad el negocio le apuntó a un nicho empresarial diferente. Segmentamos el mercado y definimos un negocio en el que podían participar incluso personas naturales; eso sí, que cumplieran con las condiciones técnicas, financieras y legales”, manifestó el técnico de Ecopetrol.
Para los posibles inversionistas las condiciones eran ideales: buenos precios internacionales del petróleo, bajas inversiones y los incentivos dados por la ley de regalías escalonadas que favorecía la economía de los campos descubiertos no desarrollados, ya que reducía el porcentaje de éstas de 20% a 8%.
Tras la selección hecha entre más de 100 campos, Ecopetrol definió un paquete de 13 proyectos que estaban inactivos o que correspondían a áreas que contaban con pozos que habían probado la existencia de hidrocarburos, pero no habían sido explotados.
La mayor parte de ellos están en áreas aledañas a instalaciones de Ecopetrol, o incluso de compañías asociadas, lo cual le permite ventajas por su cercanía a infraestructura petrolera.

 

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