
El petróleo
ha dejado de ser un simple producto
primario para convertirse en una poderosa
arma política. Muchos países
consideran la autosuficiencia petrolera
como un objetivo de seguridad nacional.
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“El
país no está en condiciones
de sacrificar la autosuficiencia petrolera”
Las implicaciones
de la capitalización

El
director de Fedesarrollo hace un
análisis del contexto petrolero
y económico en el que se va
a dar
el proceso de vinculación
de
capital de terceros en Ecopetrol.
Por Mauricio
Cárdenas Santamaría
La
pérdida de autosuficiencia
petrolera es una de las
grandes preocupaciones
actuales de política pública
en Colombia. Aunque tener
petróleo no es garantía
de éxito
económico,
la realidad es que el
marchitamiento de la industria petrolera
colombiana tendría grandes costos
políticos, económicos y
sociales.
El petróleo representa 3,5% del
PIB,
una cuarta parte de las exportaciones
totales y cerca de la mitad de la inversión
extranjera que recibe el país.
Esto, de por sí, resalta su relevancia
en términos económicos.
Pero, más
allá de esto, sus implicaciones
fiscales
son verdaderamente importantes.
Por sí sola, Ecopetrol generó en
2006 transferencias a los demás
niveles de
gobierno por 8,2 billones de pesos. Si
a este monto se le suma un superávit
estimado de 686 mil millones, se obtiene
una cifra cercana a 9 billones de
pesos, que representa el 2,8% del PIB.
Puesto en otros términos, cerca
de 9%
de los ingresos totales del sector público
consolidado provienen de Ecopetrol.
A esto se le deben sumar los impuestos
y regalías que aportan otras empresas
petroleras.
Por ello, es válido afirmar que
si bien
la economía colombiana no es enteramente
petróleo-dependiente, el Estado
colombiano sí lo es. Sin las rentas
petroleras,
el gasto del sector público tendría
que reducirse, como mínimo, en
10%. Esto es más de lo que invierte
el Estado en salud y ligeramente menos
de
lo que se destina a educación o
al pago
de pensiones. Mírese por donde se
quiera,
esto significa que sin los recursos petroleros
caería la calidad de vida de una
gran cantidad de colombianos.
Esta es la principal razón por la
cual
el fin de la autosuficiencia petrolera
es
un problema de política pública.
Aunque
las rentas petroleras seguirán siendo
positivas incluso bajo un escenario de
importación, la menor producción
local
reducirá significativamente los
ingresos
fiscales derivados del petróleo.
Por ello, para el país es una prioridad
encontrar más reservas y estabilizar
la
producción en un nivel similar al
actual,
cercano a medio millón de barriles
en
promedio por día.
A este argumento de carácter fiscal
con implicaciones sobre el gasto social
es necesario agregarle otra dimensión
más. El petróleo ha dejado
de ser
un simple producto primario, que se
puede adquirir fácilmente en los
mercados
internacionales, para convertirse
en una poderosa arma política. Por
ello,
muchos países consideran la autosuficiencia
petrolera como un objetivo de
seguridad nacional. Colombia no es ajena
a esta situación, precisamente por
la
complejidad de la relación bilateral
con
sus vecinos más próximos,
que tienen
importantes excedentes petroleros.
Proyecciones
Los escenarios de producción de
petróleo
en Colombia no son muy alentadores. Pese
al esfuerzo por prolongar
la autosuficiencia (los pronósticos
iniciales
señalaban que el próximo
año se
agotarían las exportaciones), bajo
las
perspectivas actuales la producción
de
petróleo comenzará a reducirse
desde
2007, pasando de una producción
anual
de 530 mil barriles diarios (mbd) en
2006 a 485 mbd en 2007 y a 450 mbd
en 2008.
Lo que pase de ese momento en adelante
depende críticamente de las decisiones
de inversión que se tomen en el
corto plazo. Bajo un escenario base (es
decir, que puede ocurrir con una probabilidad
alta) la producción caería
de
manera continua hasta llegar en 2011 a
un nivel insuficiente para atender la demanda
interna, que se proyecta en 380 mbd,
bajo el supuesto de un crecimiento
de la economía cercano a 5%.
