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LA CANASTA PETROLERA
¿Sabe qué tienen en común aceite para bebé,
una bolsa plástica, un lápiz labial, una silla, una
caja de plastilina, un tarro de pegante y hasta un insecticida?
Que todos vienen del petróleo, petróleo colombiano
que se transforma las refinerías de Ecopetrol S.A. Si bien
la gasolina es el derivado del petróleo más conocido
por los colombianos, la verdad es que existen cientos de productos
de la canasta familiar que provienen, directa o indirectamente,
del crudo que se extrae de las profundidades del subsuelo colombiano.
En efecto, de ese aceite viscoso se fabrican toda clase de pegantes:
desde los populares Colbón y Bóxer que usan las familias
en sus quehaceres del hogar, hasta el que utilizan las empresas
para aplicaciones obras de alto impacto.
Gracias a ese mismo oro negro que brota de la tierra, las industrias
producen disolventes para fumigantes, varsol para las lavanderías,
disolvente para quitar las manchas, alcoholes, insecticidas, matamoscas
hasta pinturas con las cuales la gente mejora el aspecto de sus
casas.
Pero hay más: el uso de este hidrocarburo, que representa
el 1,2% del PIB y que año pasado le significó al país
ingresos por exportaciones superiores a los US$3.600 millones, está
inmerso en la cotidianidad los hogares colombianos, desde las ceras
detergentes para la limpieza, pasando por los desengrasantes de
cocina y llegando hasta los aceites y ceras para los más
sofisticados maquillajes.
En la actualidad existen más de 3.000 productos derivados
del crudo y del gas que nacen como materias primas o salen como
productos terminados de las refinerías Ecopetrol en Barrancabermeja
y Cartagena. El proceso comienza todos los días cuando a
estas refinerías llegan gas y crudos diversa calidad procedentes
de los campos de producción de Casanare, Arauca, El Centro
(Barrancabermeja) y La Guajira.
Allí, estos hidrocarburos son sometidos, entre otros, a procesos
de destilación y craqueo catalítico en presencia de
altas temperaturas, superando en algunos casos los 400 grados centígrados,
lo que los lleva a convertirse en diversas materias y productos
líquidos y gaseosos.
Por ejemplo, en una planta llamada “unidad de recuperación
de vapores” se reciben diferentes gases con el fin de producir,
entre otros, propileno y etano-etileno, que son las materias primas
de las cuales se deriva el polietileno, utilizado para fabricar
bolsas plásticas, envases de jugo, sillas y juguetes.
En la planta de aromáticos de la refinería de Barrancabermeja
se producen a partir de la nafta (mezcla de gasolina no terminada)
diferentes disolventes que, después de una transformación,
terminan convertidos en suelas de zapatos, limpia uñas, pinturas,
diluyente de lacas o pestañina.
Este petróleo convertido en productos derivados no sólo
se vende hoy en el mercado internacional a cotizaciones históricas,
sino que además es el motor de la industria petroquímica
y de grandes y pequeñas empresas colombianas.
‘MADE IN COLOMBIA’
Los productos derivados del petróleo colombiano ya rompieron
fronteras y van más allá de los supermercados. Desde
hace algunos años varios empresarios arriesgaron su capital
y su conocimiento para llevar el resultado de su trabajo a otras
latitudes.
Por ejemplo, no es raro ver en las vitrinas de una importante cadena
de almacenes en Londres, velas exóticas hechas en Colombia
con las bases y ceras parafínicas que se producen en Ecopetrol.
“Todo comenzó una noche cualquiera. Hicimos con mi
esposa unas velas muy rudimentarias en unos vasos de vidrio y de
allí surgió la idea de aplicar un diseño único
que nos diera la garantía de conquistar el mercado nacional”,
cuenta con entusiasmo Luis Fernando Rojas, un empresario colombiano
dueño de la empresa Velas Púrpura. Rojas, un joven
escultor, inició su pequeña empresa hace más
de cinco años y tras golpear muchas puertas en la industria
nacional se dio cuenta de que su futuro estaba en la exportación.
“Viajamos a promocionar el producto en ferias europeas y aunque
fue difícil abrir puertas, una vez conocieron nuestros diseños
los pedidos comenzaron a llegar”. Cada mes, en promedio, este
empresario le compra a Ecopetrol la parafina que cuidadosamente
derrite a más de cien grados centígrados y luego moldea
con un estilo particular, secreto de su éxito en el extranjero.
“El producto que nos vende Ecopetrol es absolutamente compacto,
lo que nos garantiza una excelente definición de nuestras
velas”. El servicio de Ecopetrol es muy bueno, anota Luis,
al tiempo que señala con su dedo la parafina media que cada
mes le llega empacada desde Barrancabermeja. No desperdicia nada
de su producto, pues con los residuos que le quedan y un poco de
aserrín hace una mezcla para fabricar leña para chimeneas,
que ya se vende en los hipermercados.
Anualmente,
Púrpura está vendiendo cerca de 72 mil velas colombianas
a los mercados de Francia, Italia, España, Holanda, Portugal
y Japón.
El éxito de esta empresa se debe al tesón y compromiso
de sus 18 empleados, como lo explica Luis Rojas, pero también
al aprovechamiento de las oportunidades del mercado y la asesoría
técnica que le brinda Ecopetrol.
“Estamos cambiando para lograr que el cliente sienta que él
es lo más importante y que existe una compañía
como Ecopetrol que se transformó para respaldarlo, para ayudarlo
a crecer y a que más empresas colombianas crezcan”,
comenta Nelson Ávila, ejecutivo de cuentas de la Vicepresidencia
de Suministro y Mercadeo de Ecopetrol S.A. En ese sentido, explica
que en la nueva etapa de Ecopetrol, como empresa dedicada a sus
negocios comerciales, el ejecutivo de cuentas debe detectar las
falencias del mercado, para asegurar el producto y aumentar los
controles de calidad y de esa forma asesorar mejor a sus clientes.
“Ahora el equipo comercial conoce los procesos y atiende en
forma personalizada al cliente. La respuesta es inmediata, porque
el mercado competitivo no da espera”.
LA CONQUISTA DEL MERCADO
Al igual que Luis, otras personas forjaron su futuro con empeño
y teniendo como proveedor de las materias primas a Ecopetrol hasta
convertirse en grandes empresarios.
“Nosotros empezamos con las uñas y con el ánimo
de ofrecerle al consumidor una alternativa distinta a las que ya
existían en el mercado” dice Jaime Guerrero, gerente
de Delta Oil, una compañía nacional en el mercado
de aceites lubricantes y la quinta más importante después
de las multinacionales.
Al lado de su esposa y con el apoyo de su familia, este ingeniero
mecánico comenzó hace más de una década
a incursionar en el mercado de los lubricantes produciendo la línea
básica industrial. “El primer paso fue convencer a
los clientes de que el aceite lubricante que nosotros producimos
cumple con las mismas normas nacionales e internacionales de cualquier
multinacional y que la materia prima procede de una fuente confiable:
Ecopetrol”.
Con el paso de los años, Guerrero optimizó los productos
y comenzó a producir lubricantes, aditivos y aceites blancos
y solubles, con el fin de diversificar su portafolio y conquistar
una mayor porción del mercado.
Su producto llega a diferentes regiones del país, especialmente
a las áreas rurales en las que se ha convertido en un importante
insumo para el sector agrícola, ya que es utilizado en los
molinos, las guadañadoras y los motores fuera de borda de
lanchas, entre otros. La empresa produce también aceites
para los sectores cauchero, textil y del calzado.
“Estamos muy contentos con la transformación de Ecopetrol,
porque se ha convertido en un asesor técnico indispensable
para hacer mejor las cosas y vender un producto de mejor calidad”,
anota Guerrero, mientras el distribuidor de su producto empaca varias
cajas de aceite que tienen como destino el departamento de Boyacá.
Aceites, aditivos, velas, leña para chimeneas y muchos otros
más derivados del petróleo, dejan su huella en Colombia
y en el mundo, porque Ecopetrol sabe que el petróleo, más
que crudo, es la puerta abierta a cientos de productos que circulan
diariamente al servicio de la sociedad. |