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LA SEÑORA DE LOS QUESILLOS
Hace 20 años, Ana Barrera era cocinera y trabajaba
en la casa de una prestigiosa ciudadana de Neiva, reconocida entre
otras cosas por imprimirle un toquecito especial a los quesillos
que producía. Repentinamente, la muerte sorprendió
a la matrona y el viudo abandonó el negocio. Pero Anita ya
había aprendido el “secreto del sabor” y decidió
continuar con una pequeña producción de quesillos
por su propia cuenta. Hoy, ella es el alma de una cooperativa —de
apenas un año— que se ha ganado el corazón de
la mayoría de habitantes de Yaguará, un municipio
del norte de Huila ubicado a casi una hora de Neiva, al que se llega
por una carretera que continuamente deja ver la inmensidad del embalse
de Betania, principal fuente hídrica y energética
de la región.
—¿Que qué significan estos quesillos para mí?,
repite Anita, con ese cantadito en el hablar que caracteriza a los
oriundos de la tierra del Sanjuanero. —Sí, ¿qué
tan importante ha sido para usted? —Pues mire, el quesillo
es todo en mi vida. Si no fuera por esto —hace un barrido
del pequeño lugar estirando el índice derecho y mostrando
las ollas, las canecas con leche, la paila, la nevera y hasta su
propio delantal —, yo no podría haber criado a mis
siete guipas (hijos). Esto es mi sustento, mi vida.
Junto
con casi 20 amigas de esa calurosa población, Anita hace
parte de la cooperativa de empresarios del quesillo QuesiRico Ltda.,
uno de los más recientes proyectos comunitarios que apoya
la Fundación del Alto Magdalena, la entidad creada hace 11
años para canalizar los recursos destinados por las petroleras
de la región a apoyar actividades sociales.
MANOS CON SABIDURÍA
La Fundación del Alto Magdalena (FAM) trabaja en las áreas
de influencia petrolera del Huila, especialmente, y establece contratos
de capacitación con diferentes entidades del Gobierno central
—como Fomipyme, la Red de Solidaridad y Fonade— y suscribe
convenios con la gobernación y las alcaldías para
incentivar a los lugareños a crear sus propias microempresas
y darles alternativas reales de producción y empleo. En el
caso de las señoras de los quesillos, todo comenzó
hace poco más de un año cuando se quiso capitalizar
la bien ganada imagen de Yaguará como uno de los principales
productores de quesillo autóctono en el país y la
experiencia particular de personas que conocían el proceso
artesanal de preparar el producto, pero que no habían podido
hacer algo de mayor magnitud y más organizado que permitiera
competir con gigantes como Colanta o Alpina.
La
Fundación evaluó la posibilidad de organizar una cooperativa,
buscó el apoyo de las petroleras que operan en la región
(Ecopetrol y Petrobras, principalmente) y organizó una serie
de capacitaciones para que las madres de familia y mujeres de la
tercera edad adquirieran conocimientos en áreas como la adecuada
preparación de los quesillos, las normas exigidas para una
producción en serie y los truquitos de la comercialización.
Una vez finalizada la capacitación empresarial, la Fundación
les dio un capital semilla y las preparó para trabajar de
manera asociativa. “Hemos estado al lado de ellas para asesorarlas
en temas como desarrollo productivo, en mercadeo y en trabajos que
desconocían como el montaje del logotipo de la cooperativa
y la gestión ante el Invima de los permisos necesarios para
garantizar la calidad del producto”, explica Ximena Castro,
directora de la Fundación. Gracias al trabajo asociativo
que se ha hecho, QuesiRico es hoy el principal proveedor de quesillos
en el municipio de Yaguará y sus alrededores. Y la cooperativa
se alista para emprender la segunda etapa, que consiste en proyectarla
como una empresa comunitaria modelo del municipio, que pueda ser
competitiva en los mercados con el quesillo como producto autóctono.
Para lograrlo, dicen las señoras y la Fundación, ya
se cuenta con el respaldo del Ministerio de Comercio a través
de Fomipyme, de las petroleras, del Infihuila, de la propia FAM
y se espera que la Alcaldía lo siga haciendo como ya ha ocurrido
en el pasado, cuando colaboró con el local y parte de las
instalaciones en las que vienen trabajando.
Edith Medina, una llanera que se enamoró del Huila hace un
par de años, es la presidenta de la cooperativa QuesiRico,
y junto con Yedmi Fierro, Deyanira Gaitán y María
Elvia Pimentel son las encargadas de buscar apoyo, abrir mercados
y ayudar a Anita y Jovita en el arte de producir los quesillos de
la cooperativa.
A VENDER SE DIJO
Cada integrante de la cooperativa tiene sus mañas para rebuscarse
cómo vender los quesillos que producen todas las mañanas.
Yedmi, cuya hija trabaja en la Clínica Central de Especialistas
del Huila, surte de quesillos a los enfermeros, laboratoristas y
médicos opitas.
Edith tiene un almacén de calzado y no desaprovecha cliente
para comercializar los quesillos envueltos en hojas de cachaco (matas
de plátano que conservan la frescura).
Por su parte, Deyanira tiene una bizcochería y Anita un restaurante
especializado en mojarra, lugares en los que siempre acompañan
sus pedidos con uno que otro quesillo; empacado al vacío
o en hojas de cachaco, según lo prefiera el cliente. |