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Carta Petrolera
EDICIÓN 110 octubre - noviembre


 


HAGAN SUS APUESTAS

Desde que lo descubrió, el hombre se ha acercado cada vez más al petróleo. Dos simples hechos lo confirman: desde 1880 la producción de crudo ha aumentado 3.500 veces, y hoy en día un hogar en cualquier parte del mundo tiene innumerables elementos y productos provenientes del petróleo.
Sin embargo, el frenesí de precios, la coyuntura actual del mercado mundial y las apreciaciones de algunos expertos según las cuales las reservas actuales se acabarán en 2045, son factores que han puesto sobre el tapete un interrogante cada vez más latente: ¿está el petróleo cerca de alcanzar sus límites máximos de producción? El impacto de una pregunta de esta naturaleza hace pensar de inmediato en la dependencia que la sociedad tiene de los hidrocarburos. No es sino mencionar que más de 3 mil artículos de uso cotidiano provienen del petróleo (ver artículo “Canasta petrolera”) y que, de acuerdo con cifras y proyecciones de la Agencia Internacional de Energía (AIE), en el año 2000 el petróleo representó el 34,9% dentro de la canasta de energéticos primarios, seguido del carbón con 23,5% y el gas con 21,1%.

PROTAGONISTAS DE LA OFERTA

Por un momento, hay que analizar el tema de la oferta. Hoy por hoy el planeta cuenta con una producción cercana a los 84 millones de barriles por día. De este volumen, el 70% de barriles provienen de tres zonas: Oriente Medio, la antigua Unión Soviética y Estados Unidos.
El campeón en oferta es Rusia, que en 2003 destronó a Arabia Saudita como el mayor productor del mundo. Otros países clave son Venezuela, México y China, con un aporte significativo y un interesante potencial de crecimiento.
Ahora bien, de acuerdo con estimativos de la Cambridge Energy Research Agency (CERA), la capacidad actual de producción podrá incrementarse en 20,4 millones de barriles por día para el año 2010 gracias a los aportes de Oriente Medio (7 millones), la zona de la antigua Rusia (6,3), África (4,9) y el resto del mundo (2,2).
Desmenuzando las cifras, se observa que de este incremento en producción, 7,8 millones por día corresponderán a países no miembros de la OPEP, lo cual implicará una disminución de la influencia del cartel sobre los precios en los próximos años, de acuerdo con lo expresado por Ray Leonard, vicepresidente de Yukos, una de las principales petroleras rusas.
Sin embargo, a todas luces este incremento en la oferta resultará insuficiente para cubrir el creciente consumo de energéticos.

‘DRAGONES’ EN DEMANDA

Hay que analizar, entonces, la otra cara de la moneda: la demanda. Hoy en día el mundo consume 82 millones de barriles, pero en caso de mantenerse la tendencia que se ha mostrado en los últimos cuatro años, para 2020 habrá un consumo mundial de petróleo de 120 millones de barriles por día, jalonado por el crecimiento de China y Norteamérica, mercados en los que se esperan aumentos de 16 y 11 millones de barriles por día, respectivamente.
En el nuevo siglo, más de la mitad del aumento mundial de la demanda se explica por el crecimiento de China, en donde paulatinamente se han ido reemplazando las bicicletas por automóviles a razón de dos millones por año.
El principal factor que ha disparado la demanda es que el petróleo es en algunos mercados un producto barato, incluso más que el agua potable. En muchos países una botella de agua envasada es más económica que su equivalente de petróleo, gasolina o diesel, por lo que la mayoría de personas no se preocupan por el ahorro.

MENOS RESERVAS = CRUDO CARO

De los 1,04 billones de barriles de reservas de petróleo existentes en la actualidad, la región del Oriente Medio posee 683 mil millones, seguida de lejos por Latinoamérica con 95 mil millones. Sin embargo, el volumen de reservas no implica necesariamente que exista capacidad inmediata de producción. La razón es que esas reservas requieren sobre este de una infraestructura para ser desarrolladas.
Con base en una declinación de las reservas actuales del 5% anual, el Departamento de Energía de los Estados Unidos proyecta que las necesidades insatisfechas de crudo ascenderán a 40 millones de barriles por día en 2010. Y esto conduce a las preguntas de fondo: ¿dónde podremos encontrar ese faltante? ¿Por qué es tan difícil reemplazar las reservas que se producen? Para responder, es necesario tener en cuenta que el hallazgo de hidrocarburos es resultado de un juego de azar dividido en tres capítulos (ver recuadro).



Con las dificultades que implica encontrar grandes campos, los analistas confluyen en que el crudo fácil y barato de producir se encontró hasta el año 1960.
A partir de la década de los 70 ha sido necesario incorporar el uso de tecnologías como la sísmica 3D y la perforación en aguas profundas para la ubicación de reservorios de petróleo que cada vez son más esquivos de hallar y que, cuando aparecen, contienen reservas poco significativas en la mayoría de los casos.
Por esta razón, las compañías exploradoras se han adentrado en áreas más remotas e inhóspitas, como aguas marinas de profundidades superiores a 5 mil metros y las zonas polares, o en regiones antes vedadas a la exploración como Cuba.
Lograr el desarrollo de estas reservas implica en algunos casos inversiones superiores a los US$4 mil millones, representados en las plataformas marinas, oleoductos, pozos y facilidades de producción.