Además, es muy posible que el declive
en la producción venga acompañado
de una reducción en los precios
internacionales,
lo que amplificará su efecto
negativo sobre las finanzas públicas.
De
acuerdo con las proyecciones realizadas
por el Banco Mundial, la mayoría
de los
precios de los productos básicos
se mantendrán
en niveles altos hasta finalizar
2006, pero mostrarán una tendencia
decreciente hasta 2011. En particular,
según estos pronósticos,
el precio promedio
del barril de petróleo WTI alcanzará los US$68 en 2006 y disminuirá hasta US$49,5 en 20111.
(1) Precios proyectados
por el “Pink
Sheet” del Banco Mundial, julio de
2006.
¿Qué hacer?
Los retos de política asociados
al agotamiento
de las reservas petroleras
son considerables. Desde los hallazgos
de Caño Limón en los años
ochenta y
Cusiana y Cupiagua a comienzos de los
noventa, el país no ha logrado incrementar
la vida útil de las reservas remanentes2.
Durante la Administración Pastrana
se adoptaron las primeras medidas
para enfrentar esta realidad. En 1999,
la Ley del Plan de Desarrollo reformó el esquema de regalías de una regalía
fija del 20% a una escala variable entre
5% y 25%, en función de la producción
del campo3. El porcentaje de
regalías se incrementó para
los campos
con producción superior a los 400mbd
y disminuyó para los campos cuya
producción
es menor a 125 mbd, que han
sido la base de la reactivación
reciente
en el sector. Adicionalmente, la participación
de Ecopetrol en los contratos
de asociación se redujo del 50%
al
30%, con un claro beneficio para el inversionista.
La Administración Uribe creó la
Agencia Nacional de Hidrocarburos,
convirtió a Ecopetrol en una sociedad
por acciones y eliminó las prerrogativas
de la empresa en asignación de las áreas
de exploración. Recientemente, el
gobierno
separó del balance de la empresa
los subsidios a los combustibles, lo que
en principio le permite a la empresa incrementar
su ritmo de inversión.
Pese a esto, Ecopetrol aún mantiene
una fuerte dependencia presupuestal del
gobierno. Su presupuesto de inversión
debe ser aprobado por el Ministerio de
Hacienda ya que, dada una meta de gasto,
las inversiones adicionales de esta empresa
reducen la capacidad de inversión
en otros sectores del Estado colombiano.
Así, independientemente de la rentabilidad
de sus inversiones, Ecopetrol no
puede acometerlas dadas sus implicaciones
fiscales. Por ello, su nivel de endeudamiento
es ineficientemente bajo.
Pasos a seguir
Con el fin de reforzar la
inversión en exploración
y aprovechar al máximo los campos
en producción, es necesario
encontrar fórmulas para que la empresa
pueda tener un mayor nivel de
inversión, sin comprometer la estabilidad
fiscal del país.
Cualquier fórmula que se plantee
para lograr este fin debe apuntar en la
dirección de separar a Ecopetrol
de las
cuentas fiscales. Esto, en la práctica,
significa que sus estados financieros no
hagan parte del balance fiscal del sector
público, tal y como ocurre en los
casos
de ISA en Colombia o de Petrobras
en Brasil.
El plan de inversiones de Ecopetrol
está estimado en $12.500 millones
de
dólares durante los próximos
cinco años
(más de US $2.500 anuales), frente
a US $1.406 millones en 2006 y US $660
en promedio entre 2002 y 2005. La estrategia
de inversiones incluye la perforación
de 25 pozos anuales (frente a
siete actualmente), la realización
de estudios
de sísmica en más de 5.000
Kms.
(en los últimos cuatro años
el promedio
ha sido 1.124 Kms.), la compra de
200 millones de barriles de reservas en
el exterior y la exploración de
petróleo
en otros países.
Dado este plan de inversiones, es necesario,
además, asegurar un uso óptimo
de los recursos en proyectos que
tengan una mezcla eficiente de rentabilidad
y riesgo. Esto es más fácil
decirlo
que hacerlo, entre otras cosas por
las propias limitaciones operativas de
la compañía. Por ello, es
indispensable
contar con una estructura de gobierno
corporativo que permita la mejor
toma de decisiones, cosa que por lo
general no ocurre cuando proyectos
de alto riesgo se realizan con cargo al
contribuyente.
