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Carta Petrolera
EDICIÓN 110 octubre - noviembre


 

 

LA CANASTA PETROLERA

¿Sabe qué tienen en común aceite para bebé, una bolsa plástica, un lápiz labial, una silla, una caja de plastilina, un tarro de pegante y hasta un insecticida?
Que todos vienen del petróleo, petróleo colombiano que se transforma las refinerías de Ecopetrol S.A. Si bien la gasolina es el derivado del petróleo más conocido por los colombianos, la verdad es que existen cientos de productos de la canasta familiar que provienen, directa o indirectamente, del crudo que se extrae de las profundidades del subsuelo colombiano.
En efecto, de ese aceite viscoso se fabrican toda clase de pegantes: desde los populares Colbón y Bóxer que usan las familias en sus quehaceres del hogar, hasta el que utilizan las empresas para aplicaciones obras de alto impacto.
Gracias a ese mismo oro negro que brota de la tierra, las industrias producen disolventes para fumigantes, varsol para las lavanderías, disolvente para quitar las manchas, alcoholes, insecticidas, matamoscas hasta pinturas con las cuales la gente mejora el aspecto de sus casas.
Pero hay más: el uso de este hidrocarburo, que representa el 1,2% del PIB y que año pasado le significó al país ingresos por exportaciones superiores a los US$3.600 millones, está inmerso en la cotidianidad los hogares colombianos, desde las ceras detergentes para la limpieza, pasando por los desengrasantes de cocina y llegando hasta los aceites y ceras para los más sofisticados maquillajes.
En la actualidad existen más de 3.000 productos derivados del crudo y del gas que nacen como materias primas o salen como productos terminados de las refinerías Ecopetrol en Barrancabermeja y Cartagena. El proceso comienza todos los días cuando a estas refinerías llegan gas y crudos diversa calidad procedentes de los campos de producción de Casanare, Arauca, El Centro (Barrancabermeja) y La Guajira.
Allí, estos hidrocarburos son sometidos, entre otros, a procesos de destilación y craqueo catalítico en presencia de altas temperaturas, superando en algunos casos los 400 grados centígrados, lo que los lleva a convertirse en diversas materias y productos líquidos y gaseosos.
Por ejemplo, en una planta llamada “unidad de recuperación de vapores” se reciben diferentes gases con el fin de producir, entre otros, propileno y etano-etileno, que son las materias primas de las cuales se deriva el polietileno, utilizado para fabricar bolsas plásticas, envases de jugo, sillas y juguetes.
En la planta de aromáticos de la refinería de Barrancabermeja se producen a partir de la nafta (mezcla de gasolina no terminada) diferentes disolventes que, después de una transformación, terminan convertidos en suelas de zapatos, limpia uñas, pinturas, diluyente de lacas o pestañina.
Este petróleo convertido en productos derivados no sólo se vende hoy en el mercado internacional a cotizaciones históricas, sino que además es el motor de la industria petroquímica y de grandes y pequeñas empresas colombianas.

‘MADE IN COLOMBIA’