EL “OTRO” PETRÓLEO

De acuerdo con la AIE, existen 4,3 billones de barriles de petróleo en fuentes no convencionales (crudo extrapesado y arenas bituminosas), que se encuentran ubicados principalmente en Venezuela y Canadá. Para poner esta cifra en perspectiva se debe tener en cuenta que desde 1860 se ha producido en el mundo una cuarta parte de esa cantidad.
Por ejemplo, las arenas bituminosas canadienses ubicadas en la provincia de Alberta poseen 174 mil millones de barriles de petróleo, los que sumados a los crudos extrapesados ubicados en la faja del Orinoco en Venezuela representan reservas recuperables de 580 mil millones de barriles entre las dos naciones.
Según David Deming, profesor de geología y geofísica de la Universidad de Oklahoma, al nivel actual de consumo petrolero, el bitumen permitiría cubrir el consumo mundial por más de 500 años.
Sin embargo, si bien estos recursos son abundantes y han sido identificados, tienen el inconveniente de ser costosos de producir.
Por ejemplo, para extraer un barril de crudo bituminoso en la provincia de Alberta es necesario explotar las arenas superficiales en minas a “tajo abierto”. Es necesario procesar dos toneladas de arena para obtener un barril de petróleo.
En el proceso hay que cargar la arena en volquetas con capacidad de 350 toneladas, que la llevan a enormes lavadoras donde mediante solventes se extrae el betún o alquitrán, y luego se calientan y mezclan con hidrógeno y un catalizador para obtener crudo limpio y bajo en azufre, lo cual tiene un costo promedio de US$10 por barril.
Estos costos son altos cuando se comparan con el promedio mundial. De acuerdo con las cifras de PFC, el costo de hallazgo se ubica entre US$0,8 y US$5,3 por barril, con una media de US$1,8, mientras que el costo de desarrollo de las reservas oscila entre US$3,7 y US$11,3 por barril.
Sin embargo, con precios superiores a US$30 por barril, la extracción de crudos extrapesados se vuelve tan rentable que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, acaba de decidir un aumento en las regalías de los crudos de la faja del Orinoco, pasando de US$1 a US$16 por barril producido.

MÁS OPCIONES

Hace tiempo que se han desarrollado sustitutos para el petróleo y sus derivados, tanto para el uso industrial como para los combustibles utilizados en vehículos.
Existe un creciente rol del gas como energético sustituto, especialmente para la generación eléctrica, la industria y como combustible vehicular.
Los aceites vegetales y el alcohol carburante son dos ejemplos de sustitutos renovables para los hidrocarburos. Su problema es el costo de producción, muy elevado si se compara con el diesel o la gasolina. Se requeriría un consumo amplio que permita la generación de economías de escala para que resulten más económicos por galón que los combustibles. ¿Cuándo podrá ocurrir esto? Brasil es un ejemplo de la amplia utilización del alcohol carburante como combustible para vehículos, Argentina lo es para el gas natural vehicular y Europa para el biodiesel hecho a partir de sésamo e higuerilla, entre otros.


    AZAR Y ALGO MÁS
El primer turno del juego corresponde a su origen: el petróleo se formó hace millones de años a partir de animales y plantas que se quedaron enredados en el barro o arena y fueron descompuestos por la acción de microbios anaerobios. Durante miles de años las capas de sedimentos se acumularon sobre estos residuos, permitiendo que gracias a la acción de la presión y temperatura se completara el proceso. Sin embargo, para que se formara petróleo fue necesario que el sedimento sepultara al material orgánico en forma más rápida a la que podía descomponerse.
Una vez formado, el petróleo empezó a viajar hacia zonas de menor presión.
El segundo golpe de suerte consistió en que en su camino encontrara un receptáculo que poseyera un tapón impermeable de arcilla, esquistos o sal que atrapara el hidrocarburo.
El tercer golpe de suerte es más contemporáneo y depende de la habilidad de los técnicos para detectar la presencia de estos receptáculos, la posterior perforación de pozos que lleguen al reservorio y le permita al petróleo salir a la superficie.


