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Carta Petrolera
EDICIÓN 108 abril - mayo


 

 

LA SEÑORA DE LOS QUESILLOS

Hace 20 años, Ana Barrera era cocinera y trabajaba en la casa de una prestigiosa ciudadana de Neiva, reconocida entre otras cosas por imprimirle un toquecito especial a los quesillos que producía. Repentinamente, la muerte sorprendió a la matrona y el viudo abandonó el negocio. Pero Anita ya había aprendido el “secreto del sabor” y decidió continuar con una pequeña producción de quesillos por su propia cuenta. Hoy, ella es el alma de una cooperativa —de apenas un año— que se ha ganado el corazón de la mayoría de habitantes de Yaguará, un municipio del norte de Huila ubicado a casi una hora de Neiva, al que se llega por una carretera que continuamente deja ver la inmensidad del embalse de Betania, principal fuente hídrica y energética de la región.
—¿Que qué significan estos quesillos para mí?, repite Anita, con ese cantadito en el hablar que caracteriza a los oriundos de la tierra del Sanjuanero. —Sí, ¿qué tan importante ha sido para usted? —Pues mire, el quesillo es todo en mi vida. Si no fuera por esto —hace un barrido del pequeño lugar estirando el índice derecho y mostrando las ollas, las canecas con leche, la paila, la nevera y hasta su propio delantal —, yo no podría haber criado a mis siete guipas (hijos). Esto es mi sustento, mi vida.
Junto con casi 20 amigas de esa calurosa población, Anita hace parte de la cooperativa de empresarios del quesillo QuesiRico Ltda., uno de los más recientes proyectos comunitarios que apoya la Fundación del Alto Magdalena, la entidad creada hace 11 años para canalizar los recursos destinados por las petroleras de la región a apoyar actividades sociales.

MANOS CON SABIDURÍA

La Fundación del Alto Magdalena (FAM) trabaja en las áreas de influencia petrolera del Huila, especialmente, y establece contratos de capacitación con diferentes entidades del Gobierno central —como Fomipyme, la Red de Solidaridad y Fonade— y suscribe convenios con la gobernación y las alcaldías para incentivar a los lugareños a crear sus propias microempresas y darles alternativas reales de producción y empleo. En el caso de las señoras de los quesillos, todo comenzó hace poco más de un año cuando se quiso capitalizar la bien ganada imagen de Yaguará como uno de los principales productores de quesillo autóctono en el país y la experiencia particular de personas que conocían el proceso artesanal de preparar el producto, pero que no habían podido hacer algo de mayor magnitud y más organizado que permitiera competir con gigantes como Colanta o Alpina.
La Fundación evaluó la posibilidad de organizar una cooperativa, buscó el apoyo de las petroleras que operan en la región (Ecopetrol y Petrobras, principalmente) y organizó una serie de capacitaciones para que las madres de familia y mujeres de la tercera edad adquirieran conocimientos en áreas como la adecuada preparación de los quesillos, las normas exigidas para una producción en serie y los truquitos de la comercialización. Una vez finalizada la capacitación empresarial, la Fundación les dio un capital semilla y las preparó para trabajar de manera asociativa. “Hemos estado al lado de ellas para asesorarlas en temas como desarrollo productivo, en mercadeo y en trabajos que desconocían como el montaje del logotipo de la cooperativa y la gestión ante el Invima de los permisos necesarios para garantizar la calidad del producto”, explica Ximena Castro, directora de la Fundación. Gracias al trabajo asociativo que se ha hecho, QuesiRico es hoy el principal proveedor de quesillos en el municipio de Yaguará y sus alrededores. Y la cooperativa se alista para emprender la segunda etapa, que consiste en proyectarla como una empresa comunitaria modelo del municipio, que pueda ser competitiva en los mercados con el quesillo como producto autóctono. Para lograrlo, dicen las señoras y la Fundación, ya se cuenta con el respaldo del Ministerio de Comercio a través de Fomipyme, de las petroleras, del Infihuila, de la propia FAM y se espera que la Alcaldía lo siga haciendo como ya ha ocurrido en el pasado, cuando colaboró con el local y parte de las instalaciones en las que vienen trabajando.
Edith Medina, una llanera que se enamoró del Huila hace un par de años, es la presidenta de la cooperativa QuesiRico, y junto con Yedmi Fierro, Deyanira Gaitán y María Elvia Pimentel son las encargadas de buscar apoyo, abrir mercados y ayudar a Anita y Jovita en el arte de producir los quesillos de la cooperativa.

A VENDER SE DIJO

Cada integrante de la cooperativa tiene sus mañas para rebuscarse cómo vender los quesillos que producen todas las mañanas. Yedmi, cuya hija trabaja en la Clínica Central de Especialistas del Huila, surte de quesillos a los enfermeros, laboratoristas y médicos opitas.
Edith tiene un almacén de calzado y no desaprovecha cliente para comercializar los quesillos envueltos en hojas de cachaco (matas de plátano que conservan la frescura).
Por su parte, Deyanira tiene una bizcochería y Anita un restaurante especializado en mojarra, lugares en los que siempre acompañan sus pedidos con uno que otro quesillo; empacado al vacío o en hojas de cachaco, según lo prefiera el cliente.

 

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