Para poder llevar a cabo este plan
tan ambicioso de inversión se requiere,
en primera instancia, persuadir al FMI
para que excluya a Ecopetrol, una empresa
con mayoría estatal, de las cuentas
fiscales. El paso siguiente es que las
agencias calificadoras de riesgo acepten
esta práctica.
Esto implica que Ecopetrol debe
avanzar en términos de independencia
gerencial (autonomía laboral y fijación
de precios), relaciones con el gobierno
(pactadas por medio de reglas estables
en materia de transferencias, incluyendo
dividendos), condiciones financieras
(nivel de endeudamiento aceptable),
así como una estructura adecuada
de
propietarios.
Para lograr este propósito, no solo
se requiere vincular capital privado a
la
empresa, sino que además (y muy
especialmente)
se requiere reformar los
estatutos para mejorar su gobierno corporativo.
Esto significa que las decisiones
de inversión deben estar guiadas
por criterios técnicos y no políticos,
la fijación de precios debe excluir
cualquier
posibilidad de subsidios a cargo de la
empresa, y las políticas de contratación
laboral y remuneración deben estar
definidas por criterios de mercado.
Sobre la capitalización
La vinculación del capital privado
puede
hacerse de dos maneras. En primer
lugar, la venta de un porcentaje de las
acciones de propiedad del gobierno nacional.
Esta opción corresponde a lo
que se conoce comúnmente como privatización.
La segunda opción es la
de capitalizar la empresa con recursos
adicionales que diluyan la propiedad
estatal; mecanismo que se denomina capitalización.
Cada una de estas opciones
tiene ventajas y desventajas.
La ventaja de la privatización es
que le
permite al gobierno nacional realizar inversiones
en otros sectores de importancia
con los recursos que obtenga de
la venta. Estos también podrían
utilizarse
para reducir el endeudamiento público,
con el consiguiente efecto benéfico
sobre las tasas de interés del gobierno
y la prima de riesgo país.
Desde una perspectiva estrictamente
económica no es claro que la
capitalización sea preferible a
la privatización,
entre otras cosas porque
Ecopetrol no requiere capital adicional.
Por el contrario, lo óptimo es elevar
los niveles de endeudamiento de
la compañía como mecanismo
de generación
de valor, debido a que la rentabilidad
esperada en los proyectos de
inversión excede el costo del financiamiento.
Sin embargo, la capitalización
es la opción preferida por consideraciones
de carácter político.
En síntesis, existe una conjunción
de circunstancias que no dejan otra
salida diferente a la capitalización
de
Ecopetrol. De una parte, el país
no está en
condiciones de sacrificar la autosuficiencia
petrolera, debido a la importancia
de este producto en la economía
y
las finanzas públicas del país.
De otra,
la estructura actual de la empresa, y en
particular, su dependencia presupuestal
del gobierno nacional y las limitaciones
relacionadas con su gobierno
corporativo, no permite realizar la inversión
necesaria para asegurar esta
autosuficiencia.
Ahora bien, sería acertado y conveniente
que la nueva estructura de propiedad
de la empresa contara con la
participación de los fondos de pensiones
privados, en la medida en que se le daría
la oportunidad a miles de personas
a formar parte, y por tanto, a beneficiarse,
de la expansión y nuevas inversiones
de Ecopetrol.
(2) En este sentido,
el juego petrolero colombiano
ha estado basado más en la anotación
de
jonrones que en un trabajo lento y pausado
para cubrir todas las bases. Además,
la
práctica usual ha sido cambiar las
reglas de
juego después de cada gran hallazgo,
lo que
equivale a aumentar el tamaño de
la cancha
una vez anotado el jonrón. Este
oportunismo,
por supuesto, le ha generado grandes
problemas de credibilidad a la política
petrolera
colombiana.
(3) Esta ley fue declarada inconstitucional
pero posteriormente la Ley 756 de 2002
implemento esta regla.
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