LA CURVA HUBBERT

De acuerdo con algunos expertos, con el ritmo de consumo actual las reservas de petróleo se acabarán antes de 2045. Esto sin incluir el progresivo aumento de la demanda que no podrá ser compensada con sustitutos en el corto plazo, la declinación de la producción de los yacimientos existentes ni la oportunidad de encontrar nuevas reservas e incrementar el recobro de las existentes mediante nuevas tecnologías. La tendencia es el resultado de la dificultad para remplazar las reservas que se extraen. Según cifras de IHS Energy, a partir de la década de los 80 el reemplazo de reservas ha sido negativo, es decir, se consume más de lo que se descubre.
La cruda realidad es que por tratarse de una fuente de suministro no renovable, la tierra tiene un abastecimiento finito de petróleo que llegará a su cenit dentro de unos pocos años. La fecha exacta de ese momento nadie la conoce y ha sido objeto de discusión en los últimos años, especialmente luego de la publicación de la curva Hubbert por primera vez en 1982.
Al graficar la actividad de las 45 naciones con mayor producción de petróleo, y que representaban el 98,7% de la oferta mundial, 25 países han alcanzado su cenit en la producción en los últimos cinco años. Dentro de las diez naciones que alcanzaron su pico de producción en la década de los 70 se encuentran Estados Unidos, Libia y Venezuela. Hoy día, en Estados Unidos se produce menos de la mitad de lo que se obtuvo en su época de mayor apogeo.
Algo similar ocurre con los campos del norte de Alaska y del Mar del Norte de Europa. Por su parte, Arabia Saudita no ha encontrado un yacimiento de gran tamaño en décadas, y alcanzó su pico de producción en 1980, cuando produjo 9,95 millones de barriles de petróleo por día.


    EL FIN DEL PETRÓLEO BARATO
La principal razón para la fluctuación de los precios del petróleo obedece a la ley de la oferta y la demanda. Por tratarse de un energético no renovable, cuyo consumo se incrementa en momentos de crecimiento económico, la demanda presiona la oferta y sube los precios. La OPEP ha tenido tradicionalmente un fuerte impacto en el control de los precios, en razón a que se trata de un cartel que posee una capacidad remanente de reservas que puede poner en producción en momentos de mayor demanda, permitiendo una regulación de los precios.
Sin embargo, con el incremento de la demanda y los problemas que enfrentan países productores como Rusia o Irak se ha menguado la capacidad extra excedente que posee el cartel. Sumado al debilitamiento del dólar, moneda en la que se cotiza el crudo y se expresa el precio por barril, el aumento de los precios se ve difícil de revertir a menos que se encuentren volúmenes significativos de petróleo, aumente considerablemente la oferta de sustitutos como el gas y aceites vegetales o se reduzca la demanda de energéticos de forma importante. Algo improbable, especialmente considerando la declinación mundial de las reservas.
¿Quiere esto decir que estamos en los albores del fin del petróleo barato y nos veremos enfrentados a precios del petróleo por encima de US$50 por barril en los próximos años? De acuerdo con el análisis de la curva Hubbert la respuesta es sí. Sin embargo, si bien la llegada al cenit de producción es un hecho que deberá producirse en esta década o inicios de la siguiente en el mejor de los casos, al considerar la producción de sustitutos energéticos al petróleo como el gas, los aceites vegetales y el alcohol carburante y se modifique el balance energético mundial, dejaremos de ser tan dependientes del petróleo y tendremos precios que permitan cubrir los crecientes costos de extracción y hallazgo, posiblemente entre US$30 y 40 por barril. Hagan sus apuestas.



De acuerdo con la firma Douglas-West-Wood Ltd., “una vez que han pasado cinco años desde los que una nación ha alcanzado su cenit de producción, existen muy pocas probabilidades de poder reversar la declinación”.
Con base en lo anterior los expertos construyen diversos pronósticos en los que se predice: 1) el año en que la producción mundial alcanzará su cenit, 2) la tasa de declinación de la producción luego de esa fecha y 3) el incremento del factor de recobro último de los yacimientos como consecuencia del advenimiento de nuevas tecnologías. Esos pronósticos predicen el pico de producción entre 2006 y 2016.
En cualquiera de los escenarios planteados, se observa un cambio en la participación de crudos no convencionales y de los ubicados en áreas frontera y del gas natural licuado (GNL) dentro de la canasta mundial, en la medida que se agotan las fuentes tradicionales.
Es probable, así mismo, que los marcadores tradicionales como el WTI y el Brent desaparecerán para dar cabida a otros como el crudo bituminoso de Athabasca (CBA) o el crudo extrapesado de la faja del Orinoco (CEO).
De acuerdo con Colin Campbell, aun en el mejor de los casos los crudos de fuentes no convencionales tan sólo demorarán el advenimiento del cenit de la producción, así como amortiguarán la tasa de declinación mundial.
¿Debemos alarmarnos y esperar una crisis mundial por carencia de energéticos?
De acuerdo a Michael Fumento, académico del Hudson Institute, se trata de una alarma sin fundamento.
Según Fumento, si se repasa la historia se encuentran alarmas similares a la de hoy.
La Oficina de Minas del gobierno de Estados Unidos predijo en 1914 que las reservas petroleras de este país se acabarían en apenas una década.
En 1931 y de nuevo en 1959, el Departamento del Interior estimó que las reservas durarían sólo 13 años. En 1977, el presidente Jimmy Carter declaró que “podemos agotar todas las reservas probadas del mundo a fines de la próxima década”. El primer anuncio de que se agotarían las reservas petroleras fue hecho en 1855, cuatro años antes de que se perforara el primer pozo.


 

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