Los productos derivados del petróleo colombiano ya rompieron fronteras y van más allá de los supermercados. Desde hace algunos años varios empresarios arriesgaron su capital y su conocimiento para llevar el resultado de su trabajo a otras latitudes.
Por ejemplo, no es raro ver en las vitrinas de una importante cadena de almacenes en Londres, velas exóticas hechas en Colombia con las bases y ceras parafínicas que se producen en Ecopetrol.
“Todo comenzó una noche cualquiera. Hicimos con mi esposa unas velas muy rudimentarias en unos vasos de vidrio y de allí surgió la idea de aplicar un diseño único que nos diera la garantía de conquistar el mercado nacional”, cuenta con entusiasmo Luis Fernando Rojas, un empresario colombiano dueño de la empresa Velas Púrpura. Rojas, un joven escultor, inició su pequeña empresa hace más de cinco años y tras golpear muchas puertas en la industria nacional se dio cuenta de que su futuro estaba en la exportación. “Viajamos a promocionar el producto en ferias europeas y aunque fue difícil abrir puertas, una vez conocieron nuestros diseños los pedidos comenzaron a llegar”. Cada mes, en promedio, este empresario le compra a Ecopetrol la parafina que cuidadosamente derrite a más de cien grados centígrados y luego moldea con un estilo particular, secreto de su éxito en el extranjero. “El producto que nos vende Ecopetrol es absolutamente compacto, lo que nos garantiza una excelente definición de nuestras velas”. El servicio de Ecopetrol es muy bueno, anota Luis, al tiempo que señala con su dedo la parafina media que cada mes le llega empacada desde Barrancabermeja. No desperdicia nada de su producto, pues con los residuos que le quedan y un poco de aserrín hace una mezcla para fabricar leña para chimeneas, que ya se vende en los hipermercados.
Anualmente, Púrpura está vendiendo cerca de 72 mil velas colombianas a los mercados de Francia, Italia, España, Holanda, Portugal y Japón.
El éxito de esta empresa se debe al tesón y compromiso de sus 18 empleados, como lo explica Luis Rojas, pero también al aprovechamiento de las oportunidades del mercado y la asesoría técnica que le brinda Ecopetrol.
“Estamos cambiando para lograr que el cliente sienta que él es lo más importante y que existe una compañía como Ecopetrol que se transformó para respaldarlo, para ayudarlo a crecer y a que más empresas colombianas crezcan”, comenta Nelson Ávila, ejecutivo de cuentas de la Vicepresidencia de Suministro y Mercadeo de Ecopetrol S.A. En ese sentido, explica que en la nueva etapa de Ecopetrol, como empresa dedicada a sus negocios comerciales, el ejecutivo de cuentas debe detectar las falencias del mercado, para asegurar el producto y aumentar los controles de calidad y de esa forma asesorar mejor a sus clientes. “Ahora el equipo comercial conoce los procesos y atiende en forma personalizada al cliente. La respuesta es inmediata, porque el mercado competitivo no da espera”.

LA CONQUISTA DEL MERCADO

Al igual que Luis, otras personas forjaron su futuro con empeño y teniendo como proveedor de las materias primas a Ecopetrol hasta convertirse en grandes empresarios.
“Nosotros empezamos con las uñas y con el ánimo de ofrecerle al consumidor una alternativa distinta a las que ya existían en el mercado” dice Jaime Guerrero, gerente de Delta Oil, una compañía nacional en el mercado de aceites lubricantes y la quinta más importante después de las multinacionales.
Al lado de su esposa y con el apoyo de su familia, este ingeniero mecánico comenzó hace más de una década a incursionar en el mercado de los lubricantes produciendo la línea básica industrial. “El primer paso fue convencer a los clientes de que el aceite lubricante que nosotros producimos cumple con las mismas normas nacionales e internacionales de cualquier multinacional y que la materia prima procede de una fuente confiable: Ecopetrol”.
Con el paso de los años, Guerrero optimizó los productos y comenzó a producir lubricantes, aditivos y aceites blancos y solubles, con el fin de diversificar su portafolio y conquistar una mayor porción del mercado.
Su producto llega a diferentes regiones del país, especialmente a las áreas rurales en las que se ha convertido en un importante insumo para el sector agrícola, ya que es utilizado en los molinos, las guadañadoras y los motores fuera de borda de lanchas, entre otros. La empresa produce también aceites para los sectores cauchero, textil y del calzado.
“Estamos muy contentos con la transformación de Ecopetrol, porque se ha convertido en un asesor técnico indispensable para hacer mejor las cosas y vender un producto de mejor calidad”, anota Guerrero, mientras el distribuidor de su producto empaca varias cajas de aceite que tienen como destino el departamento de Boyacá.
Aceites, aditivos, velas, leña para chimeneas y muchos otros más derivados del petróleo, dejan su huella en Colombia y en el mundo, porque Ecopetrol sabe que el petróleo, más que crudo, es la puerta abierta a cientos de productos que circulan diariamente al servicio de la sociedad.

